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Marta Sánchez tiene el culo blanco. Por qué el himno de España no tiene arreglo

El españolismo está de moda, así que la letra de la cantante tiene todas las papeletas para calar a nivel popular en 2018, aunque dos siglos de maldición histórica no se zanjan así como así

Foto: Marta Sánchez, dejando el pabellón bien alto. (Montaje: Carmen Castellón)
Marta Sánchez, dejando el pabellón bien alto. (Montaje: Carmen Castellón)
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Cualquiera que haya pasado por un colegio los últimos 40 años y le haya pedido a los niños que canten el himno de España, habrá comprobado que la respuesta más habitual es: “FRANCO, FRANCO, QUE TIENE EL CULO BLANCO / PORQUE SU MUJER LO LAVA CON ARIEL”. En efecto, cuando un himno no tiene letra, pasa lo que pasa, que el vacío de poder lleva a la anarquía…

¿Puede la letra compuesta por Marta Sánchez y celebrada por Mariano Rajoy acabar con dos siglos de maldición? Sí y no.

Dado que la canción de Marta Sánchez solo ha sido celebrada por la derecha —la posición de la izquierda ha basculado entre la burla y el silencio—, podría deducirse que el himno español no tiene letra porque al progresismo le incomoda, pero esto es como decir que los homínidos siempre hemos sido bípedos, una visión coyuntural sin perspectiva histórica: la 'Marcha real' nació con fórceps, con pocas posibilidades de cuajar como himno de consenso, y ha sido boicoteada con igual intensidad por la derecha y por la izquierda durante su azarosa historia.

Sin letra y ligada a la monarquía, sospechosa de ser extranjera, nunca llegó a ser un verdadero himno nacional

En efecto, pese a funcionar como himno oficial de España desde el XIX, el siglo de la construcción de las naciones, la 'Marcha real' no caló desde el primer minuto: buena parte del país no se sentía representado por un tema impuesto desde arriba. "Bloqueada la oficialización del 'Himno de Riego' por sus connotaciones izquierdistas —como en Francia 'La Marsellesa', pero con una oposición conservadora más poderosa enfrente— y con notables complicaciones para hallar una fórmula que aunase popularidad y consenso, quedó el empleo oficial de la antigua 'Marcha de granaderos' (conocida como la 'Marcha real'). Sin letra y ligada a la monarquía, sospechosa de ser extranjera, nunca llegó a ser un verdadero himno nacional; pero servía como un acompañamiento muy digno para realzar las grandes ocasiones", cuentan Javier Moreno Luzón y Xosé M. Núñez Seixas en 'Los colores de la patria' (Tecnos, 2017), ensayo sobre los símbolos nacionales en la España contemporánea.

El himno tampoco entró con buen pie en el siglo XX. En 1906, en plena revuelta catalana, una ley (Ley de Jurisdicciones) castigó por primera vez las ofensas a los símbolos nacionales. Durante la tramitación parlamentaria, "nadie puso en duda la bandera rojigualda, pero hubo reservas respecto al himno, pues la 'Marcha real' seguía sin despertar acuerdos rotundos dentro del españolismo. Aunque los usos oficiales la habían convertido ya en la música más solemne y en un emblema de España en el exterior, resultaban evidentes tanto sus carencias nacionalistas como el rechazo que despertaba entre los republicanos. Periódicos dispares reclamaron un verdadero himno patriótico y popular", explica el libro.

El periodista republicano Alfredo Calderón lo explicó así ese año: "España está afónica". Y calificó la 'Marcha real' de "antipática melopea: chinca, chinda, tachinda, chinda, chinda", resumió. Calderón no lo sabía entonces, pero su "chinda, chinda, tachinda" acabaría siendo adoptado varias décadas después por los hinchas de la selección española de fútbol. Un pionero.

Lo español está de moda. Ágatha Ruiz de la Prada, en un desfile en Nueva York. (EFE)
Lo español está de moda. Ágatha Ruiz de la Prada, en un desfile en Nueva York. (EFE)

Alzad la frente, copón

El primer encargo oficial de una letra llegó durante la dictadura de Primo de Rivera, en "plena ola españolista", porque "a nadie se le escapaba que esta carencia afectaba de lleno a sus posibilidades como himno patriótico". Alfonso XIII le encargó la letra al escritor Eduardo Marquina. Pero el texto no gustó a los conservadores por su falta de guiños religiosos, y el propio monarca se desvinculó de Marquina y patrocinó de pronto una letra nueva compuesta por el escritor José María Pemán:

Viva España,
alzad la frente, hijos
del pueblo español,
que vuelve a resurgir.

Gloria a la Patria
que supo seguir,
sobre el azul del mar
el caminar del sol.

Con Franco esto sí pasaba

Tras el paréntesis de la II República —que cambió la bandera y adoptó el 'Himno de Riego' de manera oficiosa—, el franquismo intentó poner orden con el himno, pero lo único que consiguió fue aumentar la ceremonia de la confusión. El 'Cara al sol' se impuso por goleada a la 'Marcha real' en colegios y actos políticos. "El himno español reflotado por Franco, con la letra paraoficial compuesta por su ideólogo Pemán, nunca llegó a popularizarse", cuenta el libro. Así que proliferaron las versiones alternativas, como la compuesta por el sacerdote vasco Zacarías de Vizcarra, padre del concepto 'Hispanidad', que perpetró la siguiente coplilla (1939) en un arrebato:

Rindan armas, rodillas y banderas
Soberano honor
A Cristo Redentor
Cristo impera triunfante en nuestra Patria:
¡Viva Cristo Rey!
¡Su ley es nuestra ley!

En efecto, Marta Sánchez es una roja peligrosa comparada con Zacarías...

He aquí un aspecto musical del himno —que es una marcha militar— en el que no se suele reparar: es incantable

Pero ni Pemán ni Zacarías lograron que el franquismo se tomara en serio el himno español. "Frente a la extensión de la bandera nacional, todo apunta a que la(s) letra(s) de la 'Marcha real' siguieron adoleciendo de una clara falta de arraigo popular, incluso entre los sectores identificados con el régimen. Además de perjudicarle su tono grandilocuente, a la de Pemán le faltaba un estribillo pegadizo. En parte porque no era fácil acompasar un auténtico himno al ritmo de una marcha militar", concluye el libro. He aquí un aspecto musical del himno en el que no se suele reparar: es incantable (nota: meter mano pop a la 'Marcha real' es como manipular plutonio, por no hablar de la dificultad de actualizar himnos típicos del XIX sin caer en poéticas recargadas, estomagantes y cursis; digamos que Marta Sánchez ha hecho lo que ha podido con semejante melón...).

Alas de lino (blanco)

Lo crean o no, la letra de Pemán resucitó en los mítines de la UCD durante la Transición, generando no poca incomodidad a Adolfo Suárez, cuyos militantes no acababan de entender que cantar un himno asociado a la dictadura igual no era la mejor idea.

No obstante, el intento más serio por dotarnos de una letra en democracia lo protagonizó José María Aznar durante la deriva carpetovetónica de su segundo mandato. El presidente del Gobierno se lo encargó a un grupo de escritores e intelectuales (Luis Alberto de Cuenca y Jon Juaristi, entre otros) con el objeto de que su creación fuera objeto de debate parlamentario.

Canta, España,
Y al viento de los pueblos lanza tu cantar:
Hora es de recordar
Que alas de lino
Te abrieron camino
De un confín al otro del inmenso mar.

Patria mía
Que guardas la alegría de la antigua edad:
Florezca en tu heredad,
Al sol de Europa
Alzada la copa,
El árbol sagrado de la Libertad.

En efecto, los poetas cumplieron su cometido, pero Aznar se desentendió del resultado al no ver posible un acuerdo con la oposición. Juaristi explicó el fracaso en un artículo en 'ABC': "A los postres firmamos el texto y lo enviamos a José María Aznar, con la melancólica certeza de la inutilidad de nuestro esfuerzo. No estaba el patio para consensos poéticos".

Bandera gigante de España en Valdebebas. (EFE)
Bandera gigante de España en Valdebebas. (EFE)

Todos somos Marta

Resumiendo: el himno español parece no tener arreglo, pero aunque es casi imposible que la letra de Marta Sánchez se convierta en la oficial, sus posibilidades de cuajar a nivel popular son altas. Puede triunfar, sí, porque ha llegado en el momento oportuno y al lugar adecuado:

1) El españolismo está de moda.

2) Como el españolismo vende, surgen inevitablemente los intentos de rentabilizarlo, bien desde el sincero orgullo nacional, bien desde el oportunismo puro y duro. Todo ello con la lucha por la hegemonía de la derecha de fondo: no hay más que ver la loca carrera en Twitter entre Ciudadanos y el PP por ver quién era el primero en subirse al carro de Marta Sánchez (con Rajoy llegando el penúltimo y por los pelos). Es así: un giro españolista puede ahora mismo reflotar la carrera de cualquier folclórica, escritor o político por muy achicharrada que esté.

3) Desde hace ya varios años, vivimos (aquí y en todas partes) en plena trivialización simbólica de los iconos nacionales. O cuando la nación se convierte en objeto de consumo vía banderas y gorras compradas 'en el chino' para ir a ver el fútbol. Fenómeno pop que en el caso español ha tenido tanto de banalización como de normalización (y olvido del pasado franquista), y que vive ahora un reflujo polítizado al calor del quilombo catalán. Un contexto muy favorable para los gorgoritos patrióticos de Marta.

Otra cosa sería dilucidar por qué, cuando el movimiento político sensato quizá sea mirar hacia fuera —con una poscrisis global, con las entidades financieras transnacionales marcando el paso y con España rozando mínimos históricos en lo referente a autonomía económica—, hemos decidido (de España a Cataluña) mirar hacia dentro y apostarlo todo al debate identitario y a la explosión folclórica, como si bastara con envolverse en la bandera para no salir volando cuando llegue el próximo huracán. De ilusión y extravagancias también se vive. ¿Menos folclore y más 'hardcore'?

PD: Marta Sánchez ha contado a este periódico que se le ocurrió la letra del himno tras tener "una visión en Miami", lo cual sitúa su creación en territorio dadaísta 100% Julio Iglesias. Al hilo: ¿no sería maravilloso que el himno de España fuera el 'Quijote' de Yulio en lugar del tremendo baladón 'kitsch' compuesto por Marta Sánchez? Oigan, no hay color...

Ser bohemio, poeta y ser golfo me va.
Soy cantor de silencios que no vive en paz,
Que presume de ser español por donde va.

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