¿Novia a la fuga o matrimonio de conveniencia?

A estas alturas todavía no lo sabemos, y seguramente tengamos que esperar hasta el último minuto para saber si hay un Gobierno de coalición o una investidura fallida

Foto: Pablo Iglesias y Pedro Sánchez, en un encuentro en Moncloa. (Reuters)
Pablo Iglesias y Pedro Sánchez, en un encuentro en Moncloa. (Reuters)

¿Qué nos espera hoy en la segunda votación de la investidura de Pedro Sánchez? ¿Plantón en el altar o capitulaciones matrimoniales? ¿Novia a la fuga o matrimonio de conveniencia?

A estas alturas todavía no lo sabemos, y seguramente tengamos que esperar hasta el último minuto para saber si hay un Gobierno de coalición o una investidura fallida. Quizás la mejor manera de entender el interés de Podemos y las reservas del PSOE sea preguntarnos cómo sería este Gobierno. Dediquemos unos minutos a recrearlo.

Decía el viejo señor Swann que pensaba en su difunta esposa “muy a menudo, pero poquito en cada vez”. Con el Gobierno de coalición pasa algo parecido: llevamos hablando de él desde hace mucho tiempo, pero de a poquito. ¿Cómo sería realmente?

  • Un Gobierno “Frankenstein”. En primer lugar, un Gobierno de coalición entre PSOE y Podemos será efectivamente un Gobierno “Frankenstein”: entre ambos suman 165 escaños (166 sumando al diputado de Compromis). Ni siquiera sumando el PNV (6 diputados) es suficiente. El nuevo Gobierno deberá contar con los independentistas catalanes (o con Bildu, aunque últimamente van de la mano) para sacar adelante sus iniciativas. ¿Existe otra opción? Olvídense: un Gobierno en solitario de los socialistas podía buscar apoyos a uno y otro lado del hemiciclo. Así ha ocurrido de hecho en el último año, durante el Gobierno en solitario de Sánchez. Ciudadanos y PP han votado a favor de la convalidación de muchos decretos-leyes. No será así con el nuevo Gobierno, cuyo espacio político se estrecha notablemente.

Un Gobierno en solitario del PSOE supondría buscar apoyos a uno y otro lado del hemiciclo, como ha pasado durante el último año de Sánchez

  • Un “Gobierno bonito”... de los ministros de Podemos. Cualquier Gobierno que se estrena suele ser recibido como un soplo de aire fresco por el electorado. En la naturaleza humana está la debilidad por las caras nuevas, la savia rejuvenecida, y las lunas de miel. Así sucedió hace un año con el llamado “Gobierno bonito” de Pedro Sánchez. Esta vez, sin embargo, incluso aunque haya caras nuevas entre los socialistas (en algunos casos obligadas, como en el Ministerio de Exteriores) la principal novedad política será la presencia de ministros de Podemos en el Gabinete. Presumiblemente, además, con perfiles con mayor repercusión mediática (Irene Montero, Pablo Echenique, etc.) que los relativamente desconocidos ministros socialistas. Y para completar el cuadro, en ministerios de fuerte contenido social, desde donde pueden impulsar una agenda de propuestas que monopolice los primeros meses del Ejecutivo.

  • El final de la fórmula “Gobierno centrista en Europa y de izquierdas en España”. Hasta ahora, Pedro Sánchez había utilizado una fórmula que ha resultado muy efectiva: fuera de nuestras fronteras, se presentaba como un líder moderado y centrista (una especie de alter ego de Macron o Trudeau). En nuestro país, en cambio, agitaba las banderas más emocionales de la izquierda (exhumación de Franco, enfrentamientos con la Iglesia, etc.). A partir de ahora, en cambio, la fórmula será exactamente la contraria: en Europa, el Gobierno español estará situado en el extremo izquierdo del espectro (mas cerca de Tsipras que de Macron o Trudeau). Y dentro de nuestro país, Sánchez y el resto de ministros socialistas se verán obligado a hacer de “aguafiestas” de los impulsos más izquierdistas de sus compañeros de gabinete. Por ejemplo, imaginemos que un Ministro de Trabajo de Podemos propone una subida del salario mínimo a 1.200 euros, o que un Ministro de Energía propone la bajada de la tarifa eléctrica a cambio de un impuesto extraordinario sobre los beneficios de las compañías.

Lo previsible es que estas propuestas recibiesen una respuesta atemperada por parte de los socialistas, y (en el mejor de los casos) se alcanzase un punto intermedio. Pero incluso si es así (es decir, si el Gobierno de coalición funciona correctamente y encuentra su punto de equilibrio) los socialistas desempeñarán el papel de los “malos” de la negociación interna, mientras los ministros de Podemos serán los “buenos”. “Aguafiestas” en España y radicales en Europa. Será una mutación doble a la que tendrán que acostumbrarse los socialistas.

  • Acordar los desacuerdos. Comentaba en el párrafo anterior los desacuerdos que pueden producirse en el seno del Gabinete, entre las propuestas más radicales de Podemos y las menos fogosas de los socialistas. Pero hay algunos temas en los que será prácticamente imposible acordar los desacuerdos. La primera prueba de fuego será la sentencia contra los lideres soberanistas, pero no será la única: Trump está lanzando señales de creciente impaciencia con el régimen de Maduro en Venezuela. ¿Cómo gestionará el Gobierno de coalición estos desacuerdos insalvables?

  • Una aguda desconfianza interna. Incluso si finalmente ve la luz, el Gobierno de coalición nacerá en medio de un clima de desconfianza interna que no augura nada positivo. Los socialistas han vetado al líder de Podemos mientras daban repetidas muestras de no sentirse cómodos con la presencia de ministros de Podemos. Estos, a su vez, han tensado la cuerda hasta el extremo, amenazando con tumbar la investidura. A finales de 2003, pocos días antes de la constitución del gobierno tripartito catalán de Pasqual Maragall, ERC filtró a le prensa el nombre de sus consejeros. Era una manera de subrayar quién los había nombrado. Maragall respondió que “no se daba por enterado”, aunque acabó nombrando exactamente a los consejeros cuyos nombres se habían filtrado. Fue su primer gesto de debilidad en un Gobierno que acabaría como el rosario de la autora. No es difícil prever que durante los próximos días veamos muchos ejemplos parecidos.

  • Entonces, ¿quién saldrá ganando? En general, en las coaliciones suele ganar el socio mayoritario. Un reciente artículo que repasa 219 elecciones en Europa entre 1971 a 2017, revela que cuando los gobiernos de coalición van a las urnas, el socio junior pierde, en media, un 17% más de voto en las siguientes elecciones, en comparación con el socio senior. Sin embargo, otro interesante artículo de Alberto Penadés de hace unos días apuntaba algunas de las razones por las que el caso español podría ser diferente: no existen prácticamente precedentes de un gobierno de coalición entre un partido socialdemócratas y otro situado a su izquierda (cuando la extrema izquierda ha entrado en el Gobierno en otros países, normalmente había un partido de centro o de derecha). Por este motivo, en mi opinión, la dinámica del Gobierno de coalición, como he descrito en los párrafos anteriores, será negativa para los socialistas (y por eso seguramente se han resistido tanto a aceptarlo) y positiva para Podemos (que por eso ha insistido tanto en este formato).

Si los socialistas aceptan las propuestas de Iglesias es porque no les queda otra. Porque su aspiración era claramente lograr un Gobierno en solitario

  • ¿Cómo terminará esta experiencia? Si los socialistas han aceptado un Gobierno de coalición es porque no les quedaba otra alternativa mejor. Su aspiración era claramente un Gobierno en solitario. ¿Tienen todavía alguna manera de conseguirlo? Si, y en mi opinión, es el final más probable del Gobierno de coalición (si finalmente echa a andar). Auguro que a finales de 2020 (es decir, antes del ecuador de la legislatura) no habrá ministros de Podemos en el gabinete. Precisamente porque la dinámica será negativa para los socialistas, Pedro Sánchez aprovechará los errores de Podemos, o las divergencias en asuntos de Estado para cesarlos y conformar un Gobierno monocolor de los socialistas. ¿Y con qué mayoría gobernará entonces? Con ninguna, es decir, con la misma con la que se ha conducido en el último año, a base de reales decretos que el Congreso tendrá que convalidar o asumir el coste de no hacerlo. Una vez sea investido presidente (previsiblemente, esta misma tarde), el mango de la sartén cambia de dueño. Los números hacen prácticamente imposible que prospere una moción de censura. Así que un consejo para los más entusiastas partidarios del Gobierno de coalición que hoy ve la luz: no gasten demasiado champan en celebrarlo.
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