El gordo, ciego y bajo Casillas hace historia: cuéntame cómo pasó

La leyenda de Casillas se agiganta. El portero español del Oporto pasa a la historia como el primero que disputa veinte ediciones de la Champions consecutivas

Foto: Iker Casillas en el partido de la Champions entre el Schalke 04 y el Oporto. (Efe)
Iker Casillas en el partido de la Champions entre el Schalke 04 y el Oporto. (Efe)

La mesa de Iker Casillas no tiene nada especial ni ostentoso. Se puede comer con servilletas de papel, cubertería de plástico, jarra de agua o un bote de cerveza y el palillero. Eso sí, los comensales tienen que llevar una baraja de cartas españolas para echar una partida a la pocha en la sobremesa. Para comer en la mesa de Iker Casillas queda claro que no hace falta ser un Balón de Oro porque al portero que acaba de entrar a la historia por ser el único que ha jugado veinte ediciones consecutivas en la Liga de Campeones le gusta la sencillez y los campechanos. La caducidad del mostoleño se acabará el día que pierda la pasión por el fútbol y su resistencia a seguir compitiendo tiene que ver mucho con su personalidad. Iker Casillas dura más que ‘Cuéntame como pasó’, serie de éxito en la televisión que engancha su decimoséptima temporada.

Habría que preguntarse por qué no se agota Iker Casillas. A los 37 años es noticia el guardameta del Oporto por un capítulo más en la competición europea. Con el partido disputado contra el Schalke 04 en Gelsenkirchen de este martes superó a Ryan Giggs. El guión futbolístico de Iker Casillas empezó con 16 años cuando fue convovado -27 de noviembre de 1997- para viajar a Noruega en un partido contra el Rosenborg. Lo más que pisó fue la nieve porque no llegó a jugar. Su debut se produjo el 15 de septiembre de 1999 en Grecia con un empate (3-3) ante el Olympiacos. Desde entonces son veinte temporadas consecutivas compitiendo en la Liga de Campeones con éxitos -tres Champions- y decepciones. Si le preguntas por cómo lo ha logrado lo máximo que te responde es algo así: “¿Qué pasa máquina? No seas pesado”.


Con Iker Casillas se ha sido injusto y actuado con maldad con la finalidad de desprestigiarle, pero sigue ahí. Hasta el infinito y el más allá. De él se ha dicho que no pasaba por el gimnasio, que no tenía marcados los abdominales, estaba gordo y había perdido visión con lo que le fallaban los reflejos. Que era un portero caducado por ser bajito y en el fútbol moderno están de moda los altos y con amplia envergadura. Muchas barbaridades a las que hay que sumar que si defendía más los intereses de la Selección que los del Real Madrid y cómo podía ser amigo de los jugadores del Barcelona -Xavi, Puyol, Iniesta…-

Se tuvo que ir de su casa y el Real Madrid no ha dejado de ganar Champions, pero Casillas tampoco se ha retirado del fútbol. Ahí sigue. Batiendo récords para orgullo y satisfacción de los que le valoramos y nos gusta recordar su trayectoria por exitosa e incansable. De ese debut europeo, el15 de septiembre de 1999 -me apetece volver a recordarlo-, destacó dónde están los compañeros de su primer viaje. Fernando Hierro dirigió a España en el Mundial y lo dejó. Roberto Carlos ejerce de comentarista en Real Madrid TV. Sanchís es analista en la Cope. Guti es segundo entrenador del Besiktas. Karanka es técnico del Nottingham Forest… Tan sólo queda Casillas en activo. Otros coetáneos anda más lejos: Iniesta y Fernando Torres en Japón, Xavi en Qatar, David Villa en Estados Unidos…

El ejemplo de Manu Ginóbili

Iker Casillas tiene su casa llenita de títulos pero no le han dado el galardón del Balón de Oro. Nunca necesitó los premios ni tanto reconocimiento para seguir acumulando capítulos hasta conseguir llegar a este día en el que vuelve a ser historia. Y la historia es imposible borrarla, aunque se pretenda ensuciar. Está ahí, como los recuerdos.

Sirva de ejemplo Casillas para saber cómo hay que respetar a las leyendas hasta el final de sus carreras. Como Manu Ginóbili, estrella argentina que se ha retirado del baloncesto, y ha dado una lección cuando le preguntaron: “¿Hay algo que te quedó por cumplir en tus sueños, cuando llegaste aquí a la NBA?”. La respuesta es una lección de cómo sentir, amar el deporte y saber valorar lo bueno: “Absolutamente nada. Sí podría haber ganado algún campeonato más. Podría haber ganado un Mundial o una Liga Nacional en Argentina o lo que sea. Pero, ¿qué cambiaba? Sí, una estrellita más en el currículum: totalmente irrelevante. Lo más importante ni siquiera son los campeonatos. Son las historias, las experiencias, los amigos, el aprendizaje de los buenos momentos y de los malos momentos, que es lo que te termina haciendo una mejor persona, un mejor padre, un mejor marido, un mejor ciudadano. Sí, tuve la enorme fortuna de haber ganado un montón de cosas a diferentes niveles pero si eso no hubiese sucedido no es que hubiese cambiado tanto”.

Tribuna
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