La verdad interrumpida: manipulación y falsedades de Julià Guillamon

El autor de 'La ciudad interrumpida' pretender exponer la compleja evolución de la ciudad de Barcelona con un esquema analítico no siempre acertado, homogeneizador y reduccionista

Foto: Detalle de portada de 'La ciudad interrumpida' (Anagrama)
Detalle de portada de 'La ciudad interrumpida' (Anagrama)

Vivimos en la época de la posverdad. La verdad es cosa ya de otro tiempo. No me hable más de la verdad. Oímos esas frases constantemente como un signo inexorable de nuestro tiempo. Los complejos mecanismos de la sociedad de control, complejas redes de significantes, retóricas del poder cuyo alcance no podemos ya evitar. Todas esas cosas complican hasta tal punto la circulación del sentido en la sociedad de la información que parece como si ya nada relacionado con la verdad tuviera que ver con nosotros, con nuestras pequeñas inquietudes, con la satisfacción de haber intentado ser sinceros o de haber sido altruistas en alguna ocasión. Es cierto que todas esas cosas mencionadas complican nuestra relación con la verdad. Pero también lo es que a veces son coartadas para fingir que algo simple es complicado, o para no hacernos responsables de lo que hacemos.

'La ciudad interrumpida' (Anagrama)
'La ciudad interrumpida' (Anagrama)

La verdad empieza muchas veces por algo más cercano y familiar, más íntimo y cotidiano. Consiste en no decir que alguien hizo lo que no le vimos hacer o en no dar por seguro algo que no hemos ni siquiera intentado comprobar. Esa nube de complejos conceptos impide muchas veces que nos demos cuenta de que las mentiras son producto también de pequeños detalles que surgen de los perjuicios, la mala fe, o la pereza. De eso normalmente no nos damos cuenta hasta que alguno de esos detalles se cruza con nuestros sentimientos.

Recientemente me pasó con el libro 'La ciudad interrumpida', un título que no parece justificarse en su contenido, una sucesión ininterrumpida de reseñas y citas breves, basadas o extraídas de una serie de novelas y textos de autores varios, con las consiguientes interpretaciones del autor, Julià Guillamon. El autor pretender exponer la compleja evolución de la ciudad de Barcelona con un esquema analítico no siempre acertado o al menos comprensible, homogeneizador y reduccionista al hilo de un relato que excluye importantes aportaciones.

El autor expone la compleja evolución de Barcelona con un esquema analítico no siempre acertado, homogeneizador y reduccionista

Sus interpretaciones son siempre parciales, como si tratasen de configurar un catálogo oficialista sin la menor sensibilidad. Tampoco muestra amor a los procesos culturales que muchos de nosotros hemos vivido y en ocasiones provocado con rigor y pasión, o con disgusto frente a ese narcisismo nihilista que carcome los procesos políticos, sociales y culturales de una ciudad que en otros tiempos fue capital cultural de la Península.

El problema es que algunas de estas citas son falsas y muestran que el autor no se ha leído las fuentes que cita al final del libro. O las manipula con intención de denigrar a las personas y las publicaciones que no cuadran con el intento de homogenizar la memoria y reducir la diversidad a capricho. En la página 162 cuando habla de un número extra de Ajoblanco, 'Peste a Ajo', lo sitúa en 1980, cuando se publicó en 1978. Y sostiene que los responsables de la publicación acabaron pidiendo disculpas a los lectores. Unas disculpas que, dicho sea de paso, no sé a que vienen y que el autor tampoco aclara para escribir a continuación: “Molina y Prats (los autores del extra junto a Vallés) practicaban un humor gamberro, con un aire decididamente amoral, que manipulaba los tópicos de la prensa sensacionalista”.

'Paseos con mi madre'. (Tusquets)
'Paseos con mi madre'. (Tusquets)

Por lo que a mí atañe, me cita en la página 408 y dice que cuando se presentó Javier Pérez Andújar en Ajoblanco para ofrecerme un reportaje le dije que el tema no interesaba. A parte de inventar que Javier era un estudiante de periodismo. No sabe que la versión del autor de ese encuentro ya la dio el propio Javier en su libro 'Paseos con mi madre'. Cuando Javier se enteró de la anécdota escribió: “Comparto tu extrañeza Pepe, porque como bien dices explico en 'Paseos con mi madre' como me recibieseis en el Ajo con las puertas abiertas y me salvasteis de una catástrofe cuando fui a pediros ayuda, aunque yo más bien pronunciase la palabra colaborar. No sé si entonces esa ilusión y esa necesidad se me veían, pero lo vivía así, vosotros me entendisteis a la primera y fueron unos años maravillosos al lado de la mesa de Fernando Mir entre galeradas y Montesas y enfrente Jordi Esteva entre fotos de habitaciones de Egipto y cantando Nursat Fateh y por Paca la Tomate, que no cantaba pero sentía. Y lo mejor que aprendí con vosotros por encima de hacer revistas, fue estar en un mundo al que amaba. Eso es lo más difícil y no tiene interrupción”. Gracias Javier, es un regalo que alguien nos recuerde que algún día hicimos lo correcto.

Interrumpir la verdad empieza por pequeños detalles que cobran importancia cuando nos afectan

No dejemos que las grandes teorías impidan que nos demos cuenta de que interrumpir la verdad no es algo de lo que se pueda culpar únicamente al sistema, al Estado, a las multinacionales o todo eso en comandita. Interrumpir la verdad empieza por pequeños detalles que cobran importancia cuando nos afectan, cuando pretenden quitarnos la alegría de un recuerdo entrañable.

Lo escribí no hace mucho, la verdadera libertad es promiscua en su desarrollo y plural en sus consecuencias. La verdad siempre es hija del rigor.

Tribuna
Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
0 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios