Cuando te crees Pep Guardiola y acabas pareciendo Zidane (pero sin títulos)

La reputación de los entrenadores no depende solo de sus resultados deportivos, pero casos como el de Eusebio en la Real demuestran que lo más importante es saber, no parecer

Foto: Eusebio y Zidane se saludan en Anoeta antes del Real Sociedad-Real Madrid de Liga. (EFE)
Eusebio y Zidane se saludan en Anoeta antes del Real Sociedad-Real Madrid de Liga. (EFE)

Según la segunda oleada del Observatorio de Reputación de los Entrenadores de Élite, Pep Guardiola ha desbancado a Zinedine Zidane como entrenador más reputado de la temporada 2017-2018, mientras que Ernesto Valverde, en LaLiga, y Jose Mourinho, en el Global Top 20, son las subidas más destacadas en este estudio cuyos resultados reflejan que, además de los éxitos deportivos, sobre la reputación de los entrenadores inciden aspectos como su actitud pública, su capacidad para trascender socialmente o su atractivo para convertirse en icono de marcas comerciales.

Tras Guardiola, que obtiene 78,4 puntos sobre 100, se encuentra el técnico de la Juve, Massimiliano Allegri, con 77,5, y cierra el podio el mencionado y ahora tan cuestionado Zidane, con 74,9. A pesar de la desastrosa temporada que está haciendo el Real Madrid, a 19 puntos del Barça, si bien hay que indicar que este estudio es anterior a la eliminación copera contra el Leganés, el francés se mantiene como líder de LaLiga por delante del Cholo Simeone (70,6) y de Valverde (63,6), con Marcelino, técnico del Valencia, en cuarta posición, y el sorprendente quinto puesto de Eusebio Sacristán, pues el de La Seca tiene a la Real Sociedad con el mayor presupuesto de su historia en una situación crítica tras cuatro derrotas consecutivas y la eliminación copera ante el Lleida, desde entonces solo un triunfo y un empate en diez partidos.

Según el informe del Observatorio de Reputación de los Entrenadores de Élite, la habilidad para marcar la agenda y trascender con su mensaje, junto a su liderazgo público, explican buena parte del ascenso de Pep Guardiola, si bien la trayectoria en el Manchester City, así como anteriormente en el Bayern de Múnich y el FC Barcelona, es lo que realmente le convierte en el entrenador de referencia. Por contra, el colchón de credibilidad de Zidane amortigua el impacto sobre su figura de los malos resultados del Real Madrid. Además de sus títulos, nada menos que ocho de diez posibles en los poco más de dos años que lleva en la élite, en el Coach Reputation Ranking se valora "la disciplina en su mensaje o su compromiso con las grandes marcas, entre otros, determinantes en su consolidación en el top 3 mundial".

Los cinco técnicos de La Liga con mejor reputación
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Curiosamente, y a pesar de que su Barça es líder destacado e invicto de LaLiga, Valverde "no consigue traducir su dominio dentro del campo en influencia pública y activación de sponsors ligados a su propia marca personal". Muy distinto es el caso de Mourinho, quien "sigue siendo una apuesta segura para las marcas. La activación de sponsors y habilidad para fijar titulares y mensajes en medios son claves, junto a la progresión deportiva de su equipo".

El Coach Reputation Ranking evalúa el valor, el potencial y la proyección de las marcas y atributos de los principales entrenadores de referencia, a partir de diez categorías: trayectoria, redes sociales, website personal, relación con medios, mensaje, comunicación no verbal, patrocinadores, Responsabilidad Social Deportiva, branded content y liderazgo. Sin embargo, lo más importante de un entrenador es, valga la redundancia, saber entrenar. A partir de ahí, sus opciones de éxito dependerán lógicamente de la calidad de los futbolistas de los que disponga, en función de lo cual tendrá unos u otros objetivos, así como de su capacidad para sacarles el máximo rendimiento, tanto individual como colectivo.

Las tres autoridades del entrenador

Tal y como explica Jesús Cuadrado, el entrenador tiene una autoridad formal por el simple hecho de firmar un contrato con el club, una autoridad personal que ejerce en su comportamiento con los jugadores y una autoridad técnica: "no basta con tener un título oficial, hay que poseer unos amplios conocimientos para llevar a cabo la metodología del entrenamiento, plantear la forma de juego, implantar todos los aspectos tácticos y coordinar al equipo técnico de apoyo. Los jugadores han de percibir que su entrenador 'sabe', porque de esta forma creerán en todo lo que hacen y lo harán mucho más motivados".

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Y es precisamente en este último punto donde algunos técnicos suelen quedar retratados, con casos tan evidentes como el de Eusebio, que se creyó Guardiola por haber jugado en el Barça de Cruyff, pero que ha terminado pareciéndose a Zidane, aunque sin los ocho títulos de diez posibles que avalan al técnico francés. Al todavía técnico de la Real le sonó la flauta en su segunda temporada, la primera completa tras reemplazar a David Moyes a mitad de la anterior, pero en la tercera está quedando en evidencia y prueba de ello es que su equipo es el que más ha empeorado de un año a otro. Después de no saber interpretar una forma de juego porque la tocaba de oído, de ahí la facilidad de los rivales para saber cómo jugarle a la Real, el cambio de sistema e incluso de portero contra un Villarreal que en el minuto 34 ya le había marcado cuatro goles terminaron por demostrar su incapacidad.

Según el mencionado informe realizado por la consultora Comunicar es Ganar, especializada en comunicación pública para deportistas de élite, más de la mitad de los entrenadores de LaLiga suspenden en comunicación, algo que en el caso de Eusebio ha jugado a su favor, pues tiene una buena prensa, aunque de periodistas o medios, la mayoría de fuera del entorno de la Real Sociedad. Ya saben, el amiguismo habitual o el simple hecho de opinar de todo dejándose llevar únicamente por lo que se mira, pero no siempre se ve.

Es cierto que la Real llegó a hacer un buen fútbol durante parte la temporada pasada, pero ya desde mucho antes de terminarla, y de ahí que fuera sexta in extremis, su juego era más efectista que efectivo, por culpa precisamente del desconocimiento y la incapacidad de su entrenador para amoldarse a las necesidades. En esto también Guardiola ha demostrado ser el mejor, y ahí está lo que hizo con el Bayern y ahora hace con el City. Si al caso de Eusebio le sumamos tener como gran aliado a un director deportivo como Loren, quien en diez años lleva seis entrenadores -Lillo, Lasarte, Montanier, Arrasate, Moyes, Eusebio y, salvo dimisión, va camino del séptimo- es normal que se aferre al puesto sin hacer un mínimo de autocrítica, algo que, por ejemplo, sí ha hecho Zidane y eso que ha ganado, y mucho.

Eusebio Sacristán, en el Estadio de la Cerámica, durante el partido de la Real contra el Villarreal. (EFE)
Eusebio Sacristán, en el Estadio de la Cerámica, durante el partido de la Real contra el Villarreal. (EFE)

Como se explica desde Comunicar es ganar, los perfiles de Instagram del técnico del Real Madrid o de Mourinho, el Twitter de Guardiola o el Facebook de Simeone son parte activa de la estrategia de seducción para lanzar mensajes a jugadores, club, aficionados.... Claro que del mismo modo las redes sociales son un termómetro, por supuesto siempre que esté controlado, y un buen conducto para pulsar la opinión de los aficionados. Los de la Real tienen muy claro que el cuento de Eusebio se ha terminado. La reputación está muy bien, que nadie se engañe, para los hinchas lo más importante son los resultados y la imagen de su equipo y para los futbolistas lo más necesario es tener un entrenador que tenga y demuestre esa autoridad técnica de la que habla Jesús Cuadrado.

P.D. "Si yo sé dónde estoy es más fácil que la gente se sienta identificada conmigo. Pero eso no solo pasa por decirlo, también por saber el precio de las entradas, por sacar un abono a mi mujer y mi hijo o por no cerrar los entrenos a esos jubilados que vienen a vernos todos los días". Sirva este mensaje del técnico del Leganés, Asier Garitano, en su cuenta de Twitter para pensar que el fútbol de antes con los medios de ahora aún es posible. Por si alguno lo ha olvidado, se llama humildad.

A mi bola

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