¿Qué fue de Íñigo Errejón?

No parece haber pasado limpiamente ni el éxito ni el fracaso que políticamente ha vivido, ni el crecimiento imparable de Podemos​ ni la decepción morada que dejaron las urnas

Foto: El diputado de Unidos Podemos, Íñigo Errejón. (EFE)
El diputado de Unidos Podemos, Íñigo Errejón. (EFE)

Vivimos en un país en el que resulta aceptable conversar y alzar la voz, incluso recomendable. Porque si no lo haces, si mantienes la calma en el tono, puedes hasta parecer sospechoso, poco convencido de lo que dices.

Quizá por eso, suele confundirse la moderación en las formas con la moderación ideológica. Es lo que sucedía con Errejón en sus apariciones públicas, todos los días en todos sitios, antes de la matanza de Vistalegre.

Durante aquella época, los sectores más templados, más urbanos y de mayor edad comenzaron a dejarse fascinar por una fantasía autoinducida. Allí estaba el bueno, era normal que fuese un poquito radical, son cosas que se curan con los años, el tiempo se encargará de ahormarle, seguramente desembocará en el PSOE, y eso estará bien.

Esa cadena de pensamiento mágico vino hilada desde el principio por eslabones tan invisibles y tan intangibles como los que llevan a una madre a decir a su hija “ese chico te conviene” cuando el chaval solo destaca en los campeonatos de onanismo.

Desconozco cuánto hay de intuición y cuánto de superstición en la imagen que el público fue construyéndose del personaje. Pero veo pereza en el dibujo, comodidad de televidente con sillón orejero.

Nadie puede sostener que Errejón sea más moderado ideológicamente que Iglesias. Pertenecen a escuelas de pensamiento diferentes que pudieron convivir pero que no deben compararse, ni mucho menos confundirse. La distancia que uno y otro mantienen hacia la socialdemocracia es equivalente, pero se mide desde continentes mentales tan distintos como lo son el populismo y el leninismo.

Queda la condición humana, cierto. Es verdad que Iglesias ha demostrado ser mucho más dogmático que su antiguo amigo, pero también parece probado que ninguno de los dos ha sobresalido por su madurez personal.

Suponiendo que llegase a estar interesado (que es mucho suponer), cuesta creer que Errejón esté a día de hoy equipado interiormente para emprender el tránsito hacia la socialdemocracia que le augura la izquierda biempensante.

¿Podrá estarlo? La cuestión no está tanto en todos los años que tiene por delante, como en lo que refleja su trayectoria. No es un niño. Con su edad, con los 30 ya cumplidos, no faltan hombres y mujeres capaces de reponerse al éxito y al fracaso, dos de las grandes pruebas a las que nos somete la vida. Él no parece haber pasado limpiamente ninguna de las dos que políticamente ha vivido, ni el crecimiento imparable de Podemos ni la decepción morada que dejaron las urnas.

Quizá necesite más tiempo para forjarse, podría ser. Todo ha venido pasando demasiado deprisa. El problema está en que su escenario ya no está marcado por la velocidad sino por una doble urgencia.

En primer lugar, la truculenta situación de Podemos, una organización en la que directamente ya no se reconocen sus fundadores. Aquello ya es otra cosa, tan distinta de lo que fue que hasta tendría que cambiar de nombre y llamarse Pecemos.

Quienes entregaron los mejores años de su vida al proyecto nacido del 15-M se preguntan cuántos años de vida le quedan a su partido. Viven con tristeza la forma en que los aprendices de las Juventudes Comunistas han copado todos los organigramas. Y sufren con desesperación ante el bajo nivel de los que están rompiendo el juguete. Ni siquiera son 'peceros' como los de antes, son de cuarto nivel. Dicen. Y desde fuera, así lo parecen.

En segundo lugar, la propia situación de Errejón. Su bajada a la competición por la Comunidad de Madrid, combinada con la tentación de seguir creyendo que su capital político personal seguirá intacto ocurra lo que ocurra. Un error de cálculo.

Un viejo amigo me contó una vez que cualquier político vale tanto como valen sus expectativas. Las de Íñigo valen menos que hace un año, menos que hace medio año, menos que hace tres meses, y previsiblemente menos como cartel de la comunidad que de la alcaldía de la capital.

Sin embargo, a pesar de todo, es probable que comience a frenarse la caída. Ya se sabe que los deméritos y los errores de los demás también puntúan. Nadie está siendo capaz de llenar el espacio que dejó. Nadie respeta a Espinar, todos se ríen de él.

¿Qué fue de Íñigo Errejón? Desde lejos parece que respira.

Deja que su silencio se escuche mientras suena la nueva versión del discurso apagado de Podemos, sin vibración. Permite que se le eche de menos

Respira. Deja que su silencio se escuche mientras suena la nueva versión del discurso apagado de Podemos, sin vibración. Permite que se le eche de menos. Sabe que son muchos los que no van a dejar de quererle.

Repliega lo que le queda. Absorbe el golpe de mano que ejecutaron Echenique y Garzón. Trata de recuperar la entereza. Intenta consolidarse en un territorio distinto. Arenas movedizas, políticas y emocionales.

Y, probablemente, rechaza el enigma, la pregunta terrible. Iglesias está respetando el pacto que asumieron tras la derrota de Vistalegre. Sigue sin apretar el gatillo. ¿Crueldad o clemencia?

Errejón está donde quiere Iglesias que esté. Dentro, porque Íñigo bajo otras siglas abriría una vía de agua que dejaría a Podemos por debajo de Izquierda Unida. Lejos, porque Pablo ha quedado recluido por quienes antes le rodearon de halagos. Ahora los que mandan son ellos, los nuevos burócratas del viejo comunismo.

Errejón está donde quiere Iglesias que esté. Dentro, porque Íñigo bajo otras siglas abriría una vía de agua que dejaría a Podemos por debajo de IU

Después de tanto tiempo, de tanta lucha infantil entre amigos, el resultado es que los dos han perdido su libertad, su autonomía. Cada uno desde su celda política ve pasar lo que pasa fuera, como los viejos que dedican la mañana a mirar las obras. Pequeños movimientos, distracciones menores: a ver si gana Sánchez y por lo menos nos divertimos un poco. Esas cosas.

Mientras tanto, entre quienes se llaman de izquierdas, sigue habiendo quien acaricia la idea de Errejón completando un camino improbable. Socialismo cosmopolita, correcto y cómodo. Acomodado. Como si fuese posible, como si la solución fuese esa y no la política de raíz humilde. Aravaca, Pozuelo, en lugar del barrio. Alucinante.

Crónicas desde el frente viral

Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
9 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios