La 'beauty' ha muerto. ¡Viva la 'smart people'!
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Nacho Cardero

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La 'beauty' ha muerto. ¡Viva la 'smart people'!

Sánchez se siente más a gusto con José María Álvarez-Pallete charlando de sus planes para convertir España en la capital digital de Europa, que hablando de tipos de interés con Ana Botín

placeholder Foto: Alberto Cortina, José María Álvarez Pallete, Rosauro Varo, Alberto Alcocer y Carlos Solchaga. Diseño: Irene Gamella.
Alberto Cortina, José María Álvarez Pallete, Rosauro Varo, Alberto Alcocer y Carlos Solchaga. Diseño: Irene Gamella.

Los llaman 'smart people'. El término sale de la fábrica de mercadotecnia de la Moncloa, muy del gusto de inventarse palabras —véase el caso de la 'nueva normalidad' durante la pandemia, que ni era nueva ni era normal— para crear marcos de referencia. Con ese nombre, denominan a esa nueva hornada de empresarios y altos ejecutivos, ora sostenibles, ora digitales, que han puesto su pica en los centros de poder espoleados por su cercanía al Gobierno socialista.

Ascienden en el escalafón bajo el paraguas del Green New Deal, los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y la Agenda 2030, pero, sobre todo, al calor del porrón de millones que prometen los fondos europeos y el Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia, con un Gobierno que se arroga el papel de actor principal en la economía española y de espoleta para la innovación en tecnología e inversiones en actividad productiva.

Los llaman 'smart people' para contraponerlos a esa 'beautiful people' que se hizo popular con Felipe González de presidente en la década de los ochenta en España, ese "país de Occidente donde un empresario con buenas ideas puede hacerse rico en menos tiempo que en ninguna parte", que dijo Carlos Solchaga.

placeholder La presidenta del Santander, Ana Patricia Botín, y el presidente del BBVA, Carlos Torres. (EFE)
La presidenta del Santander, Ana Patricia Botín, y el presidente del BBVA, Carlos Torres. (EFE)

La 'beauty', en opinión de los demiurgos monclovitas, no mola. A ella pertenecen apellidos carpetovetónicos, la mayoría relacionados con el sector financiero, hoy lo más próximo a mentar al diablo. Porque el Ejecutivo de coalición que conforman PSOE y Unidas Podemos no se entiende con la banca. Tampoco con los grandes fondos de inversión que, como en el caso de Blackstone, amenazan con poner pies con pared si continúan regulando en su contra.

Arguyen en el Gobierno que las entidades y fondos de inversión se mueven exclusivamente por objetivos meramente crematísticos —como se está viendo con los anuncios en cascada de los ERE—, con un afán especulativo, sin pensar en la inversión productiva y en las grandes reformas, que son las que realmente demanda el país.

Foto: Foto: Irene Gamella. Opinión

Tal vez por ello, Sánchez se sienta más a gusto con José María Álvarez-Pallete charlando de sus planes para convertir España en la capital digital de Europa, con un gran 'hub' audiovisual que sirva de imán para atraer a los Netflix y HBO, o con Rosauro Varó tratando el futuro de la prensa en España, que hablando de tipos de interés con Ana Botín, Carlos Torres o Isidre Fainé, últimos rescoldos del otrora boyante mundo financiero, el de la antigua 'beauty', cuando brillaban Mario Conde, Mariano Rubio y los Albertos

Tal es el recelo que despiertan que hasta la ortodoxa Nadia Calviño ha cargado en los últimos días contra los bancos por los despidos en marcha y los sueldos de sus ejecutivos. Caña al mono que es de goma. "Creo que los salarios y los bonus deben estar alineados con la evolución del sector y la economía en su conjunto", ha dicho la vicepresidenta. La titular de Trabajo, Yolanda Díaz, ha ido un paso más allá y habla directamente de ERE "preocupantes e inasumibles". La demonización de la banca se abre paso a empellones.

Todo ello porque, con apenas unas horas de diferencia, dos de los principales bancos españoles, CaixaBank y BBVA, ponían sobre la mesa recortes de en torno a 12.000 puestos de trabajo, lo que podría llevar a un ejercicio récord de despidos en el sector. Unos números que pretenden ser utilizados de argumentario para dar la puntilla definitiva al maltrecho sistema financiero español. El triunfo definitivo de la 'smart people' sobre la 'beautiful people'.

placeholder El presidente de Telefónica, José María Álvarez-Pallete, con el nuevo logo.
El presidente de Telefónica, José María Álvarez-Pallete, con el nuevo logo.

El Ejecutivo pretende ahora rasgarse las vestiduras por unos recortes de plantilla de los que ya sabía, pues hablamos de fusiones en un sector en plena reestructuración como es el bancario. Todo ello, en un contexto en el que, a diferencia de lo ocurrido en 2008, la banca se presenta en esta crisis no como un problema sino como la solución, con unas ratios de solvencia óptimas, colaborando de forma eficaz con las administraciones, canalizando los créditos ICO, financiando con agilidad las empresas y adelantando prestaciones.

En un momento, además, en el que se empieza a cuestionar que los fondos europeos vayan a ser el maná caído del cielo que el Ejecutivo había prometido a los miembros de esta neonata 'smart people'. El retraso de los mismos y el frenazo de la recuperación han obligado a recortar la previsión de crecimiento para este año en 3,3 puntos.

Ni los fondos van a llegar tan rápido, ni van a resultar tan transformacionales. Para más inri, hay riesgo de que este Green New Deal se convierta en un coladero de escándalos camuflados de sostenibilidad y digitalización. Lo mismo que le ocurrió a la 'beauty' con Ibercorp. Tiempo al tiempo. Lo sucedido con Plus Ultra supone un aviso a navegantes.

Foto: Un avión de la aerolínea española Plus Ultra. (EFE) Opinión

El uso y abuso de la lengua, el tener la capacidad de popularizar vocablos que en realidad no significan lo que deberían significar, es una de las armas más efectivas y peligrosas que se emplean desde el poder. "El lenguaje no solo crea y piensa por mí, sino que guía a su vez mis emociones, dirige mi personalidad psíquica, tanto más cuanto mayores son la naturalidad y la inconsciencia con que yo me entrego a él", señalaba el filólogo Victor Klemperer.

A estos directivos de nuevo cuño han querido llamarles 'smart people'. Se refieren a ellos como 'smart people' cuando en realidad quieren decir nueva oligarquía empresarial. Es la paradoja lampedusiana: todo cambia para que toda siga igual.

Los llaman 'smart people'. El término sale de la fábrica de mercadotecnia de la Moncloa, muy del gusto de inventarse palabras —véase el caso de la 'nueva normalidad' durante la pandemia, que ni era nueva ni era normal— para crear marcos de referencia. Con ese nombre, denominan a esa nueva hornada de empresarios y altos ejecutivos, ora sostenibles, ora digitales, que han puesto su pica en los centros de poder espoleados por su cercanía al Gobierno socialista.

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