El desencanto cultural que puede acabar con Podemos

De la movilización a la abstención. ¿Estamos ante un 'revival' del desencanto de la Transición que fulminó al PCE? Primeros signos culturales de hastío hacia el partido

Foto: Pablo Iglesias y El Coleta
Pablo Iglesias y El Coleta

Cada vez que ocurre algún siniestro inesperado, aparece un profeta con túnica al grito de: "OS LO DIJE". Sí, siempre hay iluminados que lo vieron venir, aunque las señales de que Podemos no iba a estar a la altura de sus expectativas electorales no llegaron al 'mainstream' con claridad. Entre otras cosas porque algunas de ellas eran subjetivas: señales en clave sobre imperceptibles cambios de humor culturales.   

El Coleta -rapero de Moratalaz que agita el hip hop español a golpe de macarrismo, costumbrismo, humor y política- lanzó una nueva (y tremenda) canción la misma semana en que fuimos a las urnas: 'Vota PDR'. Musicalmente es un rodillo: un homenaje quinqui a Chimo Bayo con la colaboración estelar del titán que ha puesto patas abajo el flamenco vía bombo bakaleta: El Niño de Elche. Y culturalmente tiene aún más miga como llamada -medio en broma, medio en serio- a la abstención y como burla sin cuartel hacia la política institucional: la canción pide votar al Partido de la Ruta del Bakalao y fantasea con un Congreso de los Diputados convertido en aquelarre 'ravero'.  

El desencanto cultural que puede acabar con Podemos

"Yo prefiero que gobierne Podemos al PP, pero ningún candidato ha cumplido sus promesas de campaña... Puedes elegir entre varias opciones pero, para mí, son todas iguales. Por eso el 26-J no voy a votar. Bueno, votaré al Partido de la Ruta", nos contó El Coleta sobre la canción.

De acuerdo, 'Vota PDR' es solo una provocación, pero como profecía cultural (voluntaria o involuntaria) no tiene precio. Una canción así no hubiera sido posible hace unos meses, cuando Podemos aún levantaba pasiones, movilizaba al personal sin esfuerzo y era respetado por el 'underground'. El Coleta anticipó simbólicamente lo que parecía imposible: que Podemos perdería más de un millón de votos y que, aún más difícil de creer, la mayoría de ellos se irían a la abstención.

[Podemos no logró movilizar a su votante tipo

Miedo al hastío

Hay tortas ahora en Podemos por ver a quién echar la culpa del porrazo, pero discuten en clave de luchas internas de poder (errejonistas versus pablistas), lo que distorsiona un debate que se reduce a si la confluencia con IU ha dado o quitado votos.

Jaime Miquel ha señalado 'errores de bulto' en la campaña de Podemos; por ejemplo, las loas a Zapatero

Ahora bien: ¿y si estamos ante un falso dilema que tapa la cuestión principal? ¿Y si no hay que elegir entre las banderas rojas de IU -volver al rollo identitario de izquierdas- y la moderación de Errejón porque ambas opciones son una M pinchada en un palo? ¿Y si basta con defender a saco lo público y a los castigados por la crisis sin banderitas rojas, pero también sin vaciados ideológicos?. Por no hablar de excusas como echar la culpa del resultado electoral al voto del miedo, cuando lo que ha ocurrido no es tanto que el PP y el PSOE hayan ganado muchos votos -unos pírricos nueve diputados más para el bipartidismo que en 2015; y 10,1 millones de votos menos que en 2008 (que se dice pronto)- como que el votante de Podemos se ha quedado en casa. Resumiendo: si los tuyos no te votan porque ya no eres una opción política 'sexy', tienes un problema que va más allá de que confluyas o dejes de confluir o de que la derecha vote o no vote.


Hipótesis: mucha gente empieza a estar hastiada del rollo moderado y tacticista de Podemos. Jaime Miquel, uno de los grandes gurús demoscópicos españoles, dijo durante la campaña que el 'sorpasso' se estaba tambaleando. No, no es que las encuestas se estuvieran haciendo mal, es que la campaña de Podemos estaba movilizando... al abstencionista. Al margen de lo cursi del eslogan 'La sonrisa de un país' -tan del PSOE de 1982 y tan fuera de lugar en la España achicharrada de la crisis- y de lo horripilantemente cursi de la carta electoral de la niña de Espinete, Miquel ha señalado varios "errores monumentales" de la campaña de Podemos; por ejemplo, las loas a Zapatero. En otras palabras: no es que las encuestas estuvieran mal, es que muchos de los que decían que iban a votar a Podemos se quedaron espantados en casa. 

'La perestroika de Felipe VI'.
'La perestroika de Felipe VI'.

Jaime Miquel, del que se ha hablado mucho estos días por haber vaticinado el batacazo de Podemos, publicó un imprescindible libro en 2015 para entender el terremoto político -crisis del bipartidismo y ascenso de la nueva política- que ha sacudido (y seguirá sacudiendo) España: 'La perestroika de Felipe VI'. No es el momento para resumir este ensayo, pero sí para señalar una de las ideas fuertes de este experto en demoscopia: si Podemos sigue subido a la ola 'antiestablishment' del 15-M, le irá bien; si Podemos se pone al lado del bipartidismo, en lugar de enfrente, le irá mal. De ahí que Miquel se llevara las manos a la cabeza cuando vio a Pablo Iglesias durante la campaña hablando maravillas de José Luis Rodríguez Zapatero. El mismo Zapatero que estaba en el poder cuando estalló el 15-M.  El mismo Zapatero que aprobó junto al PP la reforma constitucional del artículo 135. El mismo Zapatero que, en definitiva, metió uno de los mayores recortes a lo público de la historia

PD: el exceso de tacticismo de Podemos no es nuevo: eso mismo acabó pasando factura al PCE durante la Transición. Un PCE arrasado por, entre otras cosas, un fenómeno cultural clave para entender la época: el desencanto. Resumiendo: desencantados con la política quedaron tanto los militantes antifranquistas que querían ruptura y tuvieron democracia a medio gas como los afectados por la crisis que asoló España entre los setenta y los ochenta. Las analogías entre épocas históricas son resbaladizas, más aún hacerlas tras un resultado electoral que puede o no ser coyuntural (la situación política sigue siendo voluble), pero una cosa sí está clara: el desencanto/hastío hacia Podemos empieza a asomar la patita; y no va a desaparecer jugando a parecer más del PSOE que el PSOE. ¿Cuántos millones de votos más tiene que perder el bipartidismo para que quede claro que por ahí no? ¿Tiene algún sentido seguir rebajando el discurso cuando lo que triunfa ahora -de Europa a EEUU- son los partidos y movimientos 'antiestablishment'? ¿Sobrevivirá Podemos a sus fundadores? ¿Y sus fundadores a Podemos y a la siguiente ola social? ¿Colau o muerte?

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