La pistola humeante de Guindos: de FG al caso Bankia

Guindos nunca ha terminado de irse. Siempre ha estado ahí. A pesar de la distancia que le separa de Madrid, su sombra en España es alargada. Cada vez más

Foto: Enrique Villarino.
Enrique Villarino.

Hace poco más de un año que Luis de Guindos se marchó. Perspicaz como pocos, de todos los miembros del anterior Gabinete de Mariano Rajoy fue el que mejor decodificó el mapa político y tomó las de Villadiego para ocupar el cargo de vicepresidente del Banco Central Europeo (BCE), un premio a su trayectoria, que a buen seguro no será el colofón de la misma.

Mientras a él se le abrían las puertas de Fráncfort, a sus compañeros del Consejo de Ministros se les cerraban las de Moncloa, eran apeados del Gobierno por Sánchez y luego laminados por los suyos, los del PP, dejándolos sin listas y sin honra. Guindos tuvo suerte. Más que tenerla, la persiguió hasta donde alcanzaba su mano.

Con todo y con eso, no parece que la sed del exministro de Economía haya quedado saciada con un puesto vicario en el BCE, por mucha política monetaria que maneje. Los pozos de ambición son más profundos. Especulan sus próximos con la posibilidad de sustituir al mismo Mario Draghi o alzarse con la presidencia de alguna entidad. Guindos pone como aval el hecho de haber sido el primer ministro de la zona euro en llevar a resolución un gran banco, como es el caso de Popular. Por pedir que no quede.

Guindos quiere marcar distancias con su pasado y, en especial, con aquellos que ha tenido más cerca. Necesita visualizarlo, que los demás lo noten

Luego están sus aspiraciones políticas. Nunca ha dejado de tenerlas. España está siempre en el centro de sus conversaciones. Se muestra preocupado por la cuestión catalana y la política económica de un Gobierno educado para llevar el país de nuevo a los números rojos.

“Le apasiona la política. En algún momento, llegó a soñar con un Gobierno PP-Ciudadanos en el que pudiera ejercer de vicepresidente económico, pero ese escenario está ahora muy lejos”, reflexiona una persona de su confianza. “Se lleva muy bien con Pablo Casado. Todo lo contrario que con Soraya y Montoro, a los que culpa de la caída de su amigo Soria”.

Guindos se fue, pero no se fue. Siempre ha estado ahí. A pesar de la distancia que le separa de Madrid, su sombra en España es alargada. Cada vez más. De hecho, los que están aquí dicen sufrirle más que nunca.

El expresidente de BBVA Francisco González y su sucesor, Carlos Torres Vila, durante la presentación de resultados de 2017. (EFE)
El expresidente de BBVA Francisco González y su sucesor, Carlos Torres Vila, durante la presentación de resultados de 2017. (EFE)

El pasado lunes 18 de marzo, la Asociación para el Progreso de la Dirección (APD) organizó un almuerzo privado con Guindos en el Hotel VP Plaza Design. En su intervención, no importó tanto el contenido, es decir, sus impresiones sobre la desaceleración europea o la evolución de los tipos, como el continente, a saber: los cerca de 70 comensales que lo escuchaban, la mayoría procedente del mundo financiero. Entre ellos, el presidente del BBVA, Carlos Torres.

La escena resultaba especialmente morbosa. Solamente cuatro días antes, el 14 de marzo, Francisco González había dimitido como presidente de honor por la crisis derivada del espionaje de Villarejo. Una trágala para Torres en la que se ha querido ver la pistola humeante de Guindos.

El vicepresidente del BCE había censurado la actitud numantina del segundo mayor banco de España por mantener a FG en lo más alto del organigrama y aseguraba, sobre todo en privado, que el daño reputacional solo cicatrizaría cuando se extirpara a su responsable.

Como es de sobra conocido, lo del exministro con FG era algo más que una enemistad. Jamás le perdonó su perfil ‘outsider’ y que hiciera oídos sordos a las sugerencias que le hacía llegar desde Moncloa. El de Chantada se negó a comercializar acciones de Bankia en su salida a bolsa y dio plantón al Gobierno en la conformación del banco malo, más conocido como Sareb, entre otros asuntos. Los enfrentamientos fueron derivando de lo profesional a lo personal, hasta que Guindos, años después, se ha cobrado la pieza.

Pero aquí no quedó la cosa. El propio BCE, donde tiene mando en plaza, se opuso también al nombramiento de Torres como presidente ejecutivo en sustitución de FG por la estructura de gobierno corporativo del banco. Su oposición rozó el escarnio cuando el regulador obligó al consejo de BBVA a leer en alto una carta en la que expresaba su malestar por el ascenso.

Guindos parece querer marcar distancias con su pasado y, más concretamente, con aquellos que ha tenido más cerca. Incluso con quienes lo ayudaron. Necesita visualizarlo, que se note. Y para ello se emplea a fondo y con mano dura.

Rodrigo Rato y su equipo, en el juicio que se sigue en la Audiencia Nacional por el caso Bankia. (Reuters)
Rodrigo Rato y su equipo, en el juicio que se sigue en la Audiencia Nacional por el caso Bankia. (Reuters)

Su látigo no solo fustiga a BBVA sino que alcanza al grueso del sistema financiero español. Es el caso de Sabadell. En sus encuentros ‘petit comité’, el vicepresidente del regulador europeo insiste en la necesidad de que Oliu encuentre pareja antes de final de año, como si repitiendo el desiderátum al final pueda llegar a conseguirlo. Y luego está el tema de Bankia.

Este martes, Guindos declarará por videoconferencia en el juicio que se sigue en la Audiencia Nacional. Tal y como señalaba Jorge Zuloaga en este diario, algunos apuntan a su mano invisible como uno de los desencadenantes de todo lo que pasó en abril y mayo de 2012.

Sostienen, entre otros puntos, que envió un caballo de Troya, Miguel Crespo, secretario del consejo de Bankia y antiguo miembro de su equipo (de cuando era secretario de Estado de Economía), para que le hiciera el trabajo sucio y forzara la salida de Rato.

Dicen también que el exministro estaba conchabado con Deloitte para tal operación, lo cual, sin embargo, se compadece mal con la supermulta de 12 millones a la auditora por la salida a bolsa de Bankia, que Guindos ratificó, respaldando al Instituto de Contabilidad y Auditoría de Cuentas (ICAC).

Bancos, Big Four, Gobierno, Partido Popular, todos tiemblan cada vez que Guindos pone un pie en España. Por donde pisa, dicen, no crece la hierba

A través del ICAC, precisamente, Economía ha abierto dos expedientes sancionadores a PricewaterhouseCoopers (PwC) por las cuentas de Banco Popular de 2016. Aunque transita en la actualidad por el BCE, todos ven su sombra en esta decisión.

Paradójicamente, PwC se volcó con Guindos en momentos delicados y lo rescató para incorporarlo a la firma tras la quiebra de la filial española de Lehman Brothers, de la que era presidente. Aquella decisión bienintencionada se les vuelve ahora en contra.

Los bancos, las Big Four, el Gobierno, el Partido Popular, todos tiemblan cada vez que Guindos pone un pie en España. Por donde pisa, dicen sus otrora amigos, no crece la hierba.

Caza Mayor

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