El linchamiento a Romano Fenati surte efecto: trabajará en la ferretería de su abuelo

Romano Fenati ha decidido abandonar el mundo de las motos por la presión que se ha ejercido sobre él en los últimos dos días. La sanción en la pista es lo de menos comparado con el ruido exterior

Foto: Romano Ferrati tras ganar el GP de San Marino del año pasado en Moto 3. (EFE)
Romano Ferrati tras ganar el GP de San Marino del año pasado en Moto 3. (EFE)

“No te rindas y lucha por tu futuro como piloto, todo el mundo merece una segunda y hasta una tercera oportunidad. Trabaja para corregir esos impulsos que a veces te traicionan y te juegan malas pasadas, y regresa a la pista como ese gran piloto que eres. ¡Nos quedan mil batallas por disputar!”. El rival y también piloto de Moto 2 Joan Mir no tenía por qué salir en defensa de Romano Fenati, protagonista del último fin de semana de motos por frenar la moto de Stefano Manzi. Su alucinógena y surrealista acción no hay por donde cogerla, pero el linchamiento posterior al elevarse al gran público el juicio parece desmedido teniendo en cuenta que, a sus 22 años, ha dicho que abandona el motociclismo y se va a trabajar a la ferretería de su abuelo.

“¿Cómo puedes decir que quería matarle? El mío fue el gesto de alguien que quería decir: “Detente, mira, si quiero te puedo hacer caer””. A Fenati, el propio Manzi le acusó de querer matarle con dicha acción y Romano explicó que simplemente deseaba demostrarle que él también sabía jugar sucio (esta acción venía precedida de otra). El asunto es que Fenati fue demasiado lejos y la bola ante la masa ha crecido tanto que hasta la federación italiana le ha suspendido este martes (48 horas después) y privado de cualquier actividad deportiva relacionada con el motociclismo.

Otras 'idas de olla'

Tal y como se recordaba este lunes en El Confidencial, Loris Capirossi no fue mucho más limpio cuando sufrió dos descalificaciones en 1998 y 1999. La patada de Valentino Rossi a Marc Márquez en 2015 también fue una acción deliberada para marcar territorio ante la agresividad del español. Rossi eligió la pierna y Fenati la maneta de Manzi, pero ambos buscaban decir al otro: “Si quiero te puedo hacer caer”, como explicó el propio italiano de 22 años. En Fórmula 1, hace un año, Sebastian Vettel embistió a Lewis Hamilton en el GP de Azerbaiyán a propósito porque este había frenado demasiado -según el alemán- con un safety car en pista (sancionado con un 'stop&go' de 10 segundos y 3 puntos en el carné de pilotos). En julio, Santiago Ferrucci, de la F2, golpeó intencionadamente por detrás a su compañero de equipo en la vuelta de regreso a boxes por una acción previa que no había considerado justa y fue sancionado sin poder participar en las dos siguientes carreras (como Fenati). Todos estos capítulos, salvo el de Capirossi, responden al mismo patrón: venganza.

A los anteriores protagonistas se les fue la cabeza en un momento de tensión, como es tan habitual ver en un evento deportivo, diferenciando que cuando esto ocurre con una máquina de por medio se pone en peligro la vida de los actores en juego. Con el reglamento en la mano y a ojo de los jueces especializados en cada competición fueron sancionados y todos continuaron montando en moto o coche. A Fenati, otro tipo de juzgado, el popular, es el que le ha quitado las ganas de continuar subido a una moto.

Es comprensible que ninguna marca quiera asociarse con Fenati después de la mala imagen que ha levantado y eso debería asumirlo como algo normal. Si su incidente hubiera tenido lugar en otra categoría -sin ser tan viral-, quizás la reacción de las marcas sería diferente. “Ya no es mi mundo, demasiada injusticia. Yo me he equivocado, es verdad, pero a nadie le importa mi dolor. Yo no me comporté como un verdadero hombre, no fui capaz manejar la ira, pero también Manzi pudo haberme matado”, se justificaba Fenati en 'La Repubblica', al tiempo que aseguraba que no iba a “correr nunca más”.

No a la reconversión

“Después de varias provocaciones, la sangre se me subió a la cabeza, la adrenalina se puso a mil y la cagué”, reconocía en la 'Gazzetta'. Romano no puede decir más claro su error, y Joan Mir -con tan pocas palabras- no puede indicar de una manera más sencilla una solución intermedia a una retirada deportiva: trabajar en controlar los impulsos y aprovechar este episodio y esta figura reincidente (ya fue expulsado del equipo de Rossi en 2015) para mandar un mensaje de 'reinserción' porque si Romano Fenati quiere, psicológicamente existe solución a esos peligrosos calentones. La cuestión es, primero, que él quiera, y la segunda que alguien crea en él y su 'rehabilitación' para seguir dando rienda suelta a su tremendo talento.

El deporte, además de su labor sobre cuestiones de salud, tiene un cometido social porque en sus protagonistas se refleja la sociedad. El mensaje que se envía con Fenati es contundente y sin perdón, esta vez parece que el deporte no dejará una historia de superación y reconversión en la que los individuos podrían verse reflejados para dar un giro a sus vidas.

Tribuna

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