Carles Puigdemont, el riesgo del "independentismo mágico" contra Sánchez y ERC
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Estefania Molina

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Carles Puigdemont, el riesgo del "independentismo mágico" contra Sánchez y ERC

El Gobierno llega tarde a la repentina detención del político de Waterloo. Hasta este mismo verano se asumía que no volvería a España en el medio plazo

Foto: Carteles a favor del 'expresident' Carles Puigdemont. (EFE)
Carteles a favor del 'expresident' Carles Puigdemont. (EFE)

El relato de la distensión que ofrecían Pedro Sánchez y Pere Aragonès tras los indultos amaga con saltar por los aires con la detención de Carles Puigdemont, con independencia de si el 'expresident' terminará siendo devuelto a España en las próximas horas, o no, para ser juzgado. Eso es así, porque la pieza Puigdemont ha puesto en evidencia las trabas para curar las heridas del conflicto de forma efectiva, mientras uno de los líderes del 'procés' y de Junts siga deambulando por Europa. Es decir, mientras el independentismo civil crea tener un punto de fuga en el horizonte, una ficticia vía de escape, o mientras los hechos de 2017 no queden judicial y políticamente cerrados.

Pasa que la realidad de estos años ha sido el nutrido imaginario que ha recreado la figura de Puigdemont en el seno del movimiento. Ello se ha convenido en tildar de forma burlesca como "independentismo mágico" hasta por sus facciones más críticas. A saber: la creencia ilusoria de que el 'expresident' estaría recabando intensamente apoyos en otros países, logrando que algún político se posicione por su causa, acumulando así supuestas fuerzas para la secesión. Esa ilusión viene también alimentada por su condición de eurodiputado, sus conferencias, o por el hecho de que la Justicia no hubiera logrado hasta la fecha traerlo de vuelta.

placeholder Manifestación a favor del 'expresident' Carles Puigdemont. (Reuters)
Manifestación a favor del 'expresident' Carles Puigdemont. (Reuters)

Aunque ese discurso no sea el mayoritario, es un símbolo, y el hilo suelto que supone Puigdemont seguirá volviendo una y otra vez a la palestra española, aunque en esta ocasión tampoco acabase siendo entregado a las autoridades estatales. Primero, porque su no retorno mantiene vivos ciertos relatos del independentismo, y segundo, porque se convierte en un elemento con que Junts podría presionar a ERC para volver a reventar la mesa de diálogo.

En el primero de los casos, una parte del movimiento no ha tardado en desempolvar viejos mantras, que eran incluso previos a la concesión de los indultos, como lo del "malvado Estado español" que "persigue" a su líder por Europa, o lo de la presunta "venganza" de los tribunales por el limbo de la euroorden de detención. Esas consignas eran coreadas este mismo viernes a las puertas del consulado italiano. Allí se juntó la plana mayor del Govern, ERC y Junts, junto a algunos ciudadanos que aprovechaban que era festivo en Barcelona para manifestarse. Como si el resto de 'exconsellers' y los Jordis no estuvieran ya indultados.

La realidad ha golpeado a Sánchez y Aragonès duramente, justo en el momento más clarividente de la mesa de diálogo

De ese modo, la realidad ha golpeado a Sánchez y Aragonès duramente, justo en el momento más clarividente de la mesa de diálogo. Es decir, cuando ambos habían asumido que se necesitaban mutuamente para sobrevivir políticamente, y estaban dispuestos a darse ese tiempo. Para el presidente, que necesita para agotar la legislatura con el apoyo de ERC a los presupuestos generales. Para el 'president', que se verá enfrentando una cuestión de confianza de Junts y la CUP dentro de dos años, teniendo que ofrecer algún acuerdo que le permita superarla.

Pasa que de abrirse el periplo judicial para Puigdemont en España, el Govern de la Generalitat correrá serio riesgo de fractura entre los socios de la coalición. Se asumía hasta ahora que Junts necesitaba recursos, poder y financiación para seguir arraigando como nuevo partido. Eso explica en parte por qué decidió entrar a las instituciones y coger varias consejerías tras las elecciones del 14-F.

Ahora bien, el oportunismo puede abrir una ventana de oportunidad para los junteros con el trasiego de su líder, a medida que se acercaran unos comicios. Eso, aunque su alternativa a ERC no sea en absoluto realista: ni "levantar" la declaración unilateral, ni acabar en el banquillo para enfrentarse a más penas de prisión.

Todo ello podría volver a tensar, a su vez, la mesa de diálogo Sánchez-Aragonès, tras el de boicot de Junts la semana anterior

Todo ello podría volver a tensar, a su vez, la mesa de diálogo Sánchez-Aragonès, tras el de boicot de Junts la semana anterior. El partido de Puigdemont podría presionar al 'president' de la Generalitat para que pida la liberación de su líder. Aunque las bases del 'procés' estén ahora más desinflamadas que en 2017 no quiere decir que los junteros no intenten explorar esa vía de desgaste.

Sin embargo, no es de esperar que Aragonès tenga incentivo alguno en romper con Sánchez aunque no obtenga nada. Como expliqué la semana anterior, el 'Tripartit encubierto' o el 'Tripartit por la puerta de atrás' que se vio reflejado en la foto del diálogo —PSOE, Podemos, ERC— provee de réditos electorales a los republicanos, que se visibilizan como la vía posibilista entre unos y otros.

A la sazón, el Gobierno llega tarde a la repentina detención del político de Waterloo. Hasta este verano se asumía que no volvería a España en el medio plazo. De ese modo, ni la reforma del delito de sedición ha sido impulsada, ni el Gobierno preveía darle el indulto anticipado al político catalán —al menos, esta era la doctrina del anterior titular de Justicia, Juan Carlos Campo—. Esto es, mediante una previsión en la ley que permite conceder la medida de gracia a quien tuviera una causa abierta por los delitos de sedición o rebelión, sin necesidad de sentencia en firme. No ocurriría así en el caso de la malversación, por lo que sí debería ser juzgado, y por lo que, efectivamente, se pondría en marcha el periplo judicial.

Foto: Protestas a favor de Puigdemont, en Barcelona. (EFE)

Sea como fuere, cualquiera de esas dos vías haría que la oposición se echara encima de Sánchez, en un momento en que el Ejecutivo prefería que el foco mediático esté en la recuperación económica para llegar hasta las elecciones del 2023. La derecha, en cambio, poco ha tardado en echarse al cuello de la Moncloa, por lo que pudiera ocurrir en adelante.

Pese a ello, el Partido Popular tiene ya un historial de haber constatado que no siempre le sale bien hurgar en la herida territorial, como se apreció en la pasada manifestación de Colón por los indultos. A ratos, una parte de la derecha acabó increpando a Pablo Casado por el fracaso de gestión de Mariano Rajoy. Lo mismo podría pasar ahora con la detención de Puigdemont, que se puede acabar convirtiendo en un arma de doble filo para el PP, si Vox acaba recordando quién gobernaba cuando este huyó de España en 2017: el expresidente Rajoy.

El relato de la distensión que ofrecían Pedro Sánchez y Pere Aragonès tras los indultos amaga con saltar por los aires con la detención de Carles Puigdemont, con independencia de si el 'expresident' terminará siendo devuelto a España en las próximas horas, o no, para ser juzgado. Eso es así, porque la pieza Puigdemont ha puesto en evidencia las trabas para curar las heridas del conflicto de forma efectiva, mientras uno de los líderes del 'procés' y de Junts siga deambulando por Europa. Es decir, mientras el independentismo civil crea tener un punto de fuga en el horizonte, una ficticia vía de escape, o mientras los hechos de 2017 no queden judicial y políticamente cerrados.

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