Por qué Podemos está muerto

El gran revés de las elecciones generales les dirige a un lugar secundario en la política nacional de los próximos años. Podrían revertir la situación, pero es poco probable

Foto: Las caras de la noche del 26-J lo decían todo. (EFE)
Las caras de la noche del 26-J lo decían todo. (EFE)

Podemos está muerto como partido de mayorías. En estas elecciones no se jugaba solo la supervivencia del PSOE, que hubiera sufrido muchísimo en caso de haber quedado por detrás de los de Iglesias, sino el papel que Podemos iba a desempeñar en la política nacional de los próximos años. El fracaso de estas elecciones les arroja al lugar de una IU fuerte, muy lejos de ser esa fuerza determinante que decían ser (incluso el domingo por la noche, Errejón aseguraba que eran la formación que culturalmente rige España, algo que solo puedes afirmar si vives en otro mundo) y les coloca en el carril del declive. 

[Consulte aquí los resultados de las elecciones generales]

La versión dominante entre los simpatizantes de Podemos para explicar el revés es que la campaña ha sido un error. Demasiado corazón, excesivas sonrisas, una indefinición preocupante y poca solidez en general, y más aún en las propuestas.Y ciertamente, esto ha sido una equivocación, pero el problema mayor ha sido otro, producto tanto de una mala lectura de la realidad como de una excesiva confianza en sí mismos. Un entorno polarizado convenía especialmente al PP, porque le permitía insistir en el voto del miedo, ese que les facilitaba proponerse como un partido moderado frente a los excesos bolivarianos, y las encuestas ayudaron mucho en ese terreno, señalando insistentemente a Podemos como el segundo partido. Lo malo fue que en el cuartel general de Iglesias se creyeron las previsiones y montaron una campaña como si estuvieran en lo más alto. Cuando un partido tiene opciones de gobernar, la estrategia de no soliviantar a electorados diversos es beneficiosa, porque los tuyos votan instigados por la necesidad de cambio y los otros, si no les asustas mucho, acaban sumándose al carro ganador.

El triunfalismo de Podemos ha sido un instrumento útil para Rajoy que, una vez más, se ha limitado a invocar a los malos y a sentarse a recoger los réditos

El problema es que no eran el partido vencedor que vendían, pero ellos se lo creyeron. El resultado final no es la hostia que se han llevado, sino el modo en que han facilitado las cosas para que el PP tome tanta ventaja. El triunfalismo de Podemos ha sido un instrumento útil para Rajoy que, una vez más, se ha limitado a invocar a los malos y a sentarse a recoger los réditos. Como argumenté en 'Nosotros o el caos', la del miedo es una estrategia que llevan 14 años utilizando, y sorprende que Podemos haya caído de un modo tan simple en ella.

Una lectura irreal

El error mayor, desde luego, no es el de la campaña. Las sonrisas, los corazones, la patria y la liviandad son los síntomas de un modelo, y lo que estas elecciones han certificado es la muerte de ese modelo. No estamos ante una mala estrategia, sino ante una lectura irreal de la sociedad en la que vivimos. Podemos lo fio todo, en un primer instante, a la regeneración institucional, al hartazgo de la corrupción, a la honradez y a la apuesta por una mayor democracia, asuntos todos importantes, pero que ocupan un lugar secundario en la sociedad española (como los resultados demuestran). Ese discurso funcionó en los inicios porque Podemos se atrevió a decir algo evidente que todo el mundo político callaba, pero se trataba de un argumento fácilmente replicable. Y además acotaba un territorio en el que cualquiera podía entrar: Rivera se coló por la puerta que abrió Iglesias.

Sus argumentos eran particularmente débiles, y no es que no supieran hacer de la economía el centro de sus propuestas, es que ni siquiera lo intentaron

A pesar de eso, no quisieron cambiar mucho el paso, y todo lo más que propusieron fue convertirse en un nuevo PSOE. Error: los problemas actuales, los que están haciendo que los partidos extrasistémicos funcionen hoy en Europa, tienen que ver con un asunto central, lo material, mucho más que con la corrupción y con más democracia. La mayoría de las formaciones de derechas lo articulan mediante su oposición a la inmigración y la UE, pero el núcleo que da sentido al discurso es el descenso en el nivel de vida, las peores opciones vitales, los salarios menguantes y la inexistencia de empleo. Casi todos los cambios sociales en Occidente provienen de aquí y, en ese contexto, lo único que hizo Podemos es repetir eso de los derechos sociales que tanto hemos oído al PSOE. Sus argumentos eran particularmente débiles, y no es que no supieran hacer de la economía el centro de sus propuestas, es que ni siquiera lo intentaron. Prefirieron vivir en el mundo líquido en su convicción de que ellos sí conocían a la sociedad actual, no como los viejos comunistas.

Entendieron que una alianza con fuerzas progresistas nacionalistas era necesaria para crecer, recogiendo en otra parte lo que no supieron ganarse ellos mismos

Una objeción obvia es que si el modelo era tan malo, no podrían haber crecido hasta convertirse en el tercer partido. Pero tiene una respuesta evidente: el nivel de aceptación propio de Podemos no llega más allá de los 40 escaños, y todo lo demás viene sumado por sus aliados, las confluencias e IU. Una vez que fueron conscientes de que aquellas encuestas que en 2014 les daban como primera fuerza comenzaron a evaporarse, y cuando los resultados de las sucesivas elecciones les fueron golpeando, entendieron que una alianza con fuerzas progresistas nacionalistas era necesaria para crecer, recogiendo en otra parte lo que no habían sabido ganarse

Se convirtieron en una empresa moderna que se dedicaba a hacer 'joint ventures'. Cuando el 20-D vieron que la suma no daba, se decidieron a incorporar a un socio nuevo, IU. El problema es que ya no hay más socios que sumar a la lista y que las elecciones han demostrado que esa vía se ha atascado.

Están fuera

Así las cosas, Podemos ha quedado fuera, con un modelo muerto, que ni siquiera gusta a los suyos, y que se ha revelado ineficaz para lo que pretendían, ganar. Toca reflexionar y recomponerse. Pero eso tiene enormes dificultades. En primer lugar, porque tienen que ser conscientes de que están fuera, y de que si no realizan una nueva operación, similar a la que les trajo de la periferia de la política hasta el Parlamento, lo único que les queda es la decadencia.

La derecha europea está triunfando por hacerse atrevida, no por ser pacata

En segundo lugar, tienen que resituar sus mensajes alrededor de los problemas de la gente, ofreciendo soluciones de verdad, y no discursos tan amables como inútiles. La derecha europea está triunfando por hacerse atrevida, no por ser pacata. Tienen que dejarse del rollo activista, ese que les hace triunfar en Lavapiés y fracasar en los barrios obreros y en las provincias, y entender en qué sociedad viven, cuáles son los problemas de la gente común, ver quiénes han salido perdiendo en este cambio de sistema económico y cómo se puede modificar ese rumbo.

Ataques a la dirección

Es complicado que lo hagan. Si la victoria no es a menudo buena consejera para tomar decisiones, la derrota es mucho peor. Estos procesos disparan las tensiones internas, con los habituales reproches cruzados, y avivan las luchas por el poder. Además, es usual que cuando las organizaciones se ven obligadas a cambiar el paso por el fracaso, tomen aquellas decisiones que las llevan a hundirse aún más. Ambos elementos parecen presentes en Podemos, donde el liderazgo incuestionable de Iglesias lo es ya menos, dados los resultados, y donde las tensiones en un partido con numerosas tendencias internas y con puntos de unión débiles pueden llevarles a vivir más pendientes de lo de dentro que de lo que hay fuera. En ese contexto, las críticas se toman como ataques directos a la dirección (y a veces lo son y otras no) y el mundo pasa a dividirse en facciones. Todo tiende a verse como instrumental.

En la izquierda hay opciones, pero Podemos no ha sabido proponer ninguna: simplemente se ha limitado a recoger su herencia y pensar que funcionaría tal cual

Pero, siendo eso un obstáculo notable, el problema a resolver es otro y tiene que ver con una cuestión de fondo, la de cómo articular una propuesta de izquierdas en la Europa del siglo XXI. La derecha ha solucionado ese dilema por la vía del liberalismo, en cuanto a las formaciones institucionales, o por la del 'backlash' nacionalista, anti-UE y proteccionista. En la izquierda hay opciones, pero Podemos no ha sabido proponer ninguna: simplemente se ha limitado a coger su herencia y pensar que funcionaría tal cual. Han hablado  de la Transición, de poder constituyente, de 1982, de que la patria es el pueblo y de la plurinacionalidad de España, pero cuando han tenido que enfocar los asuntos materiales los han relegado a segundo plano, y los han analizado con la perspectiva, los instrumentos teóricos y los marcos políticos de 1970. Dicho de otra manera, con el trabajo y la economía les ha ocurrido como en sus mítines, que cuando tienen que pensar en el futuro acaban regresando al pasado, y eligen cerrarlos con 'L'Estaca' o con Quilapayún, las típicas opciones de mayorías populares. La economía y el trabajo son hoy el centro de las preocupaciones de unas sociedades en declive y se merecen una respuesta a la altura de los retos. Sin ella, a Podemos solo le queda ir desvaneciéndose.

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