La revolución de los 'botiflers'

Circula la teoría de que el Gobierno de Rajoy y el de Puigdemont han alcanzado un acuerdo secreto para una aplicación 'light' del 155, seguida de una reacción tibia de los independentistas

Foto: El presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont (c), realiza una declaración en las escalinatas del Parlament tras aprobarse la declaración de independencia. (EFE)
El presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont (c), realiza una declaración en las escalinatas del Parlament tras aprobarse la declaración de independencia. (EFE)

Son horas procelosas las que lleva de vida la República Catalana. No sabemos si Carles Puigdemont está de turismo en Bruselas o se dispone a anunciar un gobierno en el exilio, del mismo modo que el fin de semana jugaba al despiste sobre si era el líder de una revolución en armas o un entrañable expresidente paseando por su ciudad natal, acompañado de su familia en una apacible tarde otoñal. Mientras, destacados dirigentes de ERC y Podem se intercambian mensajes en las redes sociales: Gabriel Rufián (si no exisitiese, tendríamos que inventarlo), al que normalmente se le hacen largos los 140 caracteres de Twitter para explicar su filosofía política, necesitó apenas 30 para escribir: “Front Ampli per la República”.

Como le pasaba al mismo oráculo de Delfos, o más recientemente a Donald Trump, los pronunciamientos de Rufián no siempre se entienden sin explicaciones al pie de página. Él mismo se encargó de traducir su pensamiento en un segundo tuit, dirigido al diputado de Podem Albano-Dante: "Albano, encontrémonos en un frente amplio constituyente frente al 21/12 autonómico golpista de PPSOECs. República en legítima defensa". Por si semejante frase no resulta suficiente para hacer la luz, aquí va mi modesto intento de leer a través de la abstracción "rufianista": ERC proponía a Podem presentar listas conjuntas en las elecciones autonómicas convocadas para el próximo 21D. El "Frent Ampli". Analicemos las complejas fuerzas que compondrían este "frente amplio". Al hacerlo, tendremos más claridad sobre lo que ocurrió en las frenéticas horas que condujeron a la proclamación de la República catalana.

Hacía referencia hace unas semanas a las negociaciones entre Henry Kissinger y Le Duc Tho a principios de los setenta. Es verdad que la complejidad de este episodio palidece en comparación con la que rodea el "front ampli" catalán, pero la referencia a Kissinger sigue siendo válida por otros motivos: Kissinger representa, mejor que ningún otro personaje histórico, la triste realidad de la política. La política viene determinada, en el 90% de los casos, por las relaciones de poder subyacentes (en cuyo análisis y estrategia la sagacidad de Kissinger era inigualable). Pero en el 10% restante (los porcentajes son obviamente una burda aproximación), la política depende del factor humano. Quién mejor que Kissinger para contarlo: después de diseñar la mayor transformación de la política exterior norteamericana en la segunda mitad del siglo XX (los acuerdos de paz en Vietnam, la apertura a China, la détente con la URSS) vio cómo todo se venía abajo cuando se descubrió que su jefe, el presidente Nixon, pagaba desde la misma Casa Blanca a rateros de tres al cuarto para asaltar las oficinas de sus adversarios políticos.

Un análisis objetivo indicaba que una convocatoria de elecciones autonómicas 'in extremis' era la mejor baza para el independentismo

Volvamos a Cataluña: en mi opinión, un análisis objetivo indicaba que una convocatoria de elecciones autonómicas 'in extremis' era la mejor baza para el independentismo: la DUI es un callejón sin salida, que solo demuestra la absoluta soledad internacional del 'procés' (hasta la fecha, ni siquiera Venezuela o Corea del Norte han reconocido la independencia catalana), abre de forma inevitable el camino penal para sus dirigentes, y, tal vez lo más importante, arrebata a los independentistas el control de la Administración catalana durante el período preelectoral. Sobre esto último, basta señalar que los nacionalistas catalanes, ahora independentistas, han estado en la sala de mandos en todas las elecciones autonómicas desde 1980 (en las únicas dos legislaturas en las que CIU estuvo en la oposición, ERC estuvo en el gobierno).

La vía de las elecciones autonómicas 'in extremis' era, por otros motivos, también la preferida por el Gobierno de Rajoy. ¿Por qué, entonces, si unos y otros preferían una cosa, acabó sucediendo la contraria? Aquí es donde entra en juego el factor humano. Mucho se ha hablado del 'chicken game' que han jugado Gobierno y Generalitat durante las últimas semanas: "Ai hay DUI, aplico el 155", decían unos. "Si hay 155, declaro la DUI", respondían los otros. Lo normal en estos casos es que no haya ni DUI ni 155. Así, por ejemplo, vivimos cuarenta años de guerra fría sin que ninguna de las potencias apretase el botón nuclear. En Cataluña, las elecciones autonómicas anticipadas eran el equilibrio natural. Sin embargo, sucedió que, dentro del independentismo, tuvo lugar otro 'chicken game' particular. Podríamos llamarlo el 'botifler game'.

Los independentistas sabían que las elecciones anticipadas eran su mejor salida. Pero se miraban unos a otros para ver quién era el primero en decirlo. Quien diese el primer paso se convertiría en el 'botifler' del 'procés', el traidor de una causa por la que tanto sudor y lágrimas (y hasta alguna gota de sangre) habían derramado los catalanes. A Puigdemont, por su condición de 'president', le correspondía anunciar la convocatoria de elecciones. No cabe duda de que cuando el jueves se disponía a hacerlo, contaba con el acuerdo de su principal socio de gobierno, ERC.

Pero la jugada era demasiado transparente, así que las masas independentistas entraron en combustión. En parte para calmarlas, pero sobre todo para salvaguardar su posición el día de mañana, ERC dio una vuelta de tuerca más. Si convocas elecciones, le dijeron a Puigdemont, salimos de tu gobierno. Se trataba de hacerle creer al mundo que el 'procés' había frenado en el último instante por la traición de un Judas Iscariote, un acto individual que se había interpuesto fatalmente, frustrando la voluntad decidida de un solo pueblo dispuesto a caminar hacia la independencia. Y Puigdemont, que de enredador veletoso tiene un rato pero vocación de mártir ninguna, decidió ser Poncio Pilatos en lugar de Judas, y se echó a un lado, pasando la pelota al tejado del Parlament.

El transcurso de la jornada en el Parlament fue el segundo acto del drama. JxSi registró una moción que proclamaba la República Catalana de refilón, mencionándola de pasada en la parte expositiva. Según dejó claro la presidenta, esta parte no se sometía a votación. Para cerrar la jugada, se acordó además que el voto fuese secreto (no lo había sido en la votación de las mociones del resto de partidos), y convenientemente aparecieron dos abstenciones entre las filas independentistas, suficientes para que cuando tengan que testificar ante el juez, todos puedan atribuirse este comportamiento exculpatorio.

En resumen, el Parlament no hizo una declaración sino un susurro de independencia. Si George Washington y el resto de 'founding fathers' hubiesen declarado así la independencia americana, Isabel II tendría su casa de verano en Baltimore en lugar de en Balmoral. Y no porque los ingleses hubiesen ganado la guerra, sino simplemente porque no se habrían enterado de que había tenido lugar una.

Si Washington y el resto de 'founding fathers' hubiesen declarado así la independencia americana, Isabel II tendría su casa de verano en Baltimore

Así que, como la independencia americana, la de la Republica de Cataluña también nació con un repiqueteo: la primera, el de la campana de la libertad, que todavía se conserva en Filadelfia. La independencia catalana, con un sonido algo distinto: el que hacían al temblar las piernas de sus pusilánimes líderes. La revolución de los 'botiflers'.

Algunos pensaron que la revolución de verdad empezaría el lunes. Que exhaustos después de semanas de infarto, los líderes de la revolución necesitaban unas horas para recobrar sus bríos y comenzar la construcción de la nueva república. Pero llegó el lunes y los actores siguieron sin salir. Algo va mal, pensaban algunos avispados independentistas mientras miraban la bandera española ondeando en Sant Jaume. Ni un solo trabajador de la Generalitat, ni tan siquiera uno enmascarado, se atrevió a arriarla. Ni uno solo de los líderes lo ordenó.

Circula la teoría de que el Gobierno de Rajoy y el de Puigdemont han alcanzado un acuerdo secreto para una aplicación 'light' del 155, seguida de una reacción tibia de los independentistas. Me cuesta creerlo. Para firmar un acuerdo secreto se necesitan muchas agallas. El riesgo de que se desvele es muy alto. Y entre los líderes de la revolución hay mucho tuit y mucha cursilería, pero agallas de verdad, de las de estampar la firma en un decreto o enseñar la papeleta a las cámaras mientras se vota, hasta ahora más bien ninguna. Más que un pacto secreto, lo que ha ocurrido es que el Gobierno de Rajoy se ha dado cuenta que enfrente no tiene al ejército de Pancho Villa, sino al del General Pétain. Y lo más inteligente es, a enemigo que huye, ponerle un puente de plata, no volarlo por los aires.

Lo más inteligente es, a enemigo que huye, ponerle un puente de plata, no volarlo por los aires

Volvamos al "front ampli" y al análisis frío, porque al fin y al cabo el factor humano es el más difícil de predecir. ¿Es viable? ¿Cuáles son sus ventajas e inconvenientes para los distintos actores? Para ERC, el proceso constituyente le permitiría ponerse al mando, sacudirse la pesada carga de la antigua CIU y la sombra del 3% que ha mancillado el buen nombre del 'procés', y aprovechar el viento de cola de la movilización ciudadana de los últimos años. El camino a la independencia será igualmente incierto. Pero al menos ahora conducirán ellos y no tendrán que cargar con el pujolismo en el maletero.

Para Podemos (mejor dicho, para Pablo Iglesias) el proceso constituyente reúne tres características que lo deben hacer irresistible: desestabiliza al sistema, da protagonismo a Podemos y excluye a los socialistas. Y para la CUP el "frente amplio" viste el procés de un traje más social que nacionalista, una vieja aspiración cupera. En su versión más extrema, podría parecerse a la revolución catalana vivida durante los primeros compases de la guerra civil española.

Pero el "frente amplio" también tiene contradicciones: para ERC pero, sobre todo para la CUP, participar en las elecciones del 21-D supone el reconocimiento implícito de que la legalidad constitucional sigue vigente en Cataluña, una contradicción casi insalvable. Para Podemos, tensiona aún más sus frágiles costuras territoriales, y acelera el desgaste que ya se observa en las encuestas. Podemos ha reaccionado de forma fulminante apartando a Albano-Dante del partido en Cataluña (le han aplicado el 155, para entendernos).

Haya lista única o acuerdo posterior, la negociación entre morados e independentistas será como hacer encaje de bolillos en una jaula de grillos en celo

Haya lista única o acuerdo posterior, la negociación entre morados e independentistas será como hacer encaje de bolillos en una jaula de grillos en celo: por un lado, están Podemos, sus confluencias, Colau, Albano-Dante y los Coscubielas; por el lado de los 'indepes' las organizaciones civiles ANC y Ómnium (cuyos líderes encarcelados se han convertido en la reserva espiritual del independentismo), mientras tiene lugar una transición en la hegemonía del PDeCAT a ERC (tradicionalmente el momento más delicado para cualquier organización). Y todo ello además hay que negociarlo en apenas unos días, dado que la convocatoria electoral ya está en marcha.

Y, finalmente, está el factor humano. Porque antes o después las bases independentistas caerán en la cuenta de que sus líderes han abandonado el barco, que el 'procés' se convirtió de la noche a la mañana en la revolución de los 'botiflers'. Vaya por delante mi sincera simpatía por los verdaderos 'botiflers': los que ponen a su familia por delante de una patria que nunca llegará. Mi máximo respeto a los que dudan por las noches, a los que cambian de criterio. No hay nada más peligroso que ponerse la coherencia por bandera.

Las bases 'indepe' caerán en la cuenta de que sus líderes han abandonado el barco, que el 'procés' se convirtió en la revolución de los 'botiflers'

El problema de los 'botiflers' que han liderado el proceso soberanista es que son de otro tipo: de los que encienden la mecha y atizan los sentimientos ajenos (“Cometeréis un delito y una traición a la tierra” le dijo Tardá a los estudiantes), pero cuando llega su propio turno, cuando los llaman por su nombre y tienen que sacrificarse, les entra un ataque gástrico y salen corriendo al baño. O a Bruselas, que viene a ser lo mismo, dejando a medio Govern colgado, a Trapero sin pasaporte y a los Jordis entre rejas. Y todo ello mientras piden “paciencia y perseverancia”, como hacía Junqueras el sábado.

Los 'botiflers' fueron los aristócratas catalanes que se pusieron del lado de Felipe V durante la guerra de sucesión. Ganaron la guerra y extendieron su poder local, que han dominado casi sin discontinuidad desde hace trescientos años. Que con el transcurso del tiempo el término 'botifler' se haya convertido en un insulto que utilizan los descendientes de los propios 'botiflers' para descalificar a sus adversarios, es algo que solo puede ocurrir en el laberinto de realidades paralelas que es Cataluña. Durante los próximos meses tendremos ocasión de comprobar si, una vez más, la política catalana vuelve a ser un juego de once contra once en el que siempre ganan los mismos, o esta vez los 'botiflers', al menos, van a pagar una ronda.

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