Vox: nacionalista antes que liberal

Vox es un partido nacionalista para el que las libertades económicas son un elemento secundario y subordinado a la unidad de destino de la nación

Foto: El líder de Vox, Santiago Abascal, en un acto del partido. (EFE)
El líder de Vox, Santiago Abascal, en un acto del partido. (EFE)
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Vox aspira a erradicar el Estado de las autonomías porque, según dicen, constituye una apoteosis de la ineficiencia y del despilfarro. Tal como exponen en el programa electoral que presentaron para la Comunidad de Madrid, “la creación de 17 autonomías regionales (...) ha resultado un experimento fallido (...) La existencia de 17 gobiernos y 17 parlamentos regionales en el seno de un único Estado ha resultado ruinosa. La multiplicación por 17 de la Administración ha aumentado exponencialmente su coste a costa de los contribuyentes azotados por un enorme incremento de la presión fiscal para mantener estructuras innecesarias por la duplicación de actividades y competencias”.

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Multiplicarlo todo por 17 resulta caro y redundante, por lo que, atendiendo a los razonamientos de la formación de Abascal, convendría unificarlo todo y prescindir de tanta superfluidad. En realidad, empero, semejante razonamiento esconde una trampa muy elemental: centralizar no es lo mismo que desburocratizar. Si en lugar de presidentes autonómicos tenemos más secretarios de Estado y en lugar de consejeros regionales creamos más direcciones generales, lo único que habremos modificado son las relaciones jerárquicas dentro de la burocracia, pero no el tamaño de la burocracia.

El argumento recentralizador de Vox se da de bruces no ya contra la evidencia comparada sino contra la coherencia interna de su propio discurso

Y no está ni mucho menos claro que los Estados centralizados necesiten burocracias más delgadas que los Estados descentralizados: a la postre, cuanto más jerárquica se vuelve la cadena de mando, más eslabones intermedios devienen necesarios para transmitir las órdenes de arriba abajo y para supervisar su cumplimiento. De hecho, el coste de la burocracia española es menor al de otros Estados centralizados como Francia o Portugal: ¿por qué una centralización competencial en España debiera arrojar resultados diferentes a los de nuestros más centralizados vecinos?

Con todo, el argumento recentralizador de Vox se da de bruces no ya contra la evidencia comparada sino contra la coherencia interna de su propio discurso. A la postre, Vox se opone simultáneamente a la descentralización autonómica y a la centralización bruselense. Mientras que en España constituye un injustificable despilfarro folclórico contar con 17 parlamentos autonómicos en lugar de con uno solo nacional, en Europa constituye una imperiosa necesidad antiglobalista contar con 27 parlamentos nacionales en lugar de con uno solo comunitario. Centralización en España y descentralización en Europa porque, al parecer, la escala óptima para la provisión de cualquier servicio público es, por algún providente azar histórico, la del Estado español.

En verdad, lo que sucede es mucho más simple: Vox subordina todos sus razonamientos sobre eficiencia económica a su visión nacional(ista) de España. No es que propugne un Estado centralizado por ser más eficiente y barato que el Estado autonómico, sino que necesita creer (y proclamar) que el Estado centralizado es más eficiente y barato que el autonómico para poder defender, también desde un punto de vista económico, sus preferencias políticas previas. ¿Y cuáles son esas preferencias políticas previas de Vox? Las de un Estado instrumental a un sujeto colectivo y atemporal de derecho que es 'España'.

Necesita creer que el Estado centralizado es más eficiente y barato que el autonómico para poder defender sus preferencias políticas previas

La prioridad para Vox es España (“España, lo primero”); no los individuos que hoy residen dentro de la jurisdicción de un Estado denominado España sino una visión holista y monolítica de qué es España y de qué es ser español. Por eso, España se ha de defender tanto frente a las fuerzas descentralizadoras internas como frente a las fuerzas centralizadoras externas: centralizar hacia dentro y descentralizar hacia fuera. El modelo de Estado de Vox no es otro que aquel que sirva mejor a los intereses de su peculiar concepción de la nación española, no aquel que sirva mejor al bienestar de los españoles.

El líder de Vox, Santiago Abascal, en el debate. (EFE)
El líder de Vox, Santiago Abascal, en el debate. (EFE)

Por eso, Vox no es un partido liberal, aunque parte de su programa —en particular, la económica— contenga elementos marcadamente liberales: es un partido nacionalista (“patriótico” querrán llamarlo aquellos nacionalistas que se avergüenzan de tal calificativo ideológico, aun cuando se comporten más como nacionalistas que como patriotas). Los liberales no priorizan la nación sobre la persona, sino la persona —y sus derechos— sobre la nación (y sobre la clase social, y sobre la confesión religiosa, y sobre cualquier otro colectivo).

La preferencia política general del liberalismo por una mayor descentralización administrativa (y su oposición, por tanto, a una centralización catalanista, españolista o europeísta) no deriva de su querencia por imponer una determinada identidad sobre un determinado colectivo (como sucede con los nacionalistas a distinta escala), sino de su deseo de fragmentar la escala del poder estatal tanto como sea posible, para que la competencia y la diversidad jurisdiccional actúen como contrapeso a ese poder estatal (a su vez, y desde el otro lado del espectro político, la preferencia política general de la socialdemocracia por una mayor centralización administrativa tampoco se debe a su deseo de impulsar una determinada identidad entre la población, sino a su querencia por ampliar la escala del poder estatal para imponer por la fuerza la igualdad social entre un mayor número de personas sin que estas puedan refugiarse en otras jurisdicciones).

El liberalismo podrá criticar las autonomías por ser demasiado centralistas y demasiado poco respetuosas con las libertades individuales de sus ciudadanos, pero no porque socaven la unidad de la nación española: lo primero es esencial, mientras que lo segundo es accesorio e incluso irrelevante.

En suma, puede que haya liberales que terminen dando su apoyo a Vox por priorizar las libertades económicas sobre otro tipo de libertades civiles. Al igual que puede haber otros liberales que apoyen al PSOE porque prioricen ciertas libertades civiles (como el derecho a una muerte digna) sobre otras libertades económicas. Pero no caigamos en la trampa de calificar a Vox de liberal (como sería tramposo calificar al PSOE de liberal): Vox es un partido nacionalista para el que las libertades individuales —económicas o no económicas— son un elemento secundario y subordinado a la unidad de destino de la nación. Si en algún momento tales libertades económicas resultaran incómodas para su visión sobre los intereses de la nación, entonces el núcleo ideológico del partido dejaría de defenderlas.

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