Pregona Rufián que no permitirá que Abascal se siente en el Consejo de ministros ¿Puede haber un regalo mayor para Vox, que sigue escalando en los sondeos?
El portavoz de ERC en el Congreso, Gabriel Rufián. (Europa Press/Alberto Ortega)
Gabriel Rufián se ha puesto en plan Cambó, pero por la izquierda y con "estelada". El embajador parlamentario de ERC en Madrid tiene un plan. Y la izquierda a la izquierda del PSOE tiene un problema que no se resuelve de la noche a la mañana por urgente que sea acabar con su fragmentación en grupos, subgrupos, grupitos y subgrupitos.
No parece el más indicado para recomponer el puzle a escala nacional quien se declara enemigo de una patria incompatible con la suya, aunque el trabajador de Algeciras pertenezca a la misma clase social que el de Cornellá. Poca cosa para suponer que uno y otro secundarían el llamamiento.
"¡La patria está en peligro! ¡españoles, acudid a salvarla!", gritó en 1808 el alcalde de Móstoles porque venían los franceses y grita ahora Rufián para salvar a España de las hordas acaudilladas por Feijóo y Abascal. Lo llaman "alerta antifascista". Su némesis, la "alerta antisanchista", triunfa en las urnas y puede llevarse por delante a esa izquierda republicana, plurinacional y antitaurina que estos días bracea a la desespera por sobrevivir.
"Un paso al frente" es el lema de la convocatoria de desigual respuesta para el sábado 21 de febrero. Rufián va de telonero, con tres días de antelación. Tiene prisa después de haber oído en sueños la voz de Asfalto entre mandobles contra cuñados, fachas, rojigualdos y "botiflers" que traicionan a Cataluña por 155 monedas: "Ven capitán Trueno, haz que gane el bueno".
Pero el despertar del fallido alcalde de Santa Coloma mató la épica: "O hablamos entre nosotros o nos vamos al carajo". En traducción libre es como alzar una bandera que aglutine en candidatura única lo que hasta ahora funcionaba como el disperso sindicato de socorristas de Sánchez.
Hagan apuestas sobre la mejor o peor condición de lo uno frente a lo otro. A un lado, la alianza del PP con el euroescepticismo y la xenofobia de Vox. Al otro, la todavía vigente alianza del PSOE con el nacionalismo periférico y ese minifundismo político acampado a la izquierda del PSOE, de cuya obra (por sus hechos los conoceréis) tenemos sobrada ciencia propia.
Viene a pelo la evocación del maestro Ciruela, que no sabía leer y puso escuela, según el refrán
Si el anhelo de centralidad vuelve a malograrse en las tormentas polarizadoras de la política española, poco debería importar que a la izquierda del PSOE estén mal avenidos, cuando el problema de fondo es que los dos primeros actores, Sánchez y Feijóo, se miran a cara de perro y son incapaces de priorizar el bienestar de los ciudadanos porque están muy distraídos envenenando el aire (tiene más culpa el que juega con blancas, claro).
A lo que íbamos. Con el mismo convencimiento que en 2015 anunciaba el advenimiento de la república independiente de Catalunya en dieciocho meses ("entonces dejaré el escaño", añadía) dice ahora Rufián que no permitirá que Abascal se siente en el Consejo de ministros ¿Puede haber un regalo mayor para Vox, que no cesa de escalar en los sondeos?
Lo de Rufián nace muerto. De ahí la frialdad de los interpelados, cuando no el rechazo explícito, ante la propuesta de este aprendiz de alquimista político. Incluida su propia gente de ERC. Por no hablar de las reacciones mediáticas que lo tratan como prueba del bajísimo nivel de nuestra clase política.
Servidor se queda en la evocación del maestro Ciruela, que no sabía leer y puso escuela, según el dicho popular que nos previene frente a ciertos personajes que van de sabelotodo y dan lecciones cuando en realidad carecen de la autoridad y el conocimiento de la materia a tratar. La política, en este caso.
Gabriel Rufián se ha puesto en plan Cambó, pero por la izquierda y con "estelada". El embajador parlamentario de ERC en Madrid tiene un plan. Y la izquierda a la izquierda del PSOE tiene un problema que no se resuelve de la noche a la mañana por urgente que sea acabar con su fragmentación en grupos, subgrupos, grupitos y subgrupitos.