La violencia planea sobre una Diada en forma de cruz

Después del golpe antidemocrático de la semana pasada en el Parlament, temo que se esté preparando, para esta tarde y días sucesivos, una segunda patada a la democracia

Foto: El presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont. (EFE)
El presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont. (EFE)

Lo malo es que el símbolo de la cruz es el mismo para el martirio que para la suma. Significa calvario pero también es el signo aritmético que significa adición. Mejor con una sola 'c', aunque si fuera con dos tampoco desmentiría la realidad de las cosas. Lo cual excitará la imaginación de los columnistas de moda cuando esta tarde nos televisen la manifestación de la Diada a vista de pájaro.

Organiza la ANC (Asamblea Nacional de Cataluña). La misma que convirtió la manifestación antiterrorista del pasado 26 de agosto en el primer acto masivo de campaña a favor de la república independiente de Cataluña. Hoy se dispone a hacer lo mismo con la gran fiesta nacional de todos los catalanes. No solo. Los organizadores también quieren competir en asistentes con aquella otra. La que escandalizó a Europa y nos hizo sentir vergüenza por malversar, en nombre de la causa independentista, la compasión con las víctimas del 17 de agosto y la unidad contra el terrorismo yihadista.

Los organizadores de la manifestación, los de la ANC, quieren competir con la que escandalizó a Europa el pasado 26 de agosto

Sobre la marcha de esta tarde, además, planea el fantasma de la agitación callejera en su peor versión. Hay fundados temores de que pueda derivar en desorden público y violencia organizada. En El Confidencial informábamos este sábado de que se ha detectado un desembarco masivo de anarquistas procedentes de toda Europa, primos hermanos de la CUP, la fuerza política más radicalizada por 'Cataluña mañana será republicana'.

Los principales impulsores de la causa (Junqueras, Forcadell, Puigdemont, Tardà) saben que la CUP se ha convertido en la fuerza dinamizadora del 'proces' en este ultimo tramo. Son conscientes de que, con sus llamamientos a la movilización popular en respuesta a la contraofensiva legal del Estado, han dado alas a los amigos 'anticapitalistas' de Anna Gabriel y compañía.

Carme Forcadell, Carles Puigdemont y  Oriol Junqueras. (EFE)
Carme Forcadell, Carles Puigdemont y Oriol Junqueras. (EFE)

De modo que estaríamos ante un segundo acto de fuerza de los independentistas, después del perpetrado la semana pasara en el Parlament. Me refiero a esas movilizaciones callejeras, sobre las que planea el riesgo de que deriven en actos vandálicos u otros problemas de orden público.

Se me ha hecho inevitable comentar la eventual aparición de estos problemas, ante unos llamamientos apócrifos que circularon ayer por las redes sociales (“Alerta de cara a la Diada"), donde, entre otras cosas, se lee: ”Es previsible que los contrarios al 'procès' quieran crear barullo para hacernos quedar mal ante el mundo”. Y se añade que “pueden actuar como independentistas” aunque solo por “hacernos creer lo que no son".

Sobre la marcha de esta tarde planea el fantasma de la agitación callejera en su peor versión

Ni quito ni pongo. Aporto los datos y expreso mi fundado temor de que, después del golpe antidemocrático de la semana pasada en el Parlament, se esté preparando para esta tarde y días sucesivos, hasta el 1 de octubre, una segunda patada a la democracia: la de la agitación en la calle contra el derecho del Estado a defenderse de quienes quieren reventarlo. Y contra el derecho de un medio de comunicación como El Confidencial a alinearse inequívocamente “con la democracia como sistema de gobierno, con la Constitución como marco legítimo y con la ley como único instrumento que garantiza la libertad y la convivencia”.

Al Grano

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