Aragonès y la maniobra del "mientras tanto" contra Sánchez
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Estefania Molina

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Aragonès y la maniobra del "mientras tanto" contra Sánchez

Lo curioso es cómo ERC mantiene una especie de pacto silencioso de no agresión con Moncloa, pese a la debilidad de esta; lo que se ha hecho notar en estas semanas

placeholder Foto: El presidente catalán, en el pleno del Parlament. (EFE)
El presidente catalán, en el pleno del Parlament. (EFE)

La estrategia del "mientras tanto" de Pere Aragonès no es otra que la constatación evidente de que el proceso independentista tal y como se entendía hasta 2017 fracasó, por lo que a Esquerra Republicana solo le queda ahora gestionar la frustración de las bases, jugando a dos barajas para estirar al máximo la legislatura sin desgastarse. Los días pares, Aragonès planta la Conferencia de Presidentes Autonómicos, como gesto simbólico porque no se sienten una autonomía como el resto, y quieren relaciones bilaterales con España. Pero los días impares, ERC apoyará sin fisuras a Pedro Sánchez, aunque se intuya que este jamás accederá a un referéndum de independencia para Cataluña.

El término del "mientras tanto" no es una licencia literaria. Es la expresión más utilizada en los círculos republicanos, de forma expresa o indirecta. Aunque la connotación que le da ERC —he ahí la intencionalidad política del lenguaje— es la de "gestionar el mientras tanto", esto es, mientras que llegaría la independencia o el referéndum. De ese modo, Aragonès logra justificar ante el independentismo la recuperación de una agenda pragmática que bien podría avalar hasta un Govern de Ciutadans, o el PSC: reclamación de infraestructuras como el Aeropuerto de Barcelona, transferencias pendientes del Estado, becas, inversiones varias…

Foto: Aeropuerto de El Prat. (Reuters) Opinión

Y es que esta será la legislatura de la verdad en Cataluña, o la antesala a ese desenlace: que de la mesa de diálogo no saldrá lo que quiere el soberanismo. Aunque Sánchez hará encaje de bolillos para acomodar alguna suerte de consulta, ya sea sobre un nuevo Estatut, o cualquier otro acuerdo político. Y mientras tanto, ambos estirarán el chicle a conveniencia de sus necesidades. ERC avanzará en la agenda pragmática, mientras deja que la opinión pública se macere en el punto justo de resignación de que no habrá divorcio con España. Sánchez, a su vez, seguirá acudiendo al rescate de Esquerra para salvar votaciones en el Congreso de mayor o menor calado, como el reciente decreto ley sobre los interinos, que fue por los pelos.

Es por ello que del encuentro en la mesa de diálogo de este lunes no se esperan grandes avances. En primer lugar, porque Aragonès tiene plazo de dos años hasta su cuestión de confianza frente a la CUP y Junts. Por tanto, no es de suponer que ninguna de las partes vaya a poner boca arriba las cartas un caluroso lunes de agosto, para decepción del independentismo, cuando queda tanto tiempo por delante. Por otro lado, porque Sánchez necesita direccionar el timón de su Gobierno, y redefinir la estrategia a seguir en los años que quedan.

Más política, menos marketing, aunque eso cueste impugnar varios pilares que habían sustentado la imagen presidencial

Tanto es así, que solo hizo falta ver la comparecencia de fin de curso del presidente este mismo jueves para apreciar que la sensación de 'impasse' político rodea ahora al Gobierno, tras la purga gubernamental. Sánchez no fue el típico Sánchez, tan adaptado al marco polarizante de la política doméstica, y motivo por que se hubiera esperado que embistiera con fiereza contra Pablo Casado o Vox. Algún toque de atención clásico hubo sobre la renovación del CGPJ, pero poco más. Incluso, el presidente tampoco se deshizo en consignas publicitarias, pese al típico giro triunfal que dio sobre la recuperación económica —aunque eso lo habría hecho cualquier líder político de turno—. En esa ocasión, Sánchez cambió de tono y se vio.

Pasa que se empieza a apreciar sutilmente la salida de los anteriores asesores de marketing. Como expliqué la semana anterior, a la izquierda solo le quedan dos posibilidades de conservar el poder: primero, centrándose en la política real, en que la gente note en sus bolsillos la recuperación económica. Segundo, la recuperación territorial de las baronías del PSOE —explicada aquí— que se habían ido secando progresivamente. Más política, menos marketing, aunque eso cueste impugnar varios pilares que habían sustentado la imagen presidencial.

En consecuencia, nunca Sánchez dependió más del independentismo que ahora. Hace un año, el PSOE tenía el poder, y se debatía entre si quería pactar con Ciudadanos o con ERC unos presupuestos, pero lo primero ya no es posible por motivos de congruencia política en la coalición con Unidas Podemos. Hace un año, el Partido Popular estaba en absoluta debilidad política, porque aún Isabel Díaz Ayuso no se había merendado a Ciudadanos, empezando la reunificación del centroderecha, arrinconando a Vox.

Foto: El 'vicepresident' en funciones, Pere Aragonès. (EFE) Opinión

A la sazón, lo curioso es cómo Esquerra mantiene una especie de pacto silencioso de no agresión con Moncloa, pese a la debilidad de esta. Ello se ha hecho notar en numerosas ocasiones en estas semanas. Al independentismo no le cayó bien que la nueva portavoz del Gobierno sea Isabel Rodríguez, cercana a Emiliano García-Page, barón crítico con la figura del indulto a los 'exconsellers'. Tampoco gustó que el ministro Félix Bolaños diera el 'procés' por terminado. Menos aún, la actuación del Tribunal de Cuentas sobre los líderes del movimiento. Aunque los republicanos tienen buena coartada para no soltar a Sánchez. El propio PSOE-PSC no se muestra beligerante con sus alambicados intentos de pagar las fianzas a través de organismos del propio Govern.

De fondo, si Esquerra se puede permitir todo ello es porque el independentismo civil se encuentra dormido, aletargado, y Junts no tiene una estrategia política realista que no pase por más penas de prisión. No es solo motivo de la pandemia. Es también la asunción de fondo sobre que nunca se estará ya más cerca de lograr lo que se pensó que se podía lograr en 2017. Por otro lado, el indulto va dejando sin argumentos el manido mantra de la 'represión' que últimamente era lo único que aunaba los ánimos de dos fuerzas políticas rivales, y una sociedad ya muy hastiada con sus líderes.

Y es en esa mezcla de hastío, desasosiego, y para algunos, de incrédula esperanza, es donde se cuece fértil la estrategia del "mientras tanto" de Aragonès. Esta no lleva a la independencia, pero le sirve para gobernar la sociedad pospandémica que tiene en frente, con todas sus necesidades económicas y sociales. Unos días un gesto de desplante al Rey en la conferencia de Presidentes Autonómicos —un foro que políticamente no iba a decidir nada—, aunque días antes el 'conseller' Jaume Giró acudiera al Consejo de Política Fiscal y Financiera, donde ahí sí hay sustancia: se votan déficits y techos de gasto que le servirán a Sánchez para aprobar sus presupuestos. A saber, la maniobra del "mientras tanto".

La estrategia del "mientras tanto" de Pere Aragonès no es otra que la constatación evidente de que el proceso independentista tal y como se entendía hasta 2017 fracasó, por lo que a Esquerra Republicana solo le queda ahora gestionar la frustración de las bases, jugando a dos barajas para estirar al máximo la legislatura sin desgastarse. Los días pares, Aragonès planta la Conferencia de Presidentes Autonómicos, como gesto simbólico porque no se sienten una autonomía como el resto, y quieren relaciones bilaterales con España. Pero los días impares, ERC apoyará sin fisuras a Pedro Sánchez, aunque se intuya que este jamás accederá a un referéndum de independencia para Cataluña.

Pedro Sánchez Pere Aragonès