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Emmanuel Carrère tiene miedo de votar a la derecha
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Alberto Olmos

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Emmanuel Carrère tiene miedo de votar a la derecha

El afamado autor francés presenta 'Koljós', una soporífera enciclopedia familiar tan impresionante en alcurnia como falta de emoción

Foto: Emmanuel Carrère. (Getty Images)
Emmanuel Carrère. (Getty Images)
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Quizá la mitad de los libros de autoficción empiezan con la muerte de la madre o con la muerte del padre. De hecho, esa suele ser la primera frase del libro, unas palabras solemnes que indiquen que la madre ha muerto. A la gente que escribe le impresiona mucho que sus padres se mueran y, dado que los nuestros no se han muerto, les parece hasta interesante contárnoslo.

Todos los padres mueren, incluso corre la especie de que, lo que es morir, nos morimos todos. El gran fallo de la autoficción es no poder escribir un libro sobre la propia muerte, tema verdaderamente perfecto para esta literatura solipsista.

Emmanuel Carrère lleva un cuarto de siglo escribiendo sobre sí mismo, desde aquel El adversario (1999) que abrió la veda a que cualquiera pueda escribir libros si no sabe hacerlo. Basta con contar tu vida. Hay tantos autorretratos, testimonios, confesiones, memorias y autobiografías inanes en este siglo XXI que no queda nadie sin contarnos su infancia. La vida privada se ha vuelto bibliografía, y ya no eres nadie si no has contado tus traumas al mundo entero.

Carrère, claro, es un gran escritor, y hasta sus novelas fuera de sí (mismo) son excelentes. Pienso en El bigote, una novelita excepcional; o incluso en Una semana en la nieve, disfrutable aproximación al siempre agradecido asunto del asesino en serie. Sin embargo, son títulos de estirpe reporteril o confesional los que le han dado lectores y premios, como Limónov, Yoga o De vidas ajenas.

Foto: emmanuel-carrere-yoga Opinión
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A mí ya me tiene cansado y llevo algunos años sin leerlo. Lo que más me gusta de su peripecia editorial es el acuerdo que tenía con su ex mujer. Al divorciarse, ella (claro) le exigió firmar un papel donde se comprometía a dejarla en paz, o sea, a no mencionarla en sus libros ni aventar su vida privada juntos ni convertir su intimidad o mera identidad en cuatro páginas más en sus nuevos libros. Esto ya avisa de las ganas que tiene cualquiera de salir en un libro de Carrère. Esto avisa, sobre todo, de que si sales en un libro de Carrère es para el exclusivo beneficio del propio Carrère.

En Yoga, sin embargo, Carrère vulneró el acuerdo, su mujer se quejó y desveló algunas guías mayores de la ambición de su ex marido: quería ganar el premio Médicis. Por ganar el premio Médicis, pasas por encima de quien sea.

placeholder Cubierta de 'Koljós', de Emanuel Carrère.
Cubierta de 'Koljós', de Emanuel Carrère.

Koljós (Anagrama), la última novela o no novela de Carrère, ha ganado el premio Médicis. ¿Por encima de quién ha pasado? Pues de su madre, de su padre, de su tío Nicolás y de toda su estirpe. Es un libro bastante largo y bastante coñazo, un rollo macabeo que ocupará los primeros puestos en las listas de mejores libros del año gracias a que nadie será capaz de leerlo entero.

Empieza, en fin, con la muerte de la madre, con la que murieron dos acentos graves, uno agudo y un apóstrofe, echen cuentas: Hélène Carrère d'Encausse. Lo mejor del libro son esas primeras páginas donde Macron homenajea en el patio de honor de los Inválidos a la madre de Carrère, prestigiosa historiadora, y que parecen abrirnos a una mujer sensacional de la que queremos saber más cosas. Sin embargo, Carrère se empacha de archivos, genealogías y parientes pobres y acabamos pensando que Koljós no va de una madre, sino de decenas de personas que no nos interesan tanto.

Hay frases muy cargantes en este sentido: "Mi tío Nicolás, que hace aquí su entrada en esta historia, ha sido y sigue siendo una de las personas más importantes de mi vida". Imaginen que esa frase la escribe otro, un tal Juan Gómez o una tal María García, ¿les interesaría lo más mínimo que su tío Nicolás fuera y siga siendo "una de las personas más importantes" de sus vidas? Carrère ha escrito este libro sabiendo que nos tiene que apasionar por el mero hecho de que lo firme él.

Es un rollo macabeo que ocupará los primeros puestos en las listas de mejores libros del año gracias a que nadie será capaz de leerlo entero

Así, la novela no novela avanza a caballo de infinitos datos, muchas fechas, mucho contexto histórico, levantando lo que más parece una enciclopedia que una literatura, y nadie en su sano juicio se lee las enciclopedias de principio a fin. Además, el autor opta por breves viñetas o estancias, de apenas un par de páginas de longitud, con las que arma todo el libro, algo que nos impide abandonarnos a una suerte de corriente de discurso que nos acune y nos anestesie. Cada dos páginas, espacio en blanco, vuelta a empezar, igual que en una enciclopedia.

Dice Carrère aquí que Sartre fue "despiadado" con los vencidos (en la II Guerra Mundial) y Camus, "indulgente"; dice que Godard y todos los miembros de la nouvelle vague eran "más bien de derechas e incluso de extrema derecha". "En nuestra casa no hay tele ni radio, en nuestra casa se lee". "Emmanuel no vota porque tiene miedo de votar a la derecha". Esto es básicamente todo lo interesante que he sacado de las 437 páginas de Koljós.

Porque lo demás son cosas como ésta: "El 10 de marzo de 2020 celebramos el cumpleaños de mi hermana Nathalie en un restaurante italiano". ¡No me digas, cuéntame más!

Carrère ha escrito el libro sabiendo que nos tiene que apasionar por el mero hecho de firmarlo él

Hay libros parecidos a este de Carrère que son sin duda fascinantes. Pienso en La liebre con ojos de ámbar, de Edmund de Waal, o en Los hundidos, de Daniel Mendelsohn. No son enciclopedias, sino grandes prospecciones sentimentales. Koljós me ha hecho pensar en ese libro de relatos de Hawthorne titulado Cuentos contados dos veces (1837), porque Carrère puede decir que pertenece a ese selecto grupo de personas de alta alcurnia que protagonizaron la Historia, y encima ahora también tienen que protagonizar la literatura.

O expresado en forma de chiste de Hermano Lobo: "¿Qué prefieres, la Historia o la Literatura?" "¡La Literatura!" "Da igual, la Literatura también somos nosotros."

Quizá la mitad de los libros de autoficción empiezan con la muerte de la madre o con la muerte del padre. De hecho, esa suele ser la primera frase del libro, unas palabras solemnes que indiquen que la madre ha muerto. A la gente que escribe le impresiona mucho que sus padres se mueran y, dado que los nuestros no se han muerto, les parece hasta interesante contárnoslo.

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