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10 razones por las que ser directiva te hace ser mejor madre
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Sylvia Jarabo

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10 razones por las que ser directiva te hace ser mejor madre

Lo que quiero con este artículo es resaltar esto: tus cualidades directivas también contribuyen a que seas mejor madre

Foto: Foto: iStock.
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Si eres mujer directiva y madre como yo, no tengo duda de que te has sentido fatal miles de veces por no poder atender a tus hijos como es debido. Lo peor era cuando mi pequeño echaba los brazos a la cuidadora antes que a mí. Y llegar a las nueve de la noche y comprobar que mis hijos no habían hecho sus deberes de Primaria y que tenía que ponerme a hacerlos con ellos en ese momento, me pedía tirarme un tiro en la sien y sentirme completamente desesperada. O si un día podía escaparme antes, encontrarlos por sorpresa en el jardín de la urba vestidos con las ropas más viejas y lamentables del armario, fruto de la falta de supervisión, me sumía en una mezcla de vergüenza y resignación. Y, por supuesto, jamás conseguí que fueran los tres con esos conjuntos ideales a juego que veía en otras familias, en otros niños, de otro planeta… (miento, lo conseguí en un par de bodas y un bautizo, en un total de tres ocasiones sobre 184).

Pero durante estos años de locura también me di cuenta de otras cosas. Más allá de ese sentimiento de culpa omnipresente, de esa sensación de madre de cuarta por no poder dedicar a mi familia e hijos el tiempo que necesitaban, me di cuenta de que aplicaba mis capacidades directivas y del mundo corporativo en mi casa, y que eso hacía que también fuera capaz de desempeñar mejor mi labor de madre y de cabeza de familia (si crees que no eres el cabeza de tu familia, 'think again'), mejor, al menos en algunos aspectos, que si no las hubiera aplicado, o si no hubiera dispuesto de ellas. Por eso, lo que quiero con este artículo es resaltar esto: tus cualidades directivas también contribuyen a que seas mejor madre. Así que disfruta este artículo y apréciate en lo que vales.

Más allá de ese sentimiento de culpa, me di cuenta de que aplicaba mis capacidades directivas y del mundo corporativo en mi casa

1. Tus dotes de organización también aplican en casa.

En mi casa se gestiona con calendarios, listas y planificación. La gente se piensa que estoy loca, pero yo estaría loca sin ellos.

Planificación. Los calendarios son bimensuales, se imprimen en A3 y se colocan en el tablero magnético de la cocina, para que todos los conozcan (mi marido, mis hijos y el servicio). Este calendario recoge todos los eventos familiares relevantes cada dos meses y se actualiza cuando es necesario. Cuando mis hijos eran pequeños, los hacíamos juntos, sentados a la mesa del salón, creando y recorriendo cada evento y ellos coloreando y adornando los que más les gustaban: el cumpleaños de la abuelita, el día festivo sin cole, el viaje de mamá de empresa de dos días, la cita del médico o la cena fuera de los padres. Allí están todos los horarios de todos los viajes, citas y eventos relevantes de todos los miembros de la familia. Todos los saben y todos acuden allí para tener este conocimiento: la chica sabe si no ceno en casa, mi marido sabe a qué hora llega el vuelo de mi hija, mi pequeño sabe que mañana hay dentista y además el mediano sabe que el lunes es el cumpleaños de su madrina. ¿Sabes la cantidad de preguntas (estresantes) y problemas administrativos y logísticos provenientes de todos los elementos de mi hogar que esto me ahorra?

Plan de acción. Las listas, las listas. Todo el día haciendo listas: de 'to do's' de toda la casa, de lo que hay que dejar a la chica cuando me voy en un viaje largo, instrucciones para cuidar a los niños para mi suegra, listas de comportamiento para los niños, del cuidado del perro, de las tareas especiales para el jardinero esos días… Dime tú qué directivo no organiza su trabajo con planes de acción, responsables, objetivos y plazos. Pues en mi casa igual…

Seguimiento. Cuando llamas para ver qué tal están los peques y si todo va bien, le das un repasito a la lista y preguntas si han puesto los 'ticks' en las tareas (les encanta), y si han hecho esto y lo otro, y ¿has estudiado el examen de inglés?, y ¿te has acordado de ducharte hoy?, y ¿Lllevó usted el perro al veterinario?

2. Lo mejor de tu gestión: la delegación.

La madre directiva, o delega o muere. Pero no solo delega por necesidad sino también por capacidad y conocimiento. Como toda delegación, requiere guía, en ocasiones instrucciones detalladas y provisión de los recursos necesarios para la ejecución. Claro, nunca sale como tú quieres, como en el trabajo, pero la alternativa es… 'niente'. Delegar en la chica para que cocine en las cenas lo que dios le dé a entender con los recursos disponibles en la cocina; en mi bendita secretaria para concertar las citas de los pediatras, dentistas, traumatólogos, vacunas y similares, amén de cientos de gestiones absurdas del hogar; en mi madre para que compre los trajes de la niña (uff….); contar con la bondad de familiares y amigos dispuestos a hacerte un favor al que tú no llegas ni en pintura. Así que si me ves, sal corriendo que algo te cae…

Foto: Ferran Nogué (izq.), cofundador de HolaLuz; Carlota Pi, cofundadora y CMO; Oriol Vila, cofundador y CEO. (Foto: Holaluz)

3. Priorización.

En la locura de gestión diaria, es imprescindible priorizar y hacerlo correctamente, en una situación donde el bien más precioso y escaso es el tiempo. En mis interminables listas de 'to do’s', siempre hay una vip destacada donde lo más importante tiene su preferencia y a la que presto mi atención prioritaria cuando sé que no tengo tiempo para nada más. Porque aunque se caiga el papel pintado del pasillo o me salga peor la presentación, mañana va a haber leche para desayunar y al pequeño lo voy a llevar al dermatólogo el martes. Sí o sí. Y también decides los temas a 'despriorizar', por lo que los juguetes de mis hijos se amontonan en los armarios coleccionando polvo y quién sabe si serán mis nietos quienes por fin los saquen de su hacinamiento…

4. Gestión del tiempo.

¿Qué madre directiva no es eficientísima en la gestión de su tiempo? Mi férrea agenda, además de exhibir características existenciales (lo que no está en mi agenda, simplemente no existe), es mi guía implacable a lo largo del día, donde los compromisos y tareas se apretujan unos detrás de otros, con exactitud milimétrica y disciplina espartana. No hay otra manera de llegar a todo, en la oficina y en el hogar.

En la locura de gestión diaria, es imprescindible priorizar y hacerlo correctamente, en una situación donde el bien más precioso y escaso es el tiempo

5. Gestión del estrés.

Vivir 'dos vidas en una' (probablemente como tú: una, el trabajo, como todos mi compañeros hombres directores, y dos, la de su mujer, como responsable principal del hogar y familia), aunque me hacía avanzar hacia el manicomio paulatina pero inexorablemente, me hizo también resistente a unos niveles de estrés insospechados. Piensas que no llegas, pero sí puedes. Y lo vas sacando todo, a trompicones, pero sin sucumbir. Mi propio marido, CEO de un pedazo de empresa, me dijo un día: “No sé cómo no te has muerto del estrés”…

6. Resolución de conflictos.

La empresa me enseñó a escuchar a todas las partes implicadas antes de echar el puro; que siempre existen versiones diferentes para cada parte y que el conflicto no es una situación de 'winners-losers', sino algo a resolver aplicando 'problem solving'. Y, sobre todo, a apretar el botón de 'pausa' cuando veía que me estaba calentando. ¿Verdad que tú en la empresa no te pones a gritar y pierdes los estribos por cualquier memez que hagan tus colaboradores, tus 'peers' o tus jefes? Pues en casa, aplicamos la misma regla y daba resultado ('casi' siempre…), especialmente con ese pequeño equipo compuesto por rebeldes que hacen 'casi siempre' lo que quieren (tus hijos, cuando son pequeños) o que hacen 'siempre' lo que quieren (tus hijos, cuando son adolescentes).

7. Calidad de tiempo.

Durante bastante tiempo, nunca me creí ese sobado axioma al que recurren las madres que no tienen tiempo para no sentirse mal: “No es importante la cantidad, sino la calidad del tiempo”. Yo pensaba que no, que eso era una milonga y que lo realmente importante era pasar tiempo, y mucho, con mis hijos. Pero me fui dando cuenta de que, aunque fuera poco, sí podía prestarles un tiempo dedicadísimo y de gran atención. Un tiempo enfocado, totalmente presente, de escucha activa, empatía y reflexión posterior como aprendí en mis tiempos de consultoría y leyendo aquel librito 'Fish!'. Además, el tener el tiempo limitado me hacía valorarlo en gran manera y no malgastarlo en riñas tontas, enfados ñoños, malos modos y otras mierdecitas que van surgiendo del desgaste de una larga convivencia, a la que yo de todas formas no podía acceder.

Foto: Marcha en conmemoración del Día Internacional de la Mujer. (EFE) Opinión
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Gema Díaz Real

8. Gestión de equipos.

Hubo una época, cuando nació mi tercer hijo, en que mi casa era una pequeña pyme de gestión del hogar. Gestionaba tres cuidadoras y asistentas en diferentes momentos de la semana y aquí había ocasión de aplicar todas las técnicas de gestión de equipos en la empresa: definición de objetivos, revisión de 'performance', 'feedback' positivo y no tan positivo y por supuesto, cómo no, gestión del conflicto y amonestación en su caso. Si os parece exagerado, conozco casos en que se utilizan hasta esquemas de bonos de retención a largo plazo. Faltaba un pelo para darles una evaluación escrita con campana de Gauss….

9. Ambiente positivo.

Durante bastante tiempo, llevé a mi casa una idea que aprendí en un 'training' de la empresa, y que todavía hoy practicamos de vez en cuando: al final del día, durante la cena, cada miembro de la familia contaba tres cosas buenas que le habían ocurrido en el día. Las comentábamos y celebrábamos, y eso permitía que, al enfocarnos en sucesos positivos, nos diéramos cuenta de que no todo eran los 1.000 problemas del trabajo y el agobio del día a día. Y esto es muy importante.

10. Dar 'feedback'.

En especial, esto me ha resultado útil cuando mis hijos han crecido y se han ido haciendo adolescentes. Tal como aprendí en la empresa, tener conversaciones de 'feedback', sentarme con ellos, revisar los hechos, decirles qué impresión me habían causado a mí, preguntarles su opinión y llegar a algún acuerdo conjunto para situaciones futuras me ha ayudado en gran manera a gestionar momentos difíciles con alguno de ellos. En realidad, los estaba tratando como si fueran colaboradores de mi equipo; y pienso que ellos también apreciaron que les tratara como a personas responsables con criterio y opinión propios.

Esa vida profesional que te dificulta ese objetivo, ser 'la mejor madre del mundo', también te ayuda a desempeñarlo lo mejor posible

Con todo esto no quiero decir que por ser directiva eres 'mejor' madre. ¡Qué va! Tú eres la mejor madre que puedes ser, pero la falta de dedicación y tiempo para tu vida familiar dificulta alcanzar ese objetivo de ser 'la mejor madre del mundo', como nos ponen nuestros benditos hijos en las felicitaciones que trabajan fervorosamente en el colegio para el día de la madre. Lo que quiero decirte con este artículo es que esa vida profesional que dificulta ese objetivo también te ayuda a desempeñarlo lo mejor posible.

Esta es mi elección: ser madre y profesional directiva. Si también es la tuya, ya sabes que no todo son rosas. El camino es duro, escarpado y de gran dificultad. Pero ya que has decidido escalarlo, hazlo equipada con todas las herramientas a tu alcance, ponlas a trabajar a tu disposición y la de tu familia y aunque sigas pensando que eres madre de cuarta… no te castigues más.

Si eres mujer directiva y madre como yo, no tengo duda de que te has sentido fatal miles de veces por no poder atender a tus hijos como es debido. Lo peor era cuando mi pequeño echaba los brazos a la cuidadora antes que a mí. Y llegar a las nueve de la noche y comprobar que mis hijos no habían hecho sus deberes de Primaria y que tenía que ponerme a hacerlos con ellos en ese momento, me pedía tirarme un tiro en la sien y sentirme completamente desesperada. O si un día podía escaparme antes, encontrarlos por sorpresa en el jardín de la urba vestidos con las ropas más viejas y lamentables del armario, fruto de la falta de supervisión, me sumía en una mezcla de vergüenza y resignación. Y, por supuesto, jamás conseguí que fueran los tres con esos conjuntos ideales a juego que veía en otras familias, en otros niños, de otro planeta… (miento, lo conseguí en un par de bodas y un bautizo, en un total de tres ocasiones sobre 184).