Diego Costa o cómo 1 millón de euros lo ha espabilado en el Atlético de Madrid

Diego Costa acabó muy enfadado la temporada pasada con la directiva del club colchonero, pero este curso ha vuelto con otra mentalidad y está dispuesto a ganarse un sitio en el onche del 'Cholo'

Foto: Diego Costa celebra su tercer gol contra el Madrid en pretemporada. (Reuters)
Diego Costa celebra su tercer gol contra el Madrid en pretemporada. (Reuters)

Tanta doctrina de fe, tanto sentirse protegido y tanta homilía de clase particular han reconvertido a Diego Costa al ‘colchonerismo’, que no es lo mismo que el ‘cholismo’, cuya enseñanza nunca ha abandonado el delantero. La diferencia sustancial entre uno y otro movimiento es que los que practican el ‘colchonerismo’ mantienen que el escudo no debe rebajarse a las exigencias-caprichos del mesías, el entrenador que ha dado la vuelta como un calcetín al presente de la entidad y que practica con astucia la religión deportiva del ‘cholismo’. Entretanto, unos y otros, rojiblancos todos al fin y al cabo, rezuman felicidad tras la exhibición de fútbol practicada en Estados Unidos frente al Real Madrid. Algunos de esos fieles seguidores del código binario -ese que reduce los resultados al 1-0 ó 0-1- se han dado cuenta de que esos futbolísticas también saben jugar, y bien, al fútbol, cuando el planteamiento es claramente ofensivo.

Diego Costa se vio con pie y medio fuera del club. La primavera alteró la sangre del hispano-brasileño que transitó en esa época únicamente con el respaldo unilateral de Simeone. El mandamás del club protegía, como podía, a quien versaba marcharse a China tras diversos desencuentros con la propiedad. Es más, sólo la fuga de Griezmann rebajó el ecosistema negativo que adornaba al ariete. Desde ese instante, y con las sombras que aparecían sobre Morata para reconfirmar un acuerdo distante con el Chelsea, la dirigencia levantó el pedal que apretaba a Costa. El fundamento que arrastraba la crisis del ‘9’ se aposentaba en el último año y medio: escaso juego, menos goles, más lesiones y expulsiones evitables. Este presente había reducido su figura hasta convertirse en un futbolista fuera de forma y del montón, lejos del depredador por el que suspiró el Cholo hasta exigir al club desembolsar casi 60 ‘kilos’, además de abonar en su cuenta corriente una cantidad cercana a la decena de millones de euros por curso.

Ni Simeone era capaz de explicar por qué Costa sufría tantas lesiones como escasos goles marcaba. Pero el desencuentro con el poder, -nunca con el míster, quien lo ha protegido con excusas públicas a diferencia del trato que ha dado a otros-, arrancó cuando Diego conoció el desorbitado sueldo de Griezmann. La fila de desagraviados del vestuario en el despacho del dueño la encabezó él. Como no había rendimiento, no había más dinero. Y Costa se significó en el camerino contrario a la barbaridad que percibía el francés. Sin embargo, sus quejas no hicieron eco. Por entonces, el grupo de jugadores poderosos lo manejaba el mejor amigo del galo. Sucedió que reclamó a su asesor deportivo que era el momento de recuperar alguna de las opciones dinerarias, sobredimensionadas, de la Liga de China que tanto le atormentaron en Londres y que despreció para volver a ponerse a las órdenes del Cholo.

Diego Costa ve la roja ante el Barcelona la pasada Liga. (Reuters)
Diego Costa ve la roja ante el Barcelona la pasada Liga. (Reuters)

Pero China dejó de creer y pese a que Costa comentó hasta con su jardinero que cambiaría de aires en junio, la realidad dibujó un escenario distinto. Sin retorno a otros mercados, y con el Atleti dispuesto a pelear por su continuidad, a Diego no le quedó más remedio que tomarse en serio el verano, no engordar y prepararse con voluntad para este curso. Antes, sin embargo, habían sucedido un par de episodios que le afectan el bolsillo y que aprehendieron en sus cuitas más personales. El primero, tras la sanción de ocho partidos impuesta tras la expulsión ocurrida en el Camp Nou, que provocó un expediente sancionador y una fuerte multa. El segundo, la denuncia de la Fiscalía Provincial de Madrid por fraude fiscal en el IRPF no declarado de 2014, cuando se trasladó a jugar a Inglaterra.

El expediente tras el Camp Nou

La gente cercana a Costa justificó la espantada del futbolista, decidió no entrenarse una jornada sin motivo aparente, como que la pena económica impuesta por el club era desmesurada. El efecto había provocado que el jugador se sintiera enfadado e indefenso. Además, trasladaban que su sueldo se había quedado desfasado respecto al de Griezmann. Pero la negativa del futbolista a trabajar aquel Jueves Santo del 18 de abril -que destapó el diario AS- mortificó su carácter porque la sanción según fuentes cercanas a la propiedad se aproximaba al millón de euros, si bien otra fuente cercana al poder explica una rebaja del 50% de esa cantidad tras mediar un perito que arbitró el hecho.

El expediente sancionador contaba que ocho partidos de sanción son dos meses sin poder ejercer el trabajo. Y eso implica una multa cuantitativa relacionada con el sueldo que percibe. El cabreo del delantero, cuando conoció la sanción inicial impuesta por la dirección del club, fue tal que se negó a trabajar, pese a acudir al centro de entrenamiento en Majadahonda. Ni Simeone pudo frenarlo. Después llegó la sección de Delitos Económicos de la Fiscalía madrileña que remitía al juez un escrito de fraude fiscal, en una cantidad que superaba por poco el millón de euros, “por hacer fiscalmente opacos los beneficios procedentes de sus derechos de imagen”. Otro golpe directo al bolsillo.

Pero este verano ha llegado un nuevo Costa. El goleador ha vuelto con ánimo, con la mente limpia, con el peso adecuado, con la energía renovada, con el furor en el apellido. Los cuatro goles anotados al Real Madrid o la roja vista en Nueva Jersey por defender desde su ley al compañero, descifran lo que representa un delantero capaz de ser el referente otra vez del Atleti. Con él, Simeone fue campeón de Liga, dinamitó una Champions por creer en él y darle sitio en el once y peleó por recuperarlo como nunca ha hecho con otro futbolista. Con él, Simeone cree, más que con ningún otro, que puede ser más fácil salir campeón. Es su jugador fetiche. Pero Costa debe hacer más goles para volver a ser el ídolo. El ‘doble millón de euros’ lo ha hecho espabilar. Sin embargo, esto no ha hecho sino comenzar. Pero tocar el bolsillo a una estrella, siempre será efectivo. O eso dicen desde el ático.

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