'El día de mañana': ¿quién es de verdad Justo Gil?

Mi familia siempre me ha hecho dos preguntas cuando he empezado una relación con alguien: “¿Es buena persona? ¿Te quiere?” Como si una cosa implicara la

Foto: 'El día de mañana'. (Movistar  )
'El día de mañana'. (Movistar )

Mi familia siempre me ha hecho dos preguntas cuando he empezado una relación con alguien: “¿Es buena persona? ¿Te quiere?” Como si una cosa implicara la otra, como si fueran causa y consecuencia o como si que yo quisiera estar con alguien dependiera de esos dos parámetros. Pensadlo, a las mujeres siempre nos han preguntado si él nos quiere y pocas si nosotras les queremos. Como si el hecho de que un hombre nos amara, lo que la sociedad entiende por amar de verdad, le otorgara ventaja sobre otro con el que tuviéramos intención de tener una relación. El deseo masculino por encima del nuestro. Siempre.

'El día de mañana', la serie que Mariano Barroso ha dirigido para Movistar + es un ensayo sobre el bien, el mal y el amor en tiempos de posguerra. Los personajes de esta historia, en donde los buenos no son tan buenos pero los malos son unos auténticos hijos de su padre, se preguntan quien es Justo Gil, a quien da vida el actor Oriol Pla. Nadie parece tener claro que pretende ni que hace en Barcelona ese chico que llegó del pueblo con su madre enferma y que ha acabado codeándose y cerrando negocios con los hijos de la burguesía mientras Franco no deja de recortar las libertades de la población. Es imposible no ver el paralelismo con Julian Sorel, el seminarista decidido a promocionar en la sociedad del S. XIX que Stendhal dibujó en su novela 'Rojo y Negro'. Sin embargo, 'El día de mañana' no está basada en el libro del escritor francés sino en el trabajo homónimo de Ignacio Martín de Pisón.

La clase social, el bien y el mal

Las mismas dudas sobre Justo Gil que tienen los peones a los que maneja para conseguir sus objetivos, son las que anoche, al terminar la serie, teníamos mi pareja y yo en el salón de mi casa. “¿Pero entonces es bueno o no?”, me preguntó. Y volví a recordar todas las veces que me habían planteado antes esa misma cuestión: “¿Es buena persona, hija?” Y aun no tengo claro que contestar, ni de Justo ni de las parejas que pasaron por mi vida. Cuando era joven mi concepción del bien y el mal era muy básica. Se correspondía con la visión cristiana que me habían enseñado en el colegio. Si cumplías con los mandamientos eras buena persona y si no, pues no. Era bastante simple.

Mariano Barroso, Orial Pla y Aura Garrido en el rodaje de 'El Día de Mañana'. (Movistar)
Mariano Barroso, Orial Pla y Aura Garrido en el rodaje de 'El Día de Mañana'. (Movistar)

A medida que fuí creciendo me hice sensible a los problemas derivados de la clase social y entonces ya no tenía tan claro que pudiera dilucidar a priori si una acción era buena o mala sin tener en cuenta el contexto. Matar, robar o extorsionar ya no me parecían acciones que condenar a la ligera: puedes acabar con la vida de alguien en defensa propia, robar para comer o buscar la manera de conseguir dinero para tratar una enfermedad incurable de un familiar, por ejemplo. He aprendido a entender la violencia como una herramienta de superviviencia y no solo para practicar el mal. Soy capaz de empatizar con quienes la ejercen para medrar si vienen de clases bajas. Si toda una sociedad se organiza de tal manera que disfraza de meritocracia un sistema basado los contactos y el género, es bastante ingenuo pretender que quienes están abocados a ser pisoteados se pasen la vida comportándose como cristianos ejemplares y sin molestar.

Justo Gil no estaba dispuesto a ser un don nadie y utilizó su inteligencia y su falta de ideología y principios para procurarse una vida interesante. No diré fácil, ni cómoda, porque siempre he tenido claro que es mucho más sencillo acomodarse que no hacer nada y conformarse con lo que a uno le ha tocado. Así que hasta a ser un cretino de este calibre le encuentro su parte emprendedora.

Justo Gil y las mujeres

Sin embargo, no todo es trepismo es Justo Gil. Es capaz de amar. Sus primeros escarceos con la ilegalidad llegan con la necesidad de conseguir dinero para curar a su madre enferma y después para mantener vivo el contacto con Carme Román (Aura Garrido). Las mujeres solo están en 'El día de mañana' para resaltar la parte emocional del protagonista y mostrar que un villano puede tener aristas inesperadas. Ellas son la excusa que le hacen movilizarse, cometer atrocidades y actos de amor verdadero. Como si Justo Gil se tomase al pie de la letra aquello de que en el amor y en la (pos)guerra todo vale.

El tratamiento tan básico de los personajes femeninos lleva a los correspondientes desnudos gratuitos

Desgraciadamente, este tratamiento tan básico de los personajes femeninos lleva a los correspondientes desnudos gratuitos. Saca especialmente de la ficción el de la actriz Diana Gómez que interpreta a Nita Castellnou, la hija de un empresario con quien pretende mantener una relación seria que le mantenga en un estatus social alto. Justo antes de tener sexo con el protagonista, descubre su busto y mantiene una conversación con él sentada sobre la cama con el pecho en cuadro. En la siguiente secuencia ella confiesa a la cámara que es un superdotado, aunque nunca vemos ninguno de sus atributos. Se me hace extraño que una serie que realiza un retrato tan minucioso de su personaje principal después sea parco a la hora de mostrarnos su físico desnudo, incluso habiendo diversas escenas de sexo y aludiendo a su potencia física pero, sin embargo, sí consideren que los planos de las actrices son imprescindibles.

Con todo y con ello, me parece la propuesta más interesante de la ficción que Movistar+ ha producido hasta ahora. La trama, la recreación de esa España asfixiante y carente de libertades, la química que se produce entre Aura Garrido y Oriol Pla y las irrupciones de personajes como el Comisario Landa, interpretado por Karra Lejalde, conforman seis capítulos con un ritmo trepidante y un guion emocionante. Se goza cada secuencia, porque entre las lineas escritas por Mariano Barroso y Alejandro Hernández se respira la profundidad de unos personajes que, como cualquier mortal, solo quiere sobrevivir a su tiempo.

Pero a lo que íbamos, que me lío. Entonces, ¿Justo Gil es bueno? ¿Realmente quería a Carme? Y a quién le importa eso.

Chanquete ha muerto
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