Crisis migratoria y crisis demográfica: una oportunidad para Europa

Más allá de la inmoralidad que supone, resulta completamente absurdo y definitivamente anti económico poner barreras a una inmigración joven

Foto: Refugiados esperan para entrar en un campamento de registro tras lograr cruzar a pie la frontera entre Macedonia y Grecia. (EFE)
Refugiados esperan para entrar en un campamento de registro tras lograr cruzar a pie la frontera entre Macedonia y Grecia. (EFE)

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Aunque el tema no es nuevo (a raíz de la tragedia de Lampedusa en abril pasado ya tuve la ocasión de expresarme en la columna Dos tortugas y una lavadora), ha sido la desgraciada publicación de la foto del niño Aylan Kurdi la que ha agitado muchas conciencias ante la terrible crisis humanitaria que sufre el pueblo sirio. Crisis que no es más grave ni más terrible que otras (Somalia, el Congo, Myanmar o Sudán, por citar sólo algunas recientes) pero que nos golpea directamente al estar los refugiados en las puertas de Europa, tratando de atravesarlas.

Lo que pretendo poner de manifiesto es que, dejando aparte la moral individual que nos lleva a empatizar con las víctimas, el mantenimiento de nuestras fronteras y nuestro sistema de vida es incompatible con la razón. Europa no puede cerrar el paso a un grupo social que tiene una dinámica de crecimiento más potente y al que necesitamos para mantener, precisamente, ese estado del bienestar que casi todos pretenden salvaguardar y que es precisamente una de las causas de la crisis.

Este primer gráfico nos permite apreciar una de las características más relevantes del problema, y que han hecho del Mediterráneo la frontera con mayor diferencia de riqueza del mundo; hasta hace poco, la de EEUU y México era la mayor; hoy, con 8,4 veces, la diferencia entre los países de la UE28 y el norte de África y Oriente Medio (excluídos los países del golfo) más que dobla a la anterior. Si añadimos a los países subsaharianos la diferencia se incrementa hasta casi las 10 veces, siempre hablando en términos de Paridad de Poder Adquisitivo (PPA). En 2014 murieron ahogadas en el Mediterráneo más de 3.400 personas según ACNUR; a finales de agosto de este año ya eran más de 2.400, lo que además de lo señalado anteriormente hace del mediterráneo la ruta de migración más mortífera del mundo.

Producto Interior Bruto per capita en Paridad de Poder Adquisitivo. Fuente: FMI

La población europea está sometida a un envejecimiento que hace difícilmente viable el mantenimiento de los actuales niveles de bienestar no ya en un futuro cercano sino en el más inmediato presente. Ya hemos hablado en anteriores ocasiones de esta situación en lo que a España se refiere (aquí y aquí, por ejemplo). Si nos centramos en la evolución de la estructura de la población por tramos de edad podemos comprobar fácilmente la enorme dificultad de la sostenibilidad de nuestro carísimo sistema social.

Tramos de edad en años. UE (Unión Europea), MNA (Oriente Medio y Norte de África, en vías de desarrollo) y SSA (África sub-Sahariana en vías de desarrollo) en cada uno de los años señalados. La cifra resaltada en cada barra de la UE representa el número de dependientes (con edades por debajo de los 15 años y por encima de los 65) por cada 100 personas en edad de trabajar. Fuente: elaboración propia a partir de World Bank: Health Nutrition and Population Statistics: Population estimates and projections.

Como señala el gráfico anterior, si en el año 2020 cada 100 europeos en edad de trabajar mantendrán a 56 personas (entre niños y ancianos, siendo estos últimos más de la mitad de ellos), esa cifra se incrementará hasta las 78 en sólo 30 años. Es decir, la previsión es que en 2050 prácticamente cada europeo en edad de trabajar (trabaje o no, y esto es muy importante) haya de mantener a otro. Es importante tener en cuenta que esta tasa de dependencia no recoge a quienes estando en edad de trabajar sin embargo no lo hacen, bien por decisión propia, bien por estar desempleados. Para hacernos una idea, en la actualidad, con 23 de cada 100 españoles en edad de trabajar en situación de desempleo, a la tasa de 50 dependientes por cada 100 en edad de trabajar habría que sumarles los 23 que se encuentran en paro.

Caben diversas opciones a esta situación: retrasar de forma importante la edad de jubilación y con ella el paso a la situación de dependencia de nuestros mayores, como de forma paulatina están planteando distintos países; un incremento de la productividad de los trabajadores que debería situarse de forma sostenida en valores superiores al 3,5% anual acumulativo; o un incremento del número de trabajadores legales que permita suplir la falta de cotizantes; se descarta por razones obvias la incorporación temprana de los menores de 16 años al mercado laboral.

Pero no es éste el único elemento que hemos de considerar. La tasa de fertilidad de Europa (de acuerdo con el último informe de las Naciones Unidas) se encuentra hoy en 1,6 niños por mujer (1,32 en España) frente a los 3,3 niños en el norte de África y los 5,1 en el África subsahariana; en 2050 Europa habrá avanzado hasta los 1,79 (siempre por debajo de la tasa de reposición de la población, establecida en más de 2 niños por mujer), los países del norte de África se encontrarán en 2,34 y los del África subsahariana en 3,23. Es decir, durante los próximos 35 años la población europea se reducirá mientras se seguirá incrementando la de los países de África. La edad mediana de la población (el valor de la edad que divide en dos partes iguales a la población, de forma que la mitad exactamente tiene menos y la otra mitad más) es hoy de 42 años en el continente europeo, de sólo 25 en el norte de África y de 18,3 en el África subsahariana. Y en 2050 en Europa la mitad de la población tendrá más de 46 años, mientras que en el norte de África tendrán 32 años y menos de 24 en el África subsahariana.

Otro aspecto que no debe ser en absoluto despreciado, y que está apareciendo de forma más o menos velada en los medios, es la diferencia en el crecimiento poblacional en virtud de la religión profesada. El Pew Research Center publicó en abril pasado un interesante informe en el que abordaba precisamente esta cuestión. De acuerdo con ello, en 2050 los cristianos europeos habrán perdido casi uno de cada cinco de sus efectivos actuales mientras que los musulmanes habrán crecido en un 63%. Como ya hemos señalado, el número medio de niños por mujer es en la actualidad de 1,6 en la región, coincidiendo con la tasa de fertilidad de los cristianos; entre los musulmanes la misma tasa alcanza los 2,1. La edad mediana de los musulmanes en Europa es hoy 10 años menor que la de los cristianos. Y mientras que entre estos últimos uno de cada cuatro tiene más de 60 años, entre los musulmanes eso mismo ocurre en sólo uno de cada diez.

A partir de 2070 se prevé que el Islam sea la religión con más fieles en el mundo. Muchos países europeos que cuentan hoy con mayoría cristiana dejarán de tenerla mucho antes; el Reino o Francia son quizá los casos más notorios. Recuerden que Sumisión, de Huellebecq, plantea que en 2022 la coalición de los Hermanos Musulmanes gobernará Francia; siendo una novela, no deja de estar basada en proyecciones demográficas que podrían sin duda cumplirse.

Con todo esto sólo pretendo resaltar que, más allá de la inmoralidad que supone, resulta completamente absurdo y definitivamente anti económico poner barreras a una inmigración joven. Absurdo porque quienes pretendan salvaguardar la cristiandad de Europa no son conscientes de que cerrando fronteras sólo retrasarán en algunos años un proceso demográfico natural asociado al hecho de que los musulmanes europeos tienen claramente más hijos que los cristianos. Anti económico porque necesitamos trabajadores para pagar nuestro carísimo estado del bienestar, y en particular nuestras pensiones. La trampa saducea del sistema de reparto exige alimentar constantemente la base.

Así pues, es imprescindible convertir esta crisis en una oportunidad y que les dejemos pasar, para así trabajar legalmente y cotizar. La alternativa es derribar el estado del bienestar. Escojan.

Big Data
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