Pedro Sánchez revienta la estrategia del "mientras tanto" de Aragonès
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Estefania Molina

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Pedro Sánchez revienta la estrategia del "mientras tanto" de Aragonès

No solo es ya el referéndum un imposible en vísperas de retomar la mesa de diálogo, sino el darle cierto trato sostenido de favor al soberanismo para alejarlo de las proclamas de secesión

placeholder Foto: El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el 'president' Pere Aragonès. (EFE)
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el 'president' Pere Aragonès. (EFE)

Pere Aragonès se mostraba decidido a montar el 'show' a cuenta de la ampliación del aeropuerto del Prat, con el viejo truco de manifestarse en contra Pedro Sánchez, para acabar asumiendo quizás la inversión como un mal inevitable —previa constancia de que ellos ya se habían quejado con ahínco—. Esto es, guardando así la cara ante sus juventudes ecologistas y el espectro Comuns. Pero Moncloa se plantó a las puertas de la Diada echando por tierra la estrategia del "mientras tanto" de ERC. Es decir: que no solo es ya el referéndum un imposible en vísperas de retomar la mesa de diálogo, sino también, el darle cierto trato sostenido de favor al soberanismo para alejarlo de las proclamas de secesión.

Eso es así porque la estrategia del "mientras tanto" de Aragonès consistía en venderle a las bases del 'procés' que mientras que no llegara el referéndum de autodeterminación ­—que no llegará nunca—, Esquerra estaba obligada a sentarse a negociar con el Gobierno las cuestiones del día a día —como expliqué hace semanas—. Es decir, una coartada doméstica para seguir gobernando una Generalitat autonomista de facto, pero obviando que de ningún modo habrá independencia ni consulta soberanista. 'Win-win': Sánchez no cedía lo que no podía ceder, y Aragonès ganaba tiempo ante Junts y CUP hasta la cuestión de confianza de 2023.

Por su parte, la coyuntura permitía a PSOE-PSC podía poner en práctica al fin el relato que llevaban años blandiendo sobre la resolución del conflicto en Cataluña. Esto es, que no hacía falta llegar al referéndum para reducir el apoyo al independentismo. Bastaba con impulsar una prolífica agenda reformista con que "seducir" de nuevo a 2 millones de catalanes: gestos, infraestructuras, financiación... No casualmente, quienes más cómodos han estado a lo largo de estas semanas eran el PSC y Ciutadans por el tinte autonomista de la jugada de la Moncloa.

Foto: Vista de la mesa presidencial del hemiciclo del Parlament de Cataluña. (EFE)

Y la estrategia salió tan bien que el Govern se abrió a un aeropuerto ampliado. Sin embargo, el pacto de la consejería dirigida por Jordi Puigneró (de Junts per Catalunya) con la ministra de Transportes pronto se ha convertido en un caramelo envenenado para ERC, debido al impacto de la cuestión ecológica mediante. Es decir, con un Aragonès entre la espada y la pared. De un lado, entre el descrédito en el flanco izquierdo con la dura competición del partido de Ada Colau, medio gobierno de Sánchez —Podemos— o la CUP. Aunque del otro, ERC acabara cediéndole al partido de Carles Puigdemont la bandera de los intereses del empresariado catalán.

A la sazón, la voladura de Moncloa tiene varios efectos. El primero, que cuestiona ahora el relato que llevan el PSOE y Sánchez blandiendo hace años sobre su afán de calmar al soberanismo y restablecer la convivencia más allá de los avatares del ‘procés’, vía inversiones o demás apoyos económicos. ­­­Eso, en el caso de que el Prat acabe resultando algo más que una anécdota. Segundo, pone ahora en serios apuros a Esquerra, que se presenta a sí misma de forma llamativa como la primera impresionada por lo ocurrido –aunque el plan era tomar La Ricarda el 19 de septiembre para la foto de la queja. Todo ello, a las puertas de la Diada menos movilizada en años.

Pese a ello, la realidad hoy en Cataluña es que las bases del 'procés' no se encuentran en el mismo punto álgido de 2017. Eso hace que los republicanos se beneficien de que una parte de sus adeptos sabe ya que sus líderes no están dispuestos a más penas de prisión. En consecuencia, ello desincentiva el hecho de salir a manifestarse en la Diada, jornada que otrora sirvió para alimentar la correa de transmisión de una calle que presionaba para más acciones unilaterales, como exhibición de fuerza civil. Ese papel de "grupo de presión" es hoy solo asumido por asociaciones como la Asamblea (ANC), de los pocos contrapoderes independentistas al propio Govern de la Generalitat.

Ciertos barones podrían verse lastimados por la percepción de favoritismo a Cataluña tras los indultos

Con todo, en el largo plazo el movimiento táctico de Moncloa podría empezar a pintar bastos para Aragonès, porque de mantenerse sostenido en el tiempo, podría anunciar ya un giro de timón por parte del presidente del Gobierno. Esto es: el intento de corregir cierto malestar en no pocas regiones de España por el mantra del "trato de favor" a los independentistas. A la postre, dejando a ERC vendida con su "mientras tanto", a lo vieja-nueva Convergencia pujolista.

Es un factor clave para el PSOE que las elecciones generales vayan a ser en el mismo año que las autonómicas. Ferraz se podría haber dado cuenta, ya que ciertos barones podrían verse lastimados por la percepción de favoritismo a Cataluña tras los indultos, en un contexto de crisis. Todo ello, sumado a un Sánchez dedicado a priorizar al Ejecutivo como plataforma electoral —enviando incluso a ministros a ganar elecciones, descuidando el tejido autonómico y municipal del partido—. E incluso, orquestando campañas autonómicas como la de Madrid desde la sede de Moncloa, en vez de fortalecer a sus territorios.

Foto: El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. (EFE) Opinión

Porque la realidad es que delante del PSOE está el Partido Popular, que se ha apuntado a eso de la España plural. A nivel estatal, se mantiene el discurso de la unidad de España a la greña con Vox. Pero, a nivel autonómico, hoy cada barón ha adaptado un discurso regional para acomodarse a su votante: a la madrileña, a la gallega, a la andaluza… Esto es: lo más parecido al PSOE de hace 15 años, descentralizado y un reino de taifas, que al de la línea del Sánchez de 2018-2021.

Pese a todo, el giro del Gobierno podría tener una última derivada: la de interpretarse como un órdago para rebajar las expectativas de Esquerra previas a la mesa de diálogo. PSOE y ERC necesitan estirar el chicle, al menos dos años, porque no habrá referéndum. Y tal vez el Prat solo sea la forma de dar un paso para atrás para dar otro hacia delante y acabar en el mismo sitio: ralentizando la mesa de diálogo soberanista mediante los desacuerdos y reconciliaciones en la agenda de inversiones.

Porque, de lo contrario, el presidente del Gobierno habrá reventado el relato sobre el que Aragonès pensaba deslizarse hasta las siguientes elecciones, el "mientras tanto" de ERC, así como el suyo propio, el socialista, sobre convivencia a cambio de inversiones.

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