Todos somos Amy Martin

"No sé qué es esta novela, pero es un artefacto que la literatura no había transitado", dice de su obra. En realidad, el artefacto es ella: Irene Zoe Alameda

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    "Mi vida no soy yo. La vida es publicidad engañosa". Ya nadie usa biografía, todos somos currículo. Eres lo que te inventas, lo que escribes sobre ti entre tus empleos y tu formación. La vida es publicidad engañosa también porque la humanidad se ha exprimido hasta hacer de ella zumo de espectáculo, con sabor a sorpresa y fantasía. Uno es un producto más y debe venderse como algo al margen de lo común, como una presencia irresistiblemente extraordinaria. Uno es su mejor anuncio. "Pruébame. Soy original, creativo y divertido, con un puntito sexy. ¡Un golpe refrescante para tu empresa y tu vida! Soy del sabor que te apetezca. Puro concentrado de 10% humano y 90% mentira".

    Hemos tomado la cita de uno de los mejores libros escritos y publicados en 2013, Técnicas de iluminación (Páginas de Espuma), de Eloy Tizón (Madrid, 1964). Escritor silencioso, meticuloso y escrupuloso. Hacía siete años que no publicaba un libro de relatos. Estaba en barbecho, porque escribe lento y sin metas. A las claras, es un escritor en el que el lector puede confiar. En palabras de Ricardo Menéndez Salmón, Tizón entiende la literatura como una asignatura existencial, sin ofrecer soluciones.

    Tizón es un autor sin prisa, que hace su camino de tortuga evitando alharacas y atajos al éxito. Es un escritor sin espectáculo, con biografía. En el anverso de la moneda literaria se encuentra Irene Zoe Alameda (Madrid, 1974), a la que ya no pueden llamar Amy Martin, porque ha dado santo entierro al personaje con el que cobró cerca de 60.000 euros en artículos para la Fundación Ideas, que dirigía su entonces marido, Carlos Mulas. España volvía a tener noticias del nepotismo con el que sólo aquí se sabe pagar a las carreras sin meritaje.

    A 3.000 por hora

    La herencia de un pasado de chuleo y derroche pagaba la pieza a 3.000 euros en el mismo momento en el que el negocio de la empresa periodística empezaba a hundirse. Incluso, los responsables del periódico de Jaume Roures, Público, le compraron -quién sabe si al mismo precio o con rebaja- una de sus reputadas opiniones a la "escritora y analista política" de ficción, Amy Martin. Coló entre las firmas de aquella izquierda intelectual un relato sobre Al Qaeda y el hambre en Somalia.   

    Irene Zoe Alameda es uno de los mejores productos que la sociedad del espectáculo ha engendrado en este país. Su propaganda es su mejor cualidad. Cuando Irene Zoe Alameda pasó a ser Amy Martin, y el juego literario se convirtió en tráfico de influencias con una fundación sostenida por el dinero público, vimos la mejor lección de ficción que había escrito hasta el momento: su destrucción como autora y heterónimo en los periódicos, saltando de las páginas de cultura a las de política y sellando la posibilidad de desandar el camino.

    Irene Zoe Alameda, durante la presentación de su novela. (Foto: E. Villarino)
    Irene Zoe Alameda, durante la presentación de su novela. (Foto: E. Villarino)

    Por eso su nuevo editor, Daniel Fernández, pide -en una nueva y sorprendente estrategia de promoción- que "leamos el libro y nos olvidemos de la autora". El curioso reclamo subraya que Irene Zoe Alameda está condenada a la extinción y que la novela -si tuviera algún valor literario- no tiene la culpa de quién la ha escrito. Olvidar para leer.

    La nueva Rayuela. Así lanza la editorial Edhasa WA. Últimos días de Warla Alkman a la mesa de novedades. Una contraportada de altitud que no está a la altura. Pero a la mercancía no le importa la verdad ni la mentira. El objetivo es la venta y cualquier estrategia está legitimada. Incluso, contratar una novela "de parodia policíaca" a una escritora que ha dejado de serlo para convertirse en personaje público. Ella quiere olvidar su biografía, recuperar su currículo de autora experimental y volver a las páginas de cultura; ellos, vender libros. Razonable. Pero imposible: el drama real de Irene Zoe Alameda se ha convertido en objetivo espectacular, en su mercancía. Sus libros ya no importan, pero es una autora de éxito. A su presentación fueron televisiones y periódicos.

    Una escritora vanguardista

    Ella aprovechó la ocasión y tiró de currículo, ya saben, la adaptación amable e inflada de la biografía. Empezó por sus logros: "Soy una escritora experimental. Invito a los jóvenes autores a innovar y a ampliar los horizontes literarios. Mi primera novela fue rompedora y abrí las puertas a una generación llamada 'Nocilla'. Gracias a Sueños itinerantes las editoriales se abrieron a los proyectos de aquellos autores". Excesivo. La reconstrucción del pasado propio conlleva la deformación del común: Agustín Fernández Mallo (A Coruña, 1967), fundador del grupo, ya había publicado un poemario y había sido premiado por su primera novela.

    'No sé qué es esta novela, pero es un artefacto distinto que la literatura no había transitado', dice. En realidad, el artefacto es Irene Zoe AlamedaPara Care Santos -crítica de El Cultural, que no acostumbra a tumbar libros-, aquella primera novela, publicada por Seix Barral, fue un intento fallido. Pedía a la autora "que innove, que neologice, que aporte algo a la literatura en lugar de hacer experimentos de dudoso gusto". Pero ahí no quedó la cosa y reclamó a la escritora novel que se moderara: "Un buen recorte le vendría de perlas a esta novela. Sin embargo, la desmesura en los narradores se cura con el tiempo". Diez años después, podemos asegurar que este no es el caso.

    Irene Zoe Alameda ya no es Amy Martin, pero es una escritora con futuro, según Irene Zoe Alameda. No sólo abrió -según su currículo- la puerta a la última generación literaria rupturista de este país, sino que, con su nueva entrega, ¡repite!: "Esta novela es una invitación a futuros escritores. Después de este libro muchos jóvenes autores van a poder hacer lo que las editoriales les han negado". Ahora habría que escribir aquí: OMG (y a un paso de WTF).

    Como verán, fue una velada difícil de olvidar. Y gracias a este artículo quedará archivada. Cualidades de la autora, según ella misma: "Si algo me caracteriza son mis diálogos. "Soy una escritora de diálogos". "Soy una experta en novela picaresca". "Me considero una narradora con tres vertientes: la académica, la literaria y la audiovisual. Todas confluyen en la narrativa. Por eso yo no voy a hablar ya de literatura, sino de narrativa, porque hay más que papel" (en el libro se incluyen códigos QR para ver vídeos con el móvil). "Los escritores tenemos dos caminos: seguir el mainstream o ser fieles a nuestra voz. Los mainstream han elegido las fórmulas y los otros ser ellos mismos. Yo soy de estos". "Vivo con una neurosis narrativa, hay algo por ahí dentro que está produciendo constantemente una ficción". Javier Marías, Dante y Cervantes, por este orden, son sus fuentes de inspiración.

    "Quería crear un mundo y ser la autora de todo". "No sé qué es esta novela, pero es un artefacto distinto que la literatura no había transitado". En realidad, el artefacto es Irene Zoe Alameda. En ese momento, su editor le interrumpe para preguntarle si se ha psicoanalizado. "La identidad no existe, siempre estamos en cambio", responde. Juan Cruz, presentador, insiste: quiere saber cómo explicarle a su hermana "de qué va esta novela".

    Tu currículo puede con todo, sobre todo si es publicidad engañosa. 

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