Iglesias o Rivera, al rescate para evitar segundas elecciones

Tanta regeneración en estos cinco años para terminar descubriendo que Podemos y Ciudadanos, en el fondo, simplemente buscaban mucho menos el interés general y más el personalista

Foto: Pedro Sánchez, Pablo Iglesias y Albert Rivera emitiendo sus votos. (EFE)
Pedro Sánchez, Pablo Iglesias y Albert Rivera emitiendo sus votos. (EFE)

Algunos purgados por Pablo Iglesias coinciden en que su antiguo líder "vive en una burbuja", "encerrado en un castillo", aunque no se refieren tanto al chalé como a un menguante olfato político. Lejos de la sierra agreste de Galapagar causa pudor que Iglesias se evada jugando a los memes por Twitter, mientras parece no importarle estrellarse en unas nuevas elecciones. Pero en el pueblo llano del Congreso, en cambio, se respira como que estas no van a producirse y habrá investidura. Ni Iglesias ni Rivera —se huele— tendrán interés en el último minuto en que Sánchez les despeñe convocando otros comicios.

Pues el PSOE tiene la posición de poder en el tablero. ¿Qué puede perder? El socialismo certificó su poderío en las cuatro elecciones: generales, municipales, autonómicas, europeas. Y el entorno del presidente lo tiene claro: ellos sí van a llevar su órdago hasta el final del gobierno en solitario. El "estoy muy loco", en realidad, no es la jugada de Iglesias, si no la de Pedro Sánchez. "No prometas lo que no puedas cumplir", diría Maquiavelo. Pero Sánchez sí puede ir a elecciones. Y con la altivez de quien se sabe ganador en cualquier escenario, recibirá el martes a sus tres rivales en Moncloa.

Pasa que Iglesias necesita un aterrizaje digno para no aparecer humillado. Desde el Ejecutivo replican lo de Anguita: "Programa, programa, programa". Pero este no será de tal ambición izquierdista, ni siquiera de socio preferente. Por ejemplo, el PSOE no prevé derogar la reforma laboral. ¿Podría soportar semejante golpe Podemos en el seno del Ejecutivo sanchista? El sagaz ministro Ábalos ya les avisó de que les iría "mejor" si evitaban la coalición. Los vicios populistas corren riesgo de estamparse contra la realidad decepcionante del día a día de la gestión política.

Segundo, el órdago de Iglesias se lleva mal con el futuro de Íñigo Errejón. Este podría celebrar el congreso fundacional de su partido en otoño. La consolidación de Más Madrid transcurriría en paralelo a la crisis de liderazgo más grave del tándem Iglesias-Montero. Y si Podemos se inmola hundiendo otra vez al presidente socialista, pudiendo haberle sacado al menos algún acuerdo, más personas querrán saltar del barco. El olfato de Galapagar se apreciará así del todo atrofiado —más todavía— si otros partidos ven una oportunidad en abstenerse.

El olfato de Galapagar se apreciará así del todo atrofiado —más todavía— si otros partidos ven una oportunidad en abstenerse

Sucede que a Ciudadanos tampoco le convienen nuevos comicios. Su utilidad quedaría seriamente cuestionada. Si Rivera repudia pactar con PP más Vox, pero tampoco impide que se repitan elecciones en España, ¿de qué sirve votarles? Hasta Ángel Gabilondo se sienta ya con Vox en Madrid, a modo de performance de la factoría sanchista. Además, la polarización electoral mermaría el centro. El voto a Cs quedaría como una forma de restar apoyos a la derecha y de bloquear al Sánchez más moderado de la historia. Ese que sopesa dejar gobernar a Navarra Suma para impedir que los 'separatistas' de Bildu sean decisivos.

La ambición de Rivera se revela así como una quimera imposible de satisfacer, sin antes mutilar a su propio partido. Sánchez acumularía dos cartas suculentas, frente a ese Cs que le quiere abrasar empujándole hacia los independentistas. La primera, restregar por toda España el caso navarro. Resulta que hasta el 'sanchismo' puede arrebatar el motivo fundacional a Cs: apartar al secesionismo. Encantado estaría Pablo Casado de entrar en esa ecuación para redoblar el revés. La segunda, el ejemplo de Manuel Valls dejando a ERC fuera de juego.

Curiosamente, aparecía Esperanza Aguirre en La Sexta Noche este sábado abanderando la abstención del Partido Popular

¿Y Pablo Casado? Curiosamente, aparecía Esperanza Aguirre en La Sexta Noche este sábado abanderando la abstención del Partido Popular. La expresidenta de la Comunidad no es nueva en esto de la política. Y con sus palabras, el valor de la abstención empieza a subir: sacar a Sánchez de las garras del nacionalismo. Aunque la estrategia intrínseca quizás sea presionar a Cs, pues no parece de esperar que los populares se abstengan. Sucede que unas nuevas elecciones no irían del todo mal a Casado. Recuperaría algo de voto de Vox, tras el subidón que le dieron los barones territoriales el 26-M.

Así, el egoísmo de Iglesias y Rivera es la variable más imprevisible del escenario político. Hay una máxima en las teorías de acción colectiva que dice así: "Las lógicas individuales conducen a escenarios de irracionalidad colectiva". En este caso, sería la lógica de los individuos lo que suicidaría a sus respectivas formaciones —en el corto plazo— si no dejan que Sánchez gobierne. Tanta regeneración en estos cinco años para terminar descubriendo que Podemos y Ciudadanos, en el fondo, simplemente buscaban mucho menos el interés general y más el personalista.

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