Por qué Ayuso está en deuda con Iglesias
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Antonio Casado

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Por qué Ayuso está en deuda con Iglesias

Paradojas de la política. Sánchez le debe un favor a la presidenta madrileña por haberle ayudado a recuperar el sueño y Ayuso se lo debe a Iglesias por hacerla crecer en las encuestas

placeholder Foto: La presidenta de la Comunidad de Madrid y candidata del PP a la reelección, Isabel Díaz Ayuso. (EFE)
La presidenta de la Comunidad de Madrid y candidata del PP a la reelección, Isabel Díaz Ayuso. (EFE)

La cotización de Díaz Ayuso en los sondeos electorales se disparó el día en que el entonces vicepresidente del Gobierno decidió autoproclamarse bastión invencible del fascismo en la Comunidad de Madrid. Ochenta y cinco años después del 'No pasarán', honor y gloria a los originales. No a los imitadores desubicados que trabajan para el enemigo.

Paradojas de una política cada vez más banalizada. El presidente del Gobierno debería estar agradecido a su enemiga declarada, la presidenta madrileña, por quitarle de encima al socio incómodo. O sea, que Sánchez le debe un favor a Ayuso por haberle ayudado a recuperar el sueño, y ahora Ayuso debe otro a Iglesias Turrión, por haberla hecho grande en las encuestas.

Foto: Pablo Iglesias. (EFE) Opinión

Ayuso debutó en la batalla de Madrid con la pólvora mojada: “Socialismo o libertad”. Pero no había un dios que viese al tirano encarnado en la figura de Ángel Gabilondo. El lema mutó con la inesperada irrupción de Iglesias y la doña le estará eternamente agradecida: “Comunismo o libertad”.

La irresistible ascensión de Díaz Ayuso cabalga sobre el rechazo que la pareja Iglesias-Sánchez suscita en amplias capas sociales

Eso ya era otra cosa, por venir cargada de connotaciones bien instaladas en la memoria colectiva. Ahora calarían mejor los mensajes de Ayuso, simples como el mecanismo de un clip. En el mercado del voto, simplicidad es eficacia, frente a un adversario perfectamente identificado. El PSOE, como “refugio de golpistas y batasunos”, pedrada favorita de la derecha contra el Gobierno de coalición.

Es la clave. La irresistible ascensión de Ayuso cabalga sobre el rechazo que la pareja Iglesias-Sánchez suscita en amplias capas sociales. Supone movilización extra de los votos indolentes de la derecha y un cierto encogimiento de los votantes de izquierdas menos ideologizados y poco irritables por las simplezas de la todavía presidenta de la comunidad.

Foto: La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso (i). (EFE)

De la contribución de Iglesias al engorde electoral de Ayuso se desprenden dos efectos colaterales sobre los que estos días se ceban los contertulios y los finos analistas. Uno es el cepo del 5%, donde pueden quedar atrapados los partidos escolta del PP por empacho de voto útil a favor de Ayuso. Otro, la volatilidad de unos estados de opinión basados más en el rechazo al otro que en la adhesión al propio, lo cual puede estar contaminando el poder anticipatorio de los sondeos.

Si Vox y Cs no superasen el 5%, hasta 400.000 votos de la derecha podrían quedarse en el limbo del señor D'Hondt por empacho de voto útil

Si, como algunas encuestas anuncian, Ciudadanos y Vox no lograsen superar el 5% de los votos, que es el umbral de acceso al reparto de escaños, hasta 400.000 papeletas de la derecha (se prevé una participación en torno a 3,8 millones de votantes) podrían quedarse en el limbo del señor D`Hondt por exceso de voto útil. Los medios vinculados a la izquierda airean la hipótesis. Vector del análisis o clavo ardiendo al que aferrarse mientras se supone que Podemos sí alcanzaría ese porcentaje. Entonces estaría cantado el salto de Ángel Gabilondo a la presidencia de la Comunidad de Madrid.

En cuanto al segundo de los mencionados efectos colaterales (el rechazo es más voluble que la adhesión a unas siglas), habría que saber si la aversión que causa Ayuso entre votantes de izquierdas es mayor o equivalente a la que causa el tándem Sánchez-Iglesias entre los votantes de la derecha.

Foto: analisis-elconfidencial-madrid-elecciones-pp-isabel-diaz-ayuso-pablo-casado

Me temo que en el votante socialista hacen estragos el repliegue y la indiferencia, mientras que la derecha vive con euforia el grito de Ayuso mirando a los ojos de Sánchez: “Nos veremos en las urnas”.

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