'El día de la bestia': cuando en Madrid se fusilaba a los Reyes Magos

Se cumplen 25 años de la película de Álex de la Iglesia que retrató los 90

Foto: Santiago Segura en 'El día de la bestia', de Álex de la Iglesia. (Sogepaq)
Santiago Segura en 'El día de la bestia', de Álex de la Iglesia. (Sogepaq)

Me cuesta mucho exagerar mi tristeza por la paralización cultural del país en estos días cuando hace unos pocos meses yo mismo deseé justamente eso desde esta columna. ¿Y si paramos la Cultura durante un año?, les proponía yo en aquella pieza premonitoria. Soñaba uno con que no hubiera tantas novedades de todo, tantos libros y películas nuevos, para así tranquilizar el alma y darse a la Cultura con puntería de heroinómano. Ahora vivimos esa distopía, una Cultura sin aditivos, sin edulcorantes, sin anabolizantes promocionales, quieta en mármol. Es triste, sí, pero es.

No sé a ustedes, pero a mí la nostalgia me ha venido a ver y no paro de pensar en tiempos pasados y mejores, y de ver películas que me los recuerden. Me vi el primer Tarantino y me vi a mí mismo en los cines perfumados de los años 90 en Madrid, cuando era la capital del mal y yo, como cualquier joven, fui malvado. La juventud una cosa que tiene es que se falsifica con facilidad, y todos estuvimos donde había que estar e hicimos lo que había que hacer en aquellos años en los que a lo mejor ni salimos de casa.

De Tarantino pasé a otras sangres y satanes, y así me di de bruces con 'El día de la bestia' (1995), segundo largometraje de Álex de la Iglesia. Después de verla, entré en Imdb y desplegué las conexiones fatales del presente, dónde estaban unos y otros, dónde tú mismo, pandémico y celeste. Habían pasado veinticinco plateados años desde su estreno, y ya podía uno entender por completo a Jaime Gil de Biedma: "Ahora que de casi todo hace ya veinte años...".

Aniversario

'El día de la bestia' fue un acontecimiento cultural y, transcurrido un cuarto de siglo, todo en la película significa vida. Que la cultura se convierta en vida con el paso del tiempo es -se me acaba de ocurrir- el arte mismo.

Porque 'El día de la bestia' presenta, de primeras, una loca historia de cura buscando el pesebre donde nacerá el Anticristo en Madrid, y aliándose con un melenudo de Carabanchel para cometer infanticidio 'ad portas' y librar al mundo del Maligno. La peripecia es sucia y ensangrentada, llena de humor, tiroteos, ansiedad y precipitación. Todo son prisas en ella, emergencia, y uno no se puede creer lo interesante que resulta el apocalipsis.

No todo el mundo, como Álex de la Iglesia, puede firmar una ciudad sin traicionarla

Pero, detrás de la trama y los diálogos incendiarios, y de los golpes y codazos y tiros y patadas como nunca antes se habían filmado en toda la historia del cine español, está la década de los noventa siendo juzgada, registrada e interpretada. El día de la bestia habla, sobre todo, de unos años concretos y olvidados, de sus miedos y sus fatalidades, de lo que era un país en el último callejón del siglo.

No todo el mundo sabe filmar una ciudad sin traicionarla. Madrid la han filmado bien Almodóvar, Aménabar en 'Abre los ojos' y Álex de la Iglesia, por ceñirnos a cineastas en activo. Basta ver 'Truman', de Cesc Gay, para comprobar cómo puedes humillar a una ciudad: haciendo que parezca Barcelona. El día de la bestia no retrata un Madrid que parezca Nueva York, como se suele decir, sino un Madrid en el que parece que pasan cosas grandes. Los vertiginosos planos de la Gran Vía y el luminoso de Schweppes son fruto de un contar monumental, pues aquí no hablamos de dos amigos que toman café y se enamoran de la misma chica, sino del nacimiento de Satanás y el fin del mundo. Así es como la ciudad se vuelve grande, contando grandes historias en ella.

Pero también se cuenta una ciudad y una época en el plano corto, la menudencia y el detalle. 'El día de la bestia' nos devuelve los mimos, los repartidores de propaganda, las obras del alcalde Álvarez del Manzano; una simple entrada de Metro, el horror navideño, letreros de bares y tiendas cuando eran bares y tiendas, y no charcuterías resignificadas donde solo se sirven cereales o helados.

De la FNAC a La Central

Hay una escena donde el cura, Álex Angulo, va a comprar un libro. Acude a la Fnac. Para el espectador joven, se trata de una librería cualquiera de la época. Lo cierto es que la Fnac acababa de abrirse, y era el no va más de la modernidad, la moqueta y los cedés a precio rebajado. ¿Quién no se enamoró de sí mismo las primeras cuatro veces que entró en la Fnac y vio pulular entre estanterías a jovencitos con chaleco verde? Hasta para robar libros se prefería la Fnac. Hoy, amigos, la Fnac no mola nada y esa escena se hubiera filmado en La Central.

Durante cinco segundos, además, en esa secuencia aparece un secundario que abre y cierra una puerta. Antonio de la Torre necesitó que le cayera el tiempo encima, y le hiciera mella y desdén para acabar protagonizando hoy la mitad del cine español que vale la pena.

El Anticristo ha elegido Madrid para nacer y no la ciudad habitual de todas las invasiones extraterrestres (Nueva York, claro)

La trama de la película juega constantemente a incorporar a la andadura de sus protagonistas todo aquello que en los 90 era noticia de primera plana, de modo que “demoniza”, en todo sentido, la época. Así, los ataques a mendigos e inmigrantes por parte de los 'skin heads' aparecen aquí y allá y acaban siendo fundamentales en el desenlace. Las Torres Kío, singularmente, se vuelven símbolo exacto de la venida del Demonio, cuando en los 90 representaban el capitalismo triunfal elevándose, muy modestamente, eso sí, en la ciudad. De hecho, llega a explicarse que el Anticristo ha elegido Madrid para nacer y no la ciudad habitual de todas las invasiones extraterrestres y todos los advenimientos incomparables (Nueva York, claro) porque en ella no dejan de producirse hechos horripilantes, como robó de bebés, profanación de tumbas, proliferación de curanderos y adivinos, y asesinatos. A lo que hay que sumar el toque almodovariano de las pensiones y los guardias civiles y el cutrerío televisivo.

Si 'Acción mutante' nos dejó una descripción insuperable de la sociedad española ("Todo el mundo es tonto o moderno"), El día de la bestia tiene su propia divisa memorable, que casi parece redimirnos de la anterior: "¿Tú eres satánico?" "Sí; y de Carabanchel".

Mala Fama
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