¿Se equivoca Ciudadanos al decirle no al PSOE?

Ciudadanos ha preferido despejar la duda desde el principio de campaña: Sánchez solo será presidente si la mayoría de la moción de censura alcanza los 176 diputados. Punto

Foto: El secretario general del PSOE, Pedro Sánchez (d), y el líder de Ciudadanos, Albert Rivera. (EFE)
El secretario general del PSOE, Pedro Sánchez (d), y el líder de Ciudadanos, Albert Rivera. (EFE)

Arranca una apasionante campaña electoral. Está en juego, ni más ni menos, volver a tener un Gobierno plenamente funcional, algo que me atrevería a decir ha faltado en nuestro país desde diciembre de 2015. El inicio de la campaña ha estado protagonizado por el anuncio de Ciudadanos de que no alcanzará ningún pacto poselectoral “ni con Pedro Sánchez ni con el PSOE”.

Vaya por delante que en general no soy partidario de vetos ni de atarse las manos en los acuerdos poselectorales. La política es el arte de lo posible, y los políticos deben ser capaces de gestionar los resultados que salgan de las urnas, sean los que sean, más que anunciar líneas rojas que no hacen sino dificultar los futuros acuerdos. Cuando tienen que desdecirse, además (lo que en muchas ocasiones es inevitable), se abona en la ciudadanía una desconfianza hacia la propia clase política que acaba extendiéndose por ósmosis, como siempre se extienden las sospechas, a las propias instituciones.

Dicho lo cual, también es cierto que arrojar claridad sobre los futuros acuerdos fortalece la transparencia de los procesos electorales, ya que permite a los ciudadanos decidir su voto considerando uno de los elementos más importantes. Los acuerdos constituyen un anticipo sobre las medidas que los partidos pondrán en práctica en caso de tener responsabilidades de gobierno. Como dice el refrán, “dime con quién andas y te diré quién eres”.

El anuncio de Ciudadanos ha provocado una cierta sorpresa: al hacerlo, pareciera que la formación naranja renunciaba a la transversalidad política de la que ha hecho gala desde su salto a la política nacional. Muchos comentaristas se han apresurado a señalar (argumento que Pedro Sánchez ha hecho suyo, o viceversa) que mientras Ciudadanos se negaba a negociar “ni con Pedro Sánchez ni con el PSOE”, no ponía ninguna línea roja a Vox, el verdadero elefante en la habitación de estas elecciones. El argumento es un tanto retorcido: mientras el PSOE lidera el Gobierno y la mayoría de encuestas, Vox es una formación extraparlamentaria a la que la encuesta más generosa apenas concede poco más del 10% de la intención de voto.

A pesar de ser una estrategia no exenta de riesgos, está mejor enfocada de lo que parece: porque a quien ha roto la estrategia electoral ha sido al PSOE

Reconozco en todo caso mi sorpresa inicial por el anuncio de Ciudadanos. En una segunda derivada, sin embargo, creo que a pesar de ser una estrategia no exenta de riesgos, está mejor enfocada de lo que parece: porque a quien verdaderamente ha roto la estrategia electoral ha sido al PSOE de Pedro Sánchez. Y, en segundo lugar, porque no creo que limite la capacidad de Ciudadanos de atraerse a votantes descontentos con los socialistas. Trataré de explicar los motivos que me llevan a pensarlo.

La estrategia política de Pedro Sánchez ha sido evidente desde el minuto posterior a que triunfase la moción de censura. Construir un 'Gobierno bonito', recibir un impulso electoral y convocar las elecciones en el momento más apropiado para alcanzar una mayoría suficiente que le permitiese gobernar con... Ciudadanos. ¿Con Ciudadanos? Así lo creo.

El PSOE y Podemos no son socios naturales de gobierno, sino antagonistas, más preocupados por fagocitarse mutuamente sus respectivos espacios electorales (que en el fondo son el mismo) que por cooperar constructivamente. Esto siempre lo había advertido con mayor claridad Iglesias que Sánchez, aunque últimamente las tornas se están equilibrando. No me parece una casualidad que Sánchez haya convocado elecciones no en el momento en que el PSOE tenía mejores expectativas electorales sino en el que peores las tenía Podemos. Algo que nunca hubiese hecho si su verdadera intención fuese reeditar el acuerdo con los morados.

Todavía más evidente es que el plan de Sánchez (el plan A, quiero decir) pasaba por prescindir de los independentistas en la segunda parte de su mandato. Es obvio que en la actual coyuntura política es inviable gobernar con ellos. Basta pensar qué ocurrirá cuando se produzca la sentencia en el juicio contra los líderes del 'procés' que estos días se sustancia en el Tribunal Supremo. Previsiblemente, muchos pueden recibir condenas de varias decenas de años de cárcel. Los partidos independentistas solicitarán inmediatamente el indulto para los condenados.

¿Qué ocurrirá si para entonces el Gobierno de Pedro Sánchez necesita a estos partidos para sacar adelante sus Presupuestos o sostener la mayoría parlamentaria? Ríanse ustedes de lo que ha ocurrido estas semanas a cuenta del relator. Las costuras del PSOE reventarán por los costados. Un Gobierno que depende de los independentistas para su supervivencia política no podrá conceder los indultos, pero tampoco podrá negárselos.

La coalición Frankenstein es en realidad una 'coalición fake'. Pedro Sánchez la ha utilizado en su provecho para mejorar sus expectativas electorales, pero a poco que su jefe de gabinete tenga una ínfima parte de la intuición política que se autoatribuye, debe saber sin asomo de duda que no se puede construir un Gobierno estable, al menos en la actual coyuntura política, con el apoyo de Podemos y de los independentistas. Por eso, insisto, el plan de Sánchez siempre fue otro: ganar las próximas elecciones fagocitando a Podemos, y una vez constatada la imposibilidad de formar Gobierno alrededor de la 'mayoría de la moción de censura', echar mano del posibilismo que siempre ha caracterizado a Ciudadanos, para formar un Ejecutivo de centro izquierda con el que gobernar cómodamente durante los próximos años. Jugada maestra, Iván.

El problema de los planes políticos es que cuando se ven desde lejos, permiten a los adversarios anticipar los movimientos. Y esto precisamente es lo que ha sucedido en este caso. Ciudadanos ha preferido despejar la duda desde el principio de campaña: Sánchez solo será presidente si la mayoría de la moción de censura (es decir, PSOE, Podemos, PNV y los independentistas) alcanza los 176 diputados. Punto. Es muy difícil que lo logren: el PSOE no absorberá todo el voto que pierda Podemos (siempre quedan comunistas irredentos biológicamente incapaces de votar a los socialistas), y además al caer Podemos a la cuarta posición se ve penalizado en el reparto de escaños. Pero es que incluso si lograsen revalidar la mayoría, le auguro una corta vida a ese Gobierno, por los motivos ya señalados. En mi opinión, es una apuesta bastante segura decir que Pedro Sánchez no será presidente en 2020.

¿Afecta este anuncio a las expectativas electorales de Ciudadanos? La interpretación general es que, al renunciar a negociar con el PSOE, Ciudadanos renunciaba también al votante de centro izquierda, limitando su espacio electoral al territorio de la derecha, donde ya pugnan a cara de perro Vox y el PP. De nuevo, esta puede ser una conclusión precipitada. Es conocido que la ubicación ideológica de Ciudadanos se ha escorado a la derecha en los últimos meses (según el último CIS, se sitúa en el 7 en la escala de 1 a 10). Lo que es menos conocido es que este escoramiento es el resultado, sobre todo, de la percepción entre los votantes del PSOE y de Podemos. Es decir, son los votantes de izquierdas los que ven a Ciudadanos 'derechizado'.

En mi opinión, una de las principales razones de ello ha sido la fuerte oposición de Ciudadanos al Gobierno de Pedro Sánchez, en algunos aspectos (como los 'dedazos' en las empresas públicas o las dudas sobre su tesis) mucho más firme que la de Pablo Casado. La formación del nuevo Gobierno andaluz y la foto de Colón, sin duda, también habrán contribuido a este creciente divorcio entre Ciudadanos y los votantes de izquierdas. Pero con independencia de cuáles sean sus causas, lo relevante es que este distanciamiento ya existía y Ciudadanos no estaba en condiciones de seducir a estos votantes a través de sus propuestas.

Si Ciudadanos consigue atraer a antiguos votantes socialistas no será apelando a sus corazones, sino a través de un ejercicio de 'realpolitik'

O dicho de otro modo, si Ciudadanos consigue atraer a antiguos votantes socialistas no será apelando a sus corazones, sino a través de un ejercicio de 'realpolitik': convencerlos de que las elecciones son binarias, Rivera o Casado, y que el líder de Ciudadanos es el voto útil, la menos mala de sus opciones. Y para conseguirlo, nada mejor que achicar el espacio político de Sánchez, limitándolo a la coalición Frankenstein.

Porque muchos votantes socialistas habrán llegado a la conclusión en los últimos meses de que esta coalición es inviable; si durante la campaña electoral se convencen de que Frankenstein es el único plato que puede cocinar Sánchez, podrían plantearse elegir otras opciones del menú. Y Rivera será el mejor situado para muchos de ellos (según el CIS, Ciudadanos es la segunda opción preferida para la mayoría de votantes, en caso de que decidan no votar por la primera).

El multipartidismo español es bastante particular: no es que haya muchos partidos, sino que todos tienen vocación mayoritaria. Tenemos dos partidos (PSOE y PP) que, aunque menguantes, conservan su aspiración de liderar el Gobierno. Un partido que fue 'bisagra' (Ciudadanos) pero que ha decidido definitivamente convertirse en una opción mayoritaria, que es en última instancia lo que explica su negativa a pactar con los socialistas. E incluso hay un cuarto partido (Podemos) que, aunque nunca fue mayoritario, siempre pensó que estaba llamado a serlo. Por este motivo, sospecho que el multipartidismo español es una estación de paso. Al menos, disfrutemos de este episodio.

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