¿Tú luchas contra el cambio climático? Yo lucho por llegar a fin de mes

La cumbre por el clima ya lleva unos días celebrándose en Madrid y con ella han aterrizado los debates sobre la responsabilidad individual frente al deterioro del planeta

Foto: Greta Thunberg, a su llegada a Lisboa para participar en la cumbre climática. (Reuters)
Greta Thunberg, a su llegada a Lisboa para participar en la cumbre climática. (Reuters)
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El otro día mi novia se volvió loca. Eran como las 10 de la noche. Empezó a hablarme de bolsas de plástico. Yo no le hacía mucho caso. ¿Quién puede hacer caso a alguien que habla sobre bolsas de plástico? Que por qué no llevaba yo al súper la bolsa de plástico, que estaba harta de encontrarse bolsas de plástico por toda la casa. Vi que la cosa iba en serio. Madre mía, dije, ¿qué cojones te pasa con las bolsas de plástico? ¡Está todo lleno de putas bolsas de plástico, coge una cuando vayas al Mercadona y no compres más bolsas de plástico! ¿Por qué? ¡Porque no nos hacen ninguna falta, joder! ¿Es por el cambio climático, cariño? ¡Sí, cariño!

Lo que pensé a continuación les sorprenderá: ¿cuándo hemos pasado en esta casa de luchar contra el heteropatriarcado a luchar contra el cambio climático? Es lo que pensé, para qué se lo voy a negar a estas alturas. Y pensé más: ¿eso quiere decir que hemos derrotado ya al heteropatriarcado?, ¿cómo no avisan? ¿El heteropatriarcado está 'old fashion'? ¿Aquella lucha mundial y titánica ya no mola porque ahora solo mola la lucha titánica y mundial contra el cambio climático? ¿No hay ni un momento de descanso? Y así se lo dije a mi novia: oye, en esta casa hemos derrotado al heteropatriarcado ¿y ni se celebra?

La verdad es que la escena no fue exactamente así. En mi casa no nos llamamos 'cariño'. Todo lo demás fue exactamente así.

[Greta Thunberg: una historia de terror]

De modo que me puse a luchar contra mi novia luchando contra el cambio climático. Primero le recordé algunos datos fundamentales sobre nuestro batallar nada militante, pero muy eficaz, contra el cambio climático. 1) No tenemos piscina. 2) No tenemos coche. 3) No tenemos casa propia. 4) Yo no tengo 'smartphone'. 5) Llevamos cuatro años sin subirnos a un avión. 6) Nadie podría demostrar que no hayamos reciclado correctamente la basura hasta ahora. 7) Apenas compramos ropa. 8) El 90% de toda la ropa de nuestros hijos es prestada. 9) Solo utilizamos el transporte público. Y 10) ¡nuestra lavadora tiene una A con tres crucecitas! ¿Qué más se nos puede pedir, por el amor de Dios?

¿Realmente necesitamos una tensión añadida a nuestro extenuante hogar (dos hijos pequeños) por las puñeteras bolsas de plástico?

Dicho lo cual, me vi obligado a preguntarle: ¿realmente nos toca a nosotros luchar contra el cambio climático? ¿Realmente somos nosotros los que necesitamos una tensión añadida a nuestro extenuante hogar (dos hijos pequeños) que derive en micro-conflictos como este de las puñeteras bolsas de plástico? ¡No estoy dispuesto!, me planté. ¡En esta casa no se lucha más contra el cambio climático!, ha dicho padre. Aquí solo luchamos por llegar a fin de mes. Estaré en primera línea contra el cambio climático cuando tengamos piscina, Range Rover, iPhones para todos, cuatro billetes de avión a Berlín y Scalpers entero (otoño/invierno) en mi armario. Hasta entonces, y como dice la canción, 'count me out!'.

Mi novia sigue luchando contra el cambio climático. Yo no. Hay días en los que, de hecho, estoy a favor del cambio climático. Quiero decir, a favor de la extinción del planeta. Es una idea que me relaja. La extinción del planeta Tierra. Una cosa menos de la que preocuparse, amigos.

COP25

Me he acordado de esta discusión familiar supernumeraria ahora que tenemos la COP25 en Madrid. Lo primero que ha hecho la COP25 en Madrid ha sido esclavizar a 400 personas en apenas 24 horas, trata contemporánea que desde Barcelona 92 se conoce como 'voluntariado'. A lo mejor otro día les hago el artículo de cómo hay gilipollas que trabajan sin cobrar porque les parece bonito ser voluntario: 87 millones de euros se ha gastado el Gobierno de España en la COP25, y no tenía 160.000 euros para darles a 400 chavales, pongamos, 400 eurillos. Madre de Dios.

A la COP25 vienen todos y Greta Thunberg. Es curioso que la activista más conocida del mundo contra el cambio climático no sea, de hecho, voluntaria. Uno es voluntario cuando se deja explotar, pero solo es activista cuando cobra. No sé si se han dado cuenta. Yo sí.

El caso es que el cambio climático está de moda. Yo, que he vivido la moda del agujero en la capa de ozono (¿alguien sabe qué pasó con el agujero y, mayormente, con el ozono?), debo reconocer que duermo muy tranquilo por las noches mientras el planeta se dirige hacia su destrucción total. Lo siento: duermo por las noches arrullado por mil problemas personales y ninguno es el cambio climático. En cierta medida, les envidio. Envidio que ustedes tengan tiempo de salvar un planeta mientras yo apenas puedo salvar como habrán visto mi matrimonio.

Lo que más me emociona de toda esta lucha que ustedes, mi novia y el teleñeco diabólico Greta están cargando sobre sus espaldas es lo de los jóvenes, los adolescentes. Lo digo en serio: me conmueve hasta las lágrimas ver a chicos de 15 años concienciados sobre el apocalipsis termómetro que se nos viene encima y comprometiéndose de corazón para hacerle frente.

¿Estarían dispuestos los chavales españoles de entre 12/14 y 18 años a entregar a sus padres su teléfono móvil?

Lo que no acabo de entender es por qué estos chicos tienen todos teléfono móvil. De hecho, no entiendo cómo, entre las propuestas y campañas que sin duda han protagonizado estos adolescentes, no hay una, y muy firme, sobre dejar de usar teléfono móvil antes de los 18 años. Ya saben que yo no sé ni de lo que hablo, pero que varios millones de personas en el mundo occidental renunciaran al teléfono móvil tendría sin duda un impacto serio en cuanto a consumo eléctrico, generación de basura plástica o ahorro de materiales. Por no hablar de las dificultades sobrevenidas para arruinarles la vida a los demás chavales vía 'bullying' o para ser acosado por un adulto que supondría que nadie menor de 18 años tuviera móvil.

¿Estarían dispuestos los chavales españoles de entre 12/14 y 18 años a entregar a sus padres su teléfono móvil y a no volver a usar uno hasta que tuvieran 19? Seguro que sí: están superconcienciados. ¿O creen ustedes que estos muchachos se iban a aferrar a sus teléfonos móviles con uñas y dientes y los ojos ensangrentados en lugar de contribuir a un planeta mucho más limpio, solo que sin Instagram? Qué va, hombre, qué va. Seguro que se lo tomaban muy bien.

Mala Fama
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