Temerario Nobel: demasiado pronto (Tokarczuk) y demasiado polémico (Handke)

La autora polaca es una desconocida en España; Handke arrastra la polémica de haber apoyado a Milosevic

Foto: Olga Tokarczuk y Peter Handke. (EFE)
Olga Tokarczuk y Peter Handke. (EFE)

En mi pueblo había una maestra que nos daba un capón cuando hacíamos algo mal. Sin embargo, miraba antes si era tu cumpleaños. Si era tu cumpleaños no te pegaba. Pero la siguiente vez que hacías algo mal, te pegaba dos veces. Un poco así ha sido lo del Nobel de Literatura de este año. Resulta que el año pasado no se entregó porque el jurado se portó mal. Como castigo, callamos. Pero ahora han concedido dos Nobel, dando a entender que tampoco fue para tanto. Al proponer un hueco en el palmarés, un vacío expiatorio, acertaron. Cuando uno repasa la lista de galardonados, y ve que no los hubo entre 1940 y 1943, entiende que ahí pasó algo grave. Cuando alguien en el futuro eche un ojo a la lista, percibirá en 2018 apenas una errata, un desliz, una cosita. Ah, deducirá, que entregaron los dos premios al año siguiente. Sería por ahorrar.

Todo el que da premios sabe que no hay mayor fracaso que la opción ex aequo. Dar un premio a dos personas, a dos películas, es humillar por partida doble. Sucedió con el premio Cervantes que recayó a la vez en Gerardo Diego y Jorge Luis Borges. Hizo infelices a los dos. Seguramente Borges está muy contento sin su Nobel si la otra opción era ganarlo con Julio Cortázar. El Nobel este año venía descafeinado ya sólo por su duplicidad. Con todo, tenía dos opciones: premiar a dos mujeres o premiar a un hombre y a una mujer. Premiar a dos hombres hubiera sido muy macarra.

[Olga Tokarczuk: los libros esenciales]

[Peter Handke: los libros esenciales]

Han premiado, como es lógico, a un escritor y a una escritora: Peter Handke y Olga Tokarczuk. Estoy seguro de que ambos, inmediatamente después de recibir la llamada, no han preguntado cuándo tenían que viajar a Estocolmo, sino quién era el otro. La compañía en la cima es mucho más importante que la cima misma. Imaginen que le hubieran dado este Nobel binario a Javier Marías y a Michel Houellebecq. Lo habrían rechazado los dos.

El Nobel de Literatura es una decisión de doce suecos sin más valor que la que podríamos tomar doce segovianos

No me cansaré de repetirles que el Nobel no significa nada, es una decisión de doce suecos sin más valor que la que podríamos tomar doce segovianos con alguna afición por la lectura. Para que Segovia desbanque a Suecia en esto de consagrar escritores sólo nos hace falta un empresario armamentístico avergonzado y un millón de euros cada año. En un par de décadas, todo el mundo estaría esperando una llamada desde lo de Cándido en el Azoguejo.

Galardonados

Sobre los galardonados pueden apuntarse varias cosas. Creo que el de Olga Tokarczuk es un Nobel apresurado y el de Handke, un Nobel polémico. Si Handke lo hubiera recibido en solitario, se hubiera armado buena. Otros premios al autor precipitaron protestas por su apoyo a Milosevic en las guerras yugoslavas. Ser prácticamente el único escritor pro-serbio del mundo no le va a salir gratis tampoco en esta ocasión.

A Olga Tokarczuk yo no la he leído; ni creo que casi nadie. El motivo: ha publicado sólo dos libros en nuestro país (según datos del ISBN): uno en 2001, 'Un lugar llamado antaño', (Lumen) y otro en 2016, 'Sobre los huesos de los muertos' (Siruela). Anagrama tenía programada su novela 'Los errantes' para principios de noviembre. Les ha tocado la lotería.

Olga Tokarczuk. (EFE)
Olga Tokarczuk. (EFE)

De Peter Handke hay más de cien libros publicados en España, la mayoría por Alianza; el primero de ellos llegó en 1975. Curiosamente, Olga Tokarczuk tiene el triple de seguidores en Goodreads que Handke, lo cual puede querer decir que Handke, a día de hoy, era un autor casi olvidado.

Yo lo he leído mucho, recaigo casi cada año en alguna de sus novelas breves, absolutamente extraordinarias. Lo que más me extraña es que haya cogido el teléfono. O que tenga siquiera teléfono. “Trasladarse con el sueño al interior de las cosas: ésta era desde hacía tiempo mi máxima al escribir: representarse los objetos que hay que apresar, de tal modo que parezca que los estoy viendo en sueños, con el convencimiento de que allí, y sólo allí, es donde aparecen en esencia”, leemos en 'La doctrina del Sainte-Victoire' (1980). Como ven, Handke no está para muchas discotecas, aunque diga, en el mismo libro: “Este ser danzante que andaba era yo-por-ejemplo”. Handke está directamente para la “salvación del espíritu”, en concordancia con una tradición literaria centroeuropea que en Austria, muy en concreto, ha dado en escritores singularme cerebrales y amargos, de Musil a Winkler, pasando por Bernhard o Jelinek.

Peter Handke. (EFE)
Peter Handke. (EFE)

No en vano, en su famoso libro 'La tarde de un escritor' (1987), se retrataba la vanidad de los José Saramago del mundillo con esta anécdota: “En una ocasión fue testigo de la agonía de otro escritor y vio cómo hasta en sus últimos momentos éste estuvo más ocupado en leer el apartado de cultura de los periódicos que en cualquier otra cosa”, y hasta se dejaba caer un propósito muy firme: “Nunca más apoyaría ese círculo vicioso de clasificaciones y enjuiciamientos que, en definitiva, no respondían más que al juego de servirse de unos para atacar a otros.” Supongo que a estas horas ya habrá gente pidiendo que se retire el premio Nobel para Peter Handke; lo lógico en realidad sería que Peter Handke lo rechazara.

Ya habrá gente pidiendo que se retire el premio Nobel para Peter Handke; lo lógico en realidad sería que Peter Handke lo rechazara

Handke, con todo y su complejidad, llegó incluso a ser un escritor popular. Sus colaboraciones en Win Wenders ('El cielo sobre Berlín', sin ir más lejos) pusieron su nombre en el escaparate. Luego, libro a libro y misantropía mediante (por no hablar de Milosevic), se fue quedando para la última balda. Es un autor difícil, pero con una forma de titular hasta graciosa: 'El miedo del portero al penalti', 'Ensayo sobe el loco de las setas', 'El chino del dolor' o 'Ensayo sobre el juke-box'. Estos dos últimos libros son prácticamente ilegibles, por cierto.

Su gran libro a mi juicio es 'Carta breve para un largo adió's (1972), una historia de amor desquiciado donde leemos: “... Judith quería matarme. No creía que lo hiciera, pero únicamente el hecho de que tuviera la intención me hizo sentirme casi orgulloso de mí. Pensé que, al menos ahora, no podía pasarme ninguna otra cosa; la amenaza me parecía una protección contra otros peligros y accidentes.”

Después del Nobel, es probable que a Handke no le pase tampoco ya ninguna otra cosa.

Mala Fama
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