mala fama

José Luis Pardo le gasta una inocentada a Podemos

En 'Estudios del malestar', el catedrático de Filosofía repasa los acontecimientos políticos fundamentales desde la Transición y ningunea la figura y el partido de Pablo Iglesias

Foto: El filósofo José Luis Pardo
El filósofo José Luis Pardo

Podemos no existe y Pablo Iglesias murió en 1925. Sin embargo, España está amenazada por el populismo, que tuitea mucho. Ernesto Laclau era un panoli y Michel Foucault lo vio todo venir. Además, las facultades de Filosofía van a cerrar, y casi mejor, porque están infestadas de comunistas.

Portada de 'Estudios del malestar'
Portada de 'Estudios del malestar'

Esto es un poco lo que nos dice Jose Luis Pardo en 'Estudios del malestar', un ensayo duro sobre soberanía, poder, derivas democráticas y, sobre todo, fantasmas. "Preveo que con este libro no voy a hacer muchos amigos", nos dice el autor en el prólogo.

Lo cierto es que no resulta éste el libro más accesible de José Luis Pardo, pensador crucial de nuestro país que tan amable y ligero se mostró en 'Esto no es música' o 'Nunca fue tan hermosa la basura', volumen donde se encuentra el análisis más deslumbrante que puede leerse sobre 'Bartleby el escribiente'. 'Estudios del malestar' se quita de encima el colorante cultural -literatura y música, mayormente- para traernos el blanco nuclear del pensamiento analítico, Kant como pedrada.

De los comunistas a Podemos

Ya saben que los libros de pensar están hechos con otros libros de pensar, y sus ideas se superponen como los carteles de los conciertos en los muros de una calle: al final uno no sabe quién toca mañana, si Hegel o Deleuze.

José Luis Pardo ha hecho un libro más inteligente que todos nosotros, por lo que no puedo hablar de él sin reconocer que tiene cincuenta páginas como poco que casi me dejan KO; concretamente, las dedicadas a Carl Schmitt.

Sin embargo, hay una línea de negación, refutación y hasta ninguneo en todo este volumen que he logrado seguir hasta el final: la que va de los comunistas a Podemos. En ella se repasa la historia de una supervivencia patética, de un cierto malabarismo político cada vez más hueco y que ha acabado resumido en un tuit.

Nos dice Pardo que el comunismo es sobre todo "un término propagandístico", o sea, nada entre dos platos, y que a lo largo de la historia ha ido buscando su sentido, que acabó siendo cambiar el mundo creado por el capitalismo, que también es otro "significante vacío".

Entre vaciedades tan desmandadas se mueve el comunista, que, cuando el Estado del bienestar convierte a los obreros en consumidores, y se queda sin masa social detrás, hace lo que Marcel Duchamp con su urinario: impugnar la totalidad del arte, de la política. Lo auténtico es tomar la calle, nos dice Pardo que nos dicen los neocomunistas; lo demás es toreo de salón. "El comunismo parece ser una fe que sus antiguos adeptos no están dispuestos a abandonar sin condenar a sus semejantes menos devotos a escuchar sus inconsolables trenos", sentencia.

No nombrar

Poco a poco, a lomos de Alain Badiou o Antonio Negri, vamos llegando al 15M y al malestar de nuestros días; es decir, a Podemos.

José Luis Pardo hace auténticas virguerías con su teclado para no citar nunca a Podemos (bien es verdad que también le cuesta nombrar a Zapatero -lo hace una vez- o al PP), pero en algunas páginas el lector tiene tan claro que habla de la organización de Iglesias 'et alia' que sólo puede maliciar una tirria galopante del catedrático contra este partido en concreto. Es como si Pardo estuviera comentando Al Rojo Vivo con la tele apagada.

"Se sentían, pues, llamados a repetir la experiencia política de sus padres (…) emprendiendo un proceso constituyente que garantizase la transición definitiva a una democracia auténtica, sin banqueros egoístas, sin políticos deshonestos, sin periodistas tramposos", escribe. Esto último había que hacerlo desde el espectáculo, pero, alecciona Pardo, "la política no siempre es divertida" y, en particular, "la gran política es la que se hace en el día a día grisáceo y descolorido". ¡Deja de darte besos, Pablo Iglesias!, o sea.

La fórmula Laclau

José Luis Pardo resume los tres simples pasos que, siguiendo a Ernesto Laclau y su libro 'La razón populista', han llevado a Podemos a ocupar asientos de primera fila en el espectáculo de la democracia (71 escaños).

Uno: crea un enemigo (el capitalismo: "no conviene precisar demasiado"); dos: haz muchos amigos ("promete cosas imposibles a sabiendas de que lo son"); y tres: mantén un discurso ambiguo ("significantes tan vacíos como para que quepan en ellos reivindicaciones que conceptual o discursivamente no podrían mantenerse juntas").

Y todo ello, reitero, sin citar a Podemos o a Pablo Iglesias ni una sola vez, broma o inocentada que pasa factura al propio libro, pues en algunas de sus páginas parece que el autor nos hablara 'sotto voce', en plan: tú-ya-sabes-a-quién-me-refiero, lo que añade a su discurso un eco, digamos, de maledicencia.

Esta profilaxis nominal, además, ayuda poco a conducirse por las páginas de un libro suficientemente complejo como para que se le borren al lector los referentes inmediatos de sus reflexiones, amén de que el futuro, quizá, pondrá a Podemos y a Pablo Iglesias en una nota al pie, como poco.

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