Un mito folk en apuros

Isabel Pantoja, del tópico a la cárcel

La tonadillera reúne tantos arquetipos del folklore español que parece un rol de ficción. Copla, folclóricas, ruedos y corrupción. Auge y caída de un mito pop cañí

Foto: Isabel Pantoja, folclórica de raza
Isabel Pantoja, folclórica de raza

Faltan estrellas pop en este país. Eso es así. Y cuando decimos estrellas pop, nos referimos a músicos con un éxito tan estratosférico que dejan de tener los pies en la tierra y convierten su vida en un carrusel de extravagancias. Artistas de los que nos mantienen entretenidos, vaya, que de eso va un poco todo esto. Y que arrastran una atención mediática exagerada. 

No es casualidad que nuestros divos pop más enfebrecidos sean aquellos que se han alejado de la tradición musical anglosajona para centrarse en palos más españoles o de tradición mediterránea: copla, canción ligera, pop aflamencado, canción romántica, etc.

En otras palabras: lo que hay en España no son tanto ídolos del pop o del rock como una variante cañí del asunto. Si hablamos de esa mezcla formada por divismo, histrionismo, popularidad e interpretaciones a flor de piel, ningún rockero español le llega a los tobillos a nuestros grandes baladistas románticos: Raphael, Julio Iglesias, Rocío Jurado o Isabel Pantoja, cada uno en su estilo personal e intransferible.

Si su figura se llega a crear en un laboratorio para condensar la esencia del kitsch español, no hubiera salido mejor. Pantoja como gran obra maestra del folk cañíToda buena estrella del pop tiene que estar rodeada de un aura de irrealidad, como si viniera de otro planeta. En ese sentido, la figura de Isabel Pantoja es modélica. La folclórica no sólo no parece de este mundo, sino que cualquiera diría que se trata de un personaje inventado, dada la acumulación de tópicos del folclore celtibérico que se acumulan en su biografía. Si su figura se llega a crear en un laboratorio para condensar la esencia del kitsch español, no hubiera salido mejor. Isabel Pantoja como gran obra maestra del folk cañí. Atentos a este repaso a sus hitos vitales:

1) Nace en el barrio de Triana. 2) Su padre era letrista de fandangos y su madre ex bailaora. 3) Empieza a cantar a los siete años en el cuadro flamenco de Chiquetete (su primo). 4) Al poco de debutar como solista, logra un hito histórico: resucitar comercial y culturalmente el género musical español por excelencia, la copla. 5) Se casa con el torero Paquirri en la basílica del Gran Poder de Sevilla.

6) Lola Flores, otra folclórica de armas tomar, echa una maldición a la pareja Pantoja/Paquirri (Nota: El torero salía con la hija de La Faraona, Lolita, cuando se lio con la Pantoja). 7) Paquirri muere de una cornada. Conmoción nacional. Lola Flores dice que no ha tenido nada que ver con la mala suerte del finado (los duelos de folclóricas son así). 8) Pantoja se convierte en la viuda de España. 9) Isabel sale del luto como solo una folclórica de raza sabe hacerlo: en tromba, agitando su bata de cola y por la puerta grande: su disco Marinero de luces, compuesto por un inspirado Perales e interpretado por una desatada Pantoja, rompe récords de ventas y sella su conversión en mito artístico.

Y aún estamos en 1985...

Pero lo mejor estaba por llegar. Si la primera parte de su biografía desafía todas las leyes de la verosimilitud celtibérica (folclórica de éxito vive tórrido romance con torero; torero muere en plaza de pueblo; folclórica supera el dolor con un disco donde realiza las interpretaciones más desgarradas de su carrera), la segunda parte es literalmente  inconcebible.

Marbella, con la ley o sin ella

Quizás recuerden ustedes el paso de Don Jesús Gil y Gil por la alcaldía de Marbella en los locos años noventa del milagro económico español. Si no lo recuerdan, pueden revisar ustedes los capítulos televisivos de Las noches de tal y tal, programa de culto que Tele5 le puso al regidor marbellí para que explicara a los españoles sus tareas de Gobierno.

El programa, que provocó daños neuronales irreparables a toda una generación, consistía básicamente en lo siguiente: Jesús Gil semidesnudo dentro de un jacuzzi, rodeado de espectaculares caribeñas en paños menores, disertando largo y tendido sobre la regeneración de la política española, sobre el peligro de los corruptos y sobre las bondades de la especulación inmobiliaria como fuente de riqueza propia y ajena. Y luego que si Pablo Iglesias es populista y tal y tal…

Pues bien, si creen ustedes que lo de Gil como alcalde de Marbella fue insuperable como ejemplo de kitsch celtibérico, es que no conocen la capacidad de la Pantoja para ir siempre un paso más allá en la materia.

Por si los marbellís no habían tenido suficientes dosis de histrionismo cañí con el paso por la alcaldía de un enajenado Gil y Gil, llegó Cachuli y fichó a la PantojaY es que, cuando hablamos ahora de la corrupción en Marbella, ya no nos referimos apenas a Gil y Gil, sino a Cachuli y Pantoja. En efecto, por si los marbellís no habían tenido suficientes dosis de histrionismo cañí con el paso por la alcaldía de un enajenado Gil y Gil, llegó Julián ‘Cachuli’ Muñoz, fichó a la Pantoja como imagen de la ciudad, se lío con ella, y la convirtió en primera dama. Y luego ya: a blanquear a blanquear que el mundo se va a acabar… O la irresistible mezcla entre alcalde cuñao, negocio inmobiliario boyante y folclórica con elevado tren de vida.

Conclusión: Si Isabel Pantoja fuera una película, acusaríamos a su guionista de haberse pasado veinte pueblos con las exageraciones. En efecto, no hay realidad que se resista a una folclórica española fuera de control.

Y ahora ya en serio: Isabel Pantoja es una joya semiótica nacional.  Métanla en la cárcel, si quieren, pero denle también una medalla por todo lo que ha hecho por el folclore celtibérico. Lo que es justo es justo.

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