El 'gran padre' Vox, o el giro hacia la España desazonada

La estrategia de la formación dirigida por Santiago Abascal ha cambiado para este 10-N, hasta pasar desapercibida para unos rivales políticos que ya la veían en claro descenso

Foto: El líder de Vox, Santiago Abascal, en el cierre de campaña de la formación en Madrid. (EFE)
El líder de Vox, Santiago Abascal, en el cierre de campaña de la formación en Madrid. (EFE)

La estrategia de Vox ha cambiado para el 10-N, sigilosamente, hasta pasar desapercibida para unos rivales políticos que veían a la formación de ultraderecha menguante, o regresando al PP en unos años. Y es que Vox huye ahora de estridencias mediáticas que causen temor al votante, o de dirigirse a una porción minoritaria. Santiago Abascal busca ya parecer cálido, susurrando al oído de los ciudadanos hartos con el sistema y frustrados en sus expectativas vitales. Esto es, el 'gran padre' Vox, a proteger la España harta.

La ultraderecha española ha intensificado así las formas populistas de sus homólogos europeos (proteccionismo, inmigración, anti-élites) estos días, para dirigirse a una amplia masa de votantes desangelados. Ello implica camuflar —a ratos— su alma de derecha 'pija', ultraliberal (pensiones público-privadas…), sin obviar su proyecto iliberal (suprimir autonomías, cadena perpetua…), o sus convicciones conservadoras (gays, aborto...), rebajando sus toques épico-folclóricos, pero bajo unas buscadas formas moderadas.

Ese ha sido el sutil hilo conductor de toda la campaña, que culminó con Abascal agitando el señuelo de la derecha patriótica entre las clases populares, durante el debate electoral. "Son los ricos los únicos que pueden permitirse el lujo de no tener patria", soltó el líder de Vox, parafraseando un lema de Ramiro Ledesma Ramos, el fundador de la JONS y la Falange española. "Creo que para los españoles más humildes España es su único patrimonio", insistió Abascal, apelando a la conciencia del ciudadano.

Ello debería poner ya sobre la pista por dónde brujulea Vox: seducir a un país con una pulsión antipolítica muy elevada; donde el regeneracionismo de Ciudadanos fracasó tras negarle al PSOE los 180 escaños; Podemos se reparte sillas, sin ser ya antisistema o revolucionario; la precariedad que todavía sufren millones de españoles se cronifica; o donde poca esperanza hay de que el PSOE logre estabilidad tras el 10-N, con un sector del independentismo tomando las calles, al margen de que el Govern haya cesado las vías unilaterales.

La cúpula de Vox, en el cierre de campaña de la formación en Madrid. (EFE)
La cúpula de Vox, en el cierre de campaña de la formación en Madrid. (EFE)

Lo llamativo es que ese aire carismático que ahora rodea al líder de Vox, a lo 'gran padre patrio' —Abascal hasta apeló a la "concordia" sobre la historia de España— no se explotó hasta esta campaña. En la anterior, la estrategia fue la típica del 'trumpismo' de Bannon: mínima exposición del líder; criticar lo políticamente correcto; abrir polémicas (por ejemplo: armas); o huir de los medios de comunicación, a fin de tejer la idea de que había un gran apoyo a Vox, pero que estaba oculto, tal que eso empujase a otros al voto.

Sin embargo, los escasos 24 escaños de las generales del 28-A también han llevado a Vox a otras formas de presentar su ideario. Hubo un intento en Vox de hacer discurso de barrio obrero —estilo Marine Le Pen— en las elecciones autonómicas, y municipales del 26-M, sin que lograse un éxito significativo.

Ahora bien, su papel en la Comunidad de Madrid apoyando a PP y Cs mantuvo la idea de que eran la 'derecha pija', ante las demandas de Rocío Monasterio sobre la cuestión de los impuestos bajos.

Pero las formas de Abascal ya anuncian que existe un giro en búsqueda de ese aire paternalista, quizás preparando el terreno para una eventual crisis económica en unos años. Lo cierto, sin embargo, es que el líder de Vox ya plasmó en el libro-entrevista con Fernando-Sánchez Dragó, 'La España invertebrada', una forma de entender el patriotismo —que casa poco con lo que se esperaría de Vox— y el auge de partidos europeos similares, que tradicionalmente se han considerado los "ganadores de la crisis":

Abascal: Imagina un pobre padre al que se le suicida un hijo de 24 años… [tirándose al metro]. ¿Vamos a exigirle que, encima, pague el pato? Yo prefiero que sea el Estado quien eche una mano.

Dragó: Eso es socialismo y caridad forzosa.

Abascal: Yo creo que es sentido común.

(…)

Abascal: …hay gente que no se puede pagar un seguro para todo (…) [Si] hay un pastor que tiene ovejas, que vive de ellas modestísimamente, que se rompe la pierna y que no puede atenderlas, ¿vas a negarle tu ayuda?

(…)

Al cabo de unas páginas, Dragó concluye: "Tú, Santi, asignas al Estado funciones que a mí me parecen intromisiones, cuando no descaradas e intolerables extralimitaciones".

Más allá de la opinión plasmada en el libro, la metáfora del 'gran padre Vox' se produjo hace unos días en un parque, donde Monasterio y Espinosa de los Monteros se reunieron con unos jóvenes, a quienes les aconsejaron sobre la importancia de la lectura. Y ese será el giro formal de la ultraderecha, en adelante: calidez con el ciudadano de a pie, ofreciendo refugio ante el desasosiego político, frente a una clase política incapaz de ver más allá de los sondeos y el marketing, para sepultar su discurso iliberal y reaccionario.

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