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Cuatro personajes del docudrama nacional
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Antonio Casado

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Cuatro personajes del docudrama nacional

Al caer la última hoja del calendario de 2021, cuatro apuntes sobre otros tantos personajes que colonizaron significativos espacios políticos y sociales del año que termina

Foto: El exlíder de Unidas Podemos, Pablo Iglesias. (EFE/Kiko Huesca)
El exlíder de Unidas Podemos, Pablo Iglesias. (EFE/Kiko Huesca)

Las campanadas de anoche activaron la memoria del año fenecido. El de la pandemia, el volcán de La Palma, el precio de la luz y la espantada del emérito.

Pero he preferido describir la mitología 2021 a través de cuatro dioses menores. Apenas cuatro leves apuntes sobre otras tantas figuras del docudrama nacional. Por lo que cuelga de cada uno y, tal vez a su pesar, por lo que les desborda. A ellos les desborda y a nosotros nos ilustra sobre lo ocurrido en nuestra banalizada vida pública de los últimos 365 días.

Pablo M. Iglesias Turrión
Poco más que un cohete de feria. Siete años duró el fulgor del personaje. Es el tiempo transcurrido entre su discurso de aspirante a la presidencia del Parlamento Europeo (30 junio de 2014) y la fuga posterior al revolcón del pasado mes de mayo en unas elecciones regionales.

Ha sido Iglesias un pensador activado con 80 años de retraso. Un narcisismo-leninismo obsoleto que pontificaba sobre la transición sin haberla vivido y que, a estas alturas de la película, ponía al venezolano Hugo Chávez (febrero 92 y abril 2002) como ejemplo a seguir de que el poder militar es el último límite de la lucha política. Algo que, según el exvicepresidente que devino en contertulio radiofónico, sirvió a su admirado Chávez para no acabar como el socialista chileno, Salvador Allende, en septiembre de 1973.

Su asiento a la izquierda de Sánchez en el Gobierno y su ingreso en la "casta" solo sirvieron para alimentar el salto a la fama de Díaz Ayuso

Cautivo y desarmado por una realidad alumbrada en pleno siglo XXI, la ascensión de Iglesias al cielo prometido terminó en las elecciones del 4 de mayo en la Comunidad de Madrid. Su adanismo de facultad, su televisada ascensión al grito de “sí se puede”, su asiento a la izquierda de Sánchez en el Gobierno y su vergonzante ingreso en la “casta” al final solo sirvieron para alimentar el salto a la fama de Díaz Ayuso.

Isabel Díaz Ayuso
Los altos índices de rechazo al tándem Sánchez-Iglesias lograron que Ayuso fuera en Madrid como la Macarena en Sevilla. Nunca nadie hizo tanto por encumbrar al adversario político. Hasta el eslogan original del PP en las elecciones de mayo ('Socialismo o libertad') fue notablemente mejorado con la inesperada irrupción de Iglesias ('Comunismo o libertad').

Foto: Isabel Díaz Ayuso. (EFE/Juanjo Martín) Opinión

Así nació la estrella de Díaz Ayuso y así subió la cotización de Pablo Casado de cara a las próximas elecciones generales. La victoria electoral de aquella hizo invencible la tentación de imaginarla como futura aspirante a la Moncloa. Una hipótesis no del todo dormida en la eruptiva mente de los finos analistas. Muy mal tendría que hacer las cosas su Pigmalión, Pablo Casado, para que eso llegue a materializarse.

De momento, Ayuso es la lechera del cuento en el discurso triunfal de Casado sobre el “ciclo imparable” que empezó en Madrid (lo de Feijóo ya iba de suyo), seguirá en Castilla y León, luego Andalucía y culminará en la Moncloa.

Rocío Carrasco
Media España lloró en solidaridad con la mujer humillada y sometida por el macho que se hizo verbo dolorido en la docuserie 'Rocío: contar la verdad para seguir viva', con récords de audiencia a partir de su estreno en la primavera del año que termina.

La hija de la cantante Rocío Jurado y el boxeador Pedro Carrasco, ambos fallecidos, se convirtió este año en el estandarte del feminismo alistado en la guerra contra el machirulo. Desde Karmele Marchante a Lidia Falcón, pasando por el feminismo del BOE sediento de referentes, tras el malogrado culebrón de Juana Rivas y el pesado silencio sobre la venta en matrimonio de las niñas afganas tras el retorno de los talibanes.

Foto:  Rocío Carrasco, la protagonista del documental. (Vanitatis)

Pero quién le iba a decir a la ministra Irene Montero que la heroína 2021 de la causa iba a aparecer en el mundo de la llamada prensa rosa. Feminismo sin cátedra. Allá donde se cruzan los caminos de la política con los del espectáculo.

Lionel Andrés Messi
Sin Messi y sin Puigdemont, la Diada del 11 de septiembre de este año y los partidos en el Nou Camp ya no fueron lo que habían sido hasta entonces. Aquellos gritos sincopados del minuto 17,14 se desvanecieron en la trituradora del tiempo. Con el equipo hundido en la clasificación, hasta el barcelonismo doctrinario tuvo que tragarse sus bravatas cuando Messi se hacía el desentendido ante las apelaciones a la inmersión lingüística: “Si no vol parl, que s`en vagi a la puta Espanya”.

El declive del Barça con estelada se convirtió entonces en la metáfora más a mano de la decadencia de la Cataluña posterior al 'procés'

Con la marcha del futbolista argentino en el verano (34 años recién cumplidos), vino el declive que a los culés sin estelada nos duele en el alma. Y el declive del Barça con estelada se convirtió entonces en la metáfora más a mano de la decadencia de la Cataluña posterior al 'procés'.

La deserción del jugador que hizo grande al club sin decir ni media palabra en catalán y el virus desatento que no reconoció las fronteras de la Cataluña una, grande y libre, han conspirado en una depresión sin precedentes desde la fundación del club en 1899. Mecachis.

Rocío Carrasco Leo Messi Irene Montero FC Barcelona Pandemia Partido Popular (PP) Isabel Díaz Ayuso Mitología Parlamento Europeo
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