Pablo Iglesias vuelve a Vallecas: Madrid será la tumba del aburrimiento
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Alberto Olmos

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Pablo Iglesias vuelve a Vallecas: Madrid será la tumba del aburrimiento

El salto del líder de Podemos a las elecciones de la Comunidad de Madrid delata tanto su arrojo electoral como su dejadez ejecutiva

Foto: Pablo Iglesias en el vídeo en el que anunció que dejaba la Vicepresidencia del Gobierno y se presentaba a las elecciones madrileñas. (EFE)
Pablo Iglesias en el vídeo en el que anunció que dejaba la Vicepresidencia del Gobierno y se presentaba a las elecciones madrileñas. (EFE)
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No cabe duda de que desde la vicepresidencia social de un país no se puede hacer nada por la gente. Hay que aspirar a más. Hay que ir a Vallecas. Pablo Iglesias regresa al barrio como diputado de la Asamblea de Madrid, sita en aquella esquina de la ciudad. Lo hará para dar a la gente lo mejor de sí mismo: un mes y medio de propaganda, puñito al corazón y bolígrafo Bic. Pablo Iglesias es más útil en Vallecas porque allí se llega después de votar, y si no puedes votar a Pablo Iglesias no merece la pena que se celebren elecciones. Mejorar la vida de la gente era eso, darles comicios emocionantes.

Lo cierto es que a Pablo Iglesias no le gustan los cargos, le gustas las elecciones. En eso no puede diferenciarse más de Pedro Sánchez, que con ser presidente de España se conforma. Pablo Iglesias tiene una mayor ambición, quiere ser tu quehacer de un martes de mayo, lo que toques y lleves y metas, lo que confieses en el bar, el nombre que salga de tu boca esa jornada. Es más feliz Pablo Iglesias durante cuatro semanas de pasión que Pedro Sánchez durante cuatro años de Falcon. Pedro Sánchez nunca ha visto su cara en una papeleta, no sabe nada de lo bueno de verdad.

Es más feliz Iglesias en cuatro semanas de pasión que Sánchez durante cuatro años de Falcon

Algo había que hacer. Podemos, fundado en Madrid, se iba a quedar fuera de la Asamblea de su propia Comunidad porque a Isa Serra, de poder presentarse, no la iba a votar ni el que la retuitea. Cualquier otro candidato además nos iba a parecer, mendigando su 5%, un alumno llorón que de tanto soñar con el aprobado suspende por mezquino. Sonó, sonaba Alberto Garzón el pasado fin de semana como posible revulsivo, y no era mala idea porque Garzón, incomprensiblemente, siempre le ha parecido al Madrid de izquierdas un tipo de izquierdas. Sin embargo (hipótesis), Garzón estaba muy a gusto de ministro de etiquetas de jamón e impuestos a los dónuts, y verse ahora colgando de las farolas de la Calle de Toledo como los propios jamones le parecía demasiado irónico: ¡de ministro de Consumo a producto! Entonces (seguimos con la hipótesis), Pablo Iglesias, aprovechando que no había cámaras ni, seguramente, feministas delante, dijo, diría: “Me presento yo, con dos cojones”. Y así fue la cosa. Con dos cojones.

Foto: El candidato a las elecciones de Madrid, Pablo Iglesias. (EFE) Opinión

A Pablo Iglesias, como a ese personaje de 'La chaqueta metálica', hay que estar tirándole bombas durante el resto de su vida; urnas, o sea. Como vicepresidente social una pandemia devastadora no acababa de llenarle. Se aburría. Las colas del hambre y los ancianos muertos motivan poco a quien quiere ayudar a la gente desde el poder, para qué engañarnos. Y los coches oficiales son todos iguales y los escoltas solo hablan del Real Madrid. Así que todo era un pasito adelante y otro atrás en las recepciones oficiales. Y la corbata. Como titular del Gobierno de España, Pablo Iglesias estaba, 'de facto', en el banquillo.

Épica efervescente

Dejar la Moncloa para irse a Vallecas, a una Asamblea de la que ni los madrileños nos sabemos el nombre de 10 diputados, solo tiene sentido si entre el palacio y Vallecas media el subidón, la parranda, la droga papeleta. Lo importante es que Pablo Iglesias nunca valga para nada, pero, durante mes y medio, se nos antoje fundamental. Eso es lo que él quiere, la épica efervescente, un vaso de agua de heroísmo. Insaboro, incoloro e insípido. Pero heroísmo.

No en vano, Iglesias es un héroe trágico, inclinado fatalmente al martirio. No puede ser que se retire, se jubile o se canse; se tiene que morir en las urnas, como un San Sebastián del voto, acribillado por los electores y el fascismo. Lo que más mola de esta vida es enfrentarse al fascismo.

Lo importante es que Iglesias nunca valga para nada, pero se nos antoje fundamental

Ayuso no es rival para Iglesias; solo Madrid es rival para Iglesias, los 25 años que llevan la ciudad y la comunidad votando mal, al fascio, porque nunca tuvieron la oportunidad de votarle a él. Por fin el ego de Iglesias y la supremacía madrileña se enfrentan, suena C. Tangana y toda España mira qué pasa aquí. Ahora que había cogido carrerilla odiar Madrid y decir todas las tonterías del mundo sobre Madrid, resulta que nos damos cuenta de que no se hacen mejores fiestas en ninguna parte del país. Madrid siempre fue la tumba del aburrimiento.

Pablo Iglesias deja Moncloa tras una vicepresidencia de discrepancias constantes.

Lo malo con Iglesias es que le hemos visto durante casi un año con traje y corbata, en coche oficial, volando alto en las esferas del poder, saliendo en la tele a demanda, y ahora nos pide el voto desde un despacho que seduce más bien poco al currela de Carabanchel. Cuenta Andrés Trapiello en 'Madrid' que, durante la Guerra Civil, la calle General Ricardos, eje vertebrador de este distrito, era de los nacionales por un lado y de los republicanos por el otro. Yo creo que si Pablo Iglesias se paseara mañana mismo por General Ricardos lo iban a abuchear desde las dos aceras. No le sugeriría que se metiera en los bares donde yo suelo tomar café por la mañana, vamos.

Pero, hasta el 4 de mayo, todo puede pasar, la resurrección del discurso, la manumisión del chico de Vallecas de su amo de Galapagar, el último vuelo del cóndor, la vuelta de la coleta. Hasta una visita de Iglesias a Carabanchel puede pasar. Lo que no veremos de ninguna manera será sopor plebiscitario. Espectáculo o muerte, eso veremos.

No cabe duda de que desde la vicepresidencia social de un país no se puede hacer nada por la gente. Hay que aspirar a más. Hay que ir a Vallecas. Pablo Iglesias regresa al barrio como diputado de la Asamblea de Madrid, sita en aquella esquina de la ciudad. Lo hará para dar a la gente lo mejor de sí mismo: un mes y medio de propaganda, puñito al corazón y bolígrafo Bic. Pablo Iglesias es más útil en Vallecas porque allí se llega después de votar, y si no puedes votar a Pablo Iglesias no merece la pena que se celebren elecciones. Mejorar la vida de la gente era eso, darles comicios emocionantes.

Pedro Sánchez Alberto Garzón
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