Las 'reales' razones del plantón de Florentino Pérez a Luis Rubiales

Florentino Pérez fue nombrado para la junta directiva de la federación, cerrando así años de alejamiento, pero la polémica del penalti a Vinícius volvió a romper la relación entre presidentes

Foto: Florentino Pérez, presidente del Real Madrid, y Luis Rubiales, presidente de la RFEF. (EFE)
Florentino Pérez, presidente del Real Madrid, y Luis Rubiales, presidente de la RFEF. (EFE)

Pocas horas antes del advenimiento navideño, el presidente de la RFEF anunció la incorporación de un nutrido grupo de dirigentes que se sumarían a la junta directiva del principal organismo del fútbol español. Entre las novedades, destacaba sobre las demás el regreso del Real Madrid a la cúpula de mando tras varios años alejado. Conocidas eran las diferencias de criterio entre Las Rozas de Villar y la Concha Espina de Pérez. Por eso, Rubiales entendió como necesaria la aproximación a Florentino, olvidando lo acontecido el último verano con el caso Lopetegui. Pero, a la primera, el presidente del club blanco justificó su ausencia de la reunión apoyado en la polémica arbitral. El Real Madrid se siente maltratado por los trencillas y por el VAR. En Las Rozas creen que no es más que una excusa pueril, ya que entienden que Florentino no participará nunca de los asuntos de la federación.

El esfuerzo de Luis Rubiales por aunar el fútbol patrio tras la dilatada ‘era Villar’ comenzaba por arrastrar hasta el ente federativo al Real Madrid. Pérez suma años apartado de la federación y de LaLiga. Tanto Villar como Tebas no han sido plato de gusto del mandamás blanco, que ha entendido el aislamiento como la mejor medicina. De ahí el empeño del nuevo ejecutivo de Las Rozas intentando hacer entender al dirigente madridista la necesidad de contar con el Real Madrid para que vuelva a pisar la sede federativa. La ausencia del club más importante del fútbol español no podía durar un minuto más y, tras la tempestad provocada por el fichaje de quien ocupaba el cargo de seleccionador, las aguas volvieron al cauce que buscaba Rubiales.

Tras el choque de trenes que provocaron las dos partes, uno negociando a espaldas del otro y el otro aceptando el caso para después dar marcha atrás con el uno, las dos personas —Luis y Florentino— aparcaron el recelo mutuo, se olvidaron de Lopetegui y unieron fuerzas para pelear de la mano frente al enemigo común: Tebas y su LaLiga. Se recuerda aún la buena armonía existente cuando se pusieron de acuerdo para que el Santiago Bernabéu albergara la vuelta de la Copa Libertadores entre River Plate y Boca Juniors tras lo acontecido en Buenos Aires. Incluso quedó grabado el discurso en la cena oficial previa al partido donde Florentino Pérez agradecía públicamente el esfuerzo y colaboración de Rubiales en la organización de la final. El ‘episodio Lopetegui’ quedaba enterrado, la buena sintonía, más por obligación que por devoción, crecía… hasta que llegaron Rulli, Vinícius, Munuera y Melero.

La llamada entre Florentino y Rubiales

La interpretación arbitral de la acción entre el portero de la Real Sociedad y el delantero del Real Madrid provocó la llamada de dos minutos, calificada como “cordial”, de Pérez a Rubiales. Eso sí, educada, pero en un tono tenso y de reproche. El club blanco se sentía claramente perjudicado por la decisión y al jefe del fútbol nacional solo le quedó la opción de sacar el capote ante la embestida merengue. Pero ahí no estaba lo peor. El cabreo aumentó con las posteriores explicaciones que ofrecieron de la jugada los dos trencillas responsables del VAR: Velasco y Clos, este calificado desde el madridismo como enemigo público. Aquel “todo OK, José Luis” elevó el mal humor de Florentino, que acabó por inmolarse con el escudo, despreciando la silla que debía ocupar en la sala de juntas de Las Rozas.

No tardaron en ser públicos los deseos que el mandamás había contado en privado: Florentino renuncia a asistir a la junta directiva de la RFEF por los criterios de aplicación del VAR. Y desde aquí apareció la habitual riada de propagandistas que aplaudían la opción del presidente del Real Madrid. La decisión de evitar aislarse había durado menos de un mes. Pérez, recogiendo el sentimiento de muchos madridistas, optaba por romper nuevamente los hilos con el ente federativo. De nada servían las buenas palabras de solo unas semanas antes. A Rubiales no le quedó otra que recoger velas: “Florentino fue nombrado miembro de la junta directiva y aceptó. Si él no quiere venir es su decisión, yo estaría encantado de que venga, pero también tengo que respetar si no quiere estar”. Diplomático aunque con un punto de hartazgo con los reales caprichos del Madrid.

Y pasó el lunes y Florentino no acudió cuando se conoció que será el Benito Villamarín de Sevilla la sede de la final de la próxima edición de la Copa del Rey. El sentimiento de castigo y persecución que manifiesta el madridismo por las decisiones arbitrales ha provocado nuevamente un preocupante distanciamiento. No existe una razón de peso para que el Real Madrid deje tirada a la RFEF, pero desde Concha Espina no se atreven a exponer públicamente que los errores a favor siempre caen del mismo lado, el azulgrana. Esta es la verdadera razón, la de sentirse desiguales en el trato arbitral respecto del FC Barcelona. Sin embargo, no se atreven a decirlo. Después de tantos años al margen de los grupos de poder del fútbol, el asambleario blanco no vive nada preocupado por este nuevo paso atrás. Son muchos años al margen. En todo caso, aquella paz, que se ha visto efímera, deja claro que Pérez no confía en Rubiales. Quizás el ‘episodio Lopetegui’ no era tan sencillo de olvidar.

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