La falta de libertad de expresión que sufren los exfutbolistas (el veto a Cañizares)

Cañizares siempre se ha caracterizado por no tener filtro. Lo grave es que el Valencia le prohíba poner en marcha un proyecto con el fin de recaudar fondos para la lucha contra del cáncer infantil

Foto: Santiago Cañizares saluda a los aficionados en el estadio valencianista. (Efe)
Santiago Cañizares saluda a los aficionados en el estadio valencianista. (Efe)

El veto a los comunicadores se amplía a ese sector de exfutbolistas que tienen el atrevimiento de mojarse con los temas más polémicos de la actualidad. Es el mismo con el se lleva castigando desde que existe el Periodismo a los profesionales de la información. Un periodista crítico, incómodo y que violenta los intereses paga un peaje. Son las consecuencias de elegir entre la libertad de expresión o mirar para otro lado o, incluso, ser servil. En la Prensa es un denominador común. El que molesta se le aparta o recibe presiones. Pero este veto ha crecido y se incorpora a ese sector, cada vez más amplio, de ex futbolistas que prolifera en los medios de comunicación con el papel de comentaristas o especialistas. Cañizares, el ex jugador del Valencia, es el último caso. Peter Lim prohíbe que lleve a cabo un proyecto solidario con el club en el que defendió su camiseta durante diez años.

Al margen de si empiezan a darse las circunstancias de intrusismo por la cantidad de ex futbolistas que copan los medios de comunicación y restan presencia a los profesionales (es otro debate), lo grave es darse cuenta de que un ex jugador sufe un veto con un tema tan sensible como recaudar fondos para la lucha contra el cáncer infantil. Cañizares lo ha hecho público. El presidente del Valencia, Anil Murthy, frena el proyecto de la Fundación 'El sueño de Vicky' que preside la mujer de Santiago Cañizares. La finalidad de un sorteo por el que el ganador podría conocer el funcionamiento por dentro de un club de Primera división. Cañizares eligió el Valencia y tuvo la aprobación de Mateu Alemany (consejero delegado al que el propietario Peter Lim no recibe en Singapur).

Anil Murthy, presidente del Valencia. (Efe)
Anil Murthy, presidente del Valencia. (Efe)

Cañizares siempre se ha caracterizado por no tener filtro. Como jugador era de los que daba titulares. Decía lo que pensaba. Huía del tópico. Ahora tiene visibilidad como comentarista y destaca por no ser corporativista. Puede elogiar como no poner paños calientes. Criticó el despido de Marcelino García Toral y cuestionó a Albert Celades. La factura que paga es la del enfado del propietario y el presidente del Valencia. No hay proyecto. Ni Lim ni Murthy (mano 'dictatorial') han tenido en consideración quién es o qué representa Cañizares para el valencianismo. Si es un referente o uno más. Probablemente ninguno de los dos ha visto en su vida un partido del Valencia de Cañizares. Por cierto, un equipazo que llegó a lo más lejos en la Champions. Lo que hoy obsesiona a Peter Lim para hacer más caja que prestigio e historia.

El pan de cada día

No han considerado el dueño y el presidente del Valencia que el proyecto de la Fundación tiene un motivo humano ni que la familia Cañizares sufrió la desgracia de perder a un hijo de cinco años por esta enfermedad. El veto es el veto si no te portas bien. Sobre todo con el poderoso. La solución que encuentra Cañizares es ofrecer el proyecto al Real Madrid, donde también ha tenido una parte de su carrera como futbolista, y en el club blanco le abre las puertas. Bien por el Real Madrid. Aunque en esto del veto está todavía reciente el despido de Álvaro Benito por sus comentarios críticos con el juego y los resultados del Real Madrid que entrenaba Solari. Se le quitó de entrenador en las categorías inferiores y se puso en su lugar a Raúl González. Alvaro Benito es otro de esos ex jugadores que acapara tertulias en los medios de comunicación. Y lo cierto es que lo hace bien por sus comentarios didácticos.

Así está la profesión. Para todos. Para los periodistas y los exfutbolistas. Los hay valientes y conservadores. Los primeros pagan un precio y los segundos no se salen de una zona de confort. Los hay que aportan y otros que parecen de cartón piedra. Hay de todo en una profesión (me quedo en lo deportivo) en la que cuesta ganarse el pan de cada día por la inestabilidad de los medios de comunicación, la precariedad, el intrusismo y los vetos.

Tribuna
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