El crudo paso de Lopetegui: de salvador a verdugo de Iker Casillas

Lopetegui puede colocarse a rebufo de Vicente y dejar sin convocar a Casillas. Todo apunta a una conversación pendiente entre dos profesionales que han trabajado juntos y se conocen bien

Foto: Julen Lopetegui e Iker Casillas, durante una rueda de prensa con el Oporto (Cordon Press).
Julen Lopetegui e Iker Casillas, durante una rueda de prensa con el Oporto (Cordon Press).

El portero. Con generalidad, el puesto más longevo del fútbol. Una demarcación que ha evolucionado hasta acometer con obligatoriedad el buen dominio del pie. Con facetas distintas a sus compañeros: visten diferente, pueden utilizar las manos para el juego, se las protegen con guantes, son el último eslabón de la cadena, son el centro de las críticas al menor fallo. En definitiva, están para evitar la fiesta del gol. De este modo, van a contracorriente en unos metros donde pasan de salvador a verdugo en función de la parada o del error. Conviven con ello y por eso encuentran entre sí una sintonía especial, aunque vistan distintas camisetas. Saben que en su puesto la gloria es efímera. Como pasajera es la memoria en este negocio. Que se lo digan a Iker Casillas, quien mantiene con esperanza la resolución del nuevo seleccionador con vistas a la primera lista del próximo Mundial de Rusia. Julen Lopetegui encara su semana de pasión con la ilusión del principiante, consciente de que las críticas se cebarán o no con él en función de la convocatoria. Y cómo no, con la portería como gran referencia. Un portero juzgando a otro portero, lo nunca visto.

Fue Lopetegui guardameta del Real Madrid y del FC Barcelona, tras criarse en esa inagotable cantera guipuzcoana. Vamos, que tiene callo. Si bien, en dos equipos de menor enjundia -Logroñés y Rayo Vallecano- resultaron sus momentos más estelares con los guantes en la mano. A punto de cumplir 50 años, afronta el gran reto profesional que ansía cualquier entrenador: dirigir a la selección de su país. Lo que ocurre es que llega en un momento de impaciencia. Los éxitos del pasado han sido arrastrados por el fiasco de las dos últimas presencias internacionales. El obligado cambio procesa urgencias, las que no tuvo quien nombró al nuevo seleccionador. Villar tomó la decisión de manera unilateral, reuniéndose consigo mismo. Sin peajes, sin atender susurros, con el único mediador del paso del tiempo. 

Al todavía presidente de la FEF le hacía gracia Caparrós, a quien sostenían los presidentes de las territoriales, los pequeños reinos de taifas de la estructura federativa. Pero a Joaquín le agolpó la sobreexposición mediática de quien no dejó una entrevista sin hacer para postularse en el cargo. A Villar le sonaba bien Camacho, a quien no le hubiera importado conceder una segunda oportunidad tras aquel gran campeonato de Corea, resuelto por los errores arbitrales. Pero desde el primer momento, la apuesta de Lopetegui, sin ser la más popular, constaba como la más eficaz. En los órganos internos de la sede madrileña se apostaba por un técnico más joven, innovador y con experiencia en la casa. El pensamiento de Villar predestinaba a Julen al cargo desde que acometiese el proceso de dirigir a las categorías inferiores de la Roja. Sin embargo, el ritmo tedioso del dirigente provocó que el técnico vasco no esperara a la decisión de su paisano y afrontara junto a un renombrado intermediario portugués -el mismo que le llevó al Porto- la confección del Wolverhampton. Tan inmiscuido estaba en el proyecto que contactó telefónicamente con varios jugadores para convencerlos de lo acertado de jugar en la Segunda división inglesa. Hasta que Angel María marcó su teléfono. 

El fallo de Casillas contra la Roma que, al menos, no costó un gol (Miguel Vidal/Reuters).
El fallo de Casillas contra la Roma que, al menos, no costó un gol (Miguel Vidal/Reuters).

Casillas y Lopetegui coincidieron en Portugal gracias a la convicción del entrenador. El Real Madrid había anticipado a su guardameta que contaba con él, pero que firmaría otro jugador en su posición. Era una manera elegante de invitarlo a partir, que Iker entendió. El chico sondeó el mercado y la propuesta de jugar en un histórico como el Oporto le cuadraba porque mantenía abierta la puerta de la Roja. Además, la presencia de Julen en el banquillo también sumaba por la proximidad y confianza que mantenía con él. El técnico guipuzcoano se decidió porque era una buena opción de mercado y por el buen conocimiento que tenía de la persona. En una extensa conversación telefónica, Casillas prometió trabajo y ganas de competir al máximo nivel. Pero el idilio no duró demasiado. Las cosas no rodaron bien para el equipo y Lopetegui fue destituido del cargo. Unos meses después, en la decisión del seleccionador se encuentra la posibilidad de volver a reencontrarse.

Iker no ha renunciado a seguir vistiendo la camiseta de guardameta internacional con España. En sus planes se vislumbra el Mundial de Rusia de 2018, fecha del fin de su contrato con el Oporto -condicionado en su último año al rendimiento-. Sería la culminación a una carrera estelar poder participar en un quinto campeonato del mundo, además de seguir añadiendo partidos al récord de jugador con más participaciones con la Roja. Sin embargo, más allá de las quejas públicas de Vicente del Bosque contra el capitán, por el mal trago de la suplencia que pagaron los ayudantes del saliente seleccionador, a oídos de la nueva cúpula de trabajo han llegado comentarios, tras lo ocurrido en Francia, que no ayudan al reingreso de Casillas. Lopetegui dice en 'As' que “el primer criterio para entrar en una lista es el rendimiento, más allá del respeto por la trayectoria de jugadores que han marcado una época”. Iker es el portero titular del Oporto, que está peleando por entrar en la fase de grupos de la Liga de Campeones. Pero si el titular sigue siendo De Gea, el nuevo cuerpo técnico ya ha sido advertido en Las Rozas de cómo se las gasta el ‘dragón’ cuando habita el banquillo. Por eso, las palabras de Del Bosque pesan ahora más que nunca.

La primera patata caliente para el nuevo seleccionador la tiene que lidiar con el consiguiente ruido mediático que ocasionará la decisión, sea cual sea. Si Luis Aragonés arrastró una persecución por prescindir de Raúl que supo aprovechar Del Bosque, Lopetegui puede colocarse a rebufo de Vicente y dejar sin convocar a Casillas. La evolución prometida aleja la revolución que quizá necesita el vestuario. Julen no se detendrá en lo que diga la gente, pero es que ahora debe darse cuenta de que dirige el equipo de toda la gente. Todo apunta a una conversación pendiente entre dos profesionales que han trabajado juntos y se conocen bien. El compromiso de buen comportamiento si es suplente no faltará, pero falta conocer si se lo creerá la nueva cúpula. Estamos ante la tesitura de añadir o no a Iker en la primera lista. Una cita que perseguirá el presente más inmediato del técnico, pero que condicionará el futuro del jugador, que a día de hoy se mantiene en la idea de no apearse del tren.

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