El postureo republicano de Elena Valenciano

O cómo engatusar al votante con cantos de sirena republicanos para hincar luego la rodilla al paso del Rey

Foto: El postureo republicano de Elena Valenciano
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    Imagine usted a un chaval que se pasa todo el día escuchando a Coldplay, viendo vídeos de Coldplay y dando la brasa con Coldplay. Y luego llega el día del concierto de Coldplay, dice que no va a verles porque son una mierda y llama indeseables a todos los fans de la banda. Y al día siguiente del bolo... vuelve otra vez a dar la brasa con Coldplay. Un enajenado, ¿verdad? Pues eso es un poco lo que le pasa al PSOE cuando está en campaña y habla de asuntos como la República o la relación Iglesia/Estado.

    "Vamos a romper el concordato con la Santa Sede", braman desde sus púlpitos electorales. O incluso realizan guiños tricolores a su parroquia: en la reciente campaña electoral a las elecciones europeas, Elena Valenciano lució pin con los colores de la bandera republicana. Pero, ay, fue llegar el fin de campaña y la abdicación del Rey y producirse el clásico cambio de humor socialista (léase giro de 360 grados): vivas desaforadas al monarca, genuflexiones triples, desprecio político a todo aquel que mente la República y, suponemos, carreras enloquecidas en Ferraz para enterrar en el sótano cualquier tipo de merchandising tricolor.

    Todo esto, por supuesto, tiene una explicación. El PSOE, como partido responsable, aboga por la estabilidad y el alineamiento sin fisuras con el Estado cuando vienen mal dadas (y ya puestos, también cuando vienen bien dadas). Lo que desde el otro lado de la trinchera se llama peloteo cortesano de toda la vida, vaya.

    Vamos a ver: está muy bien ser un partido monárquico pero ¿es absolutamente necesario que siempre que hay campaña aparezca algún dirigente del PSOE hablando con voz quebrada de la traición a la II República? Pues hombre, necesario sí es, al menos electoralmente: pues no han rascado votos así ni nada. De los mismos abuelillos que, ay, votan ahora en masa al chaval ese de la coleta.

    Conclusión: ser político progresista en este país es un chollo: no parece obligar a nada y encima quedas como dios. En una palabra: postureo.

    Así que, por una vez, cambiamos el nombre de esta sección: de El libro que nunca leerá Elena Valenciano a El libro que siempre leerá Elena Valenciano (aunque no le sirva de nada).

     

    El libro que nunca leerá...
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