Homosexuales y ateos

Lo de la pieza me ha ayudado a ver clara la diferencia que hay, por un lado, entre la homosexualidad y mi amigo el homosexual, y por otro, entre mi amigo ateo y el ateísmo

Foto: Foto: iStock.
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La semana pasada escribí un artículo haciendo referencia a la exposición 'Leonardo da Vinci, los rostros del genio', en el Palacio de las Alhajas y en la Biblioteca Nacional, comisariada por Christian Gálvez.

Como siempre, a algunos les gustó mi artículo y a otros, no. Unos escriben sus comentarios y otros, no. Normalmente, todos son correctos. No profundizo demasiado en lo que me dicen, porque si son alabanzas, me las podría creer, y si son críticas negativas, igual me acuerdo de la familia del que me ha escrito. En cualquier caso, me intranquilizaría y uno, a estas edades, no está para intranquilidades.

Un señor me dice que Leonardo era "homosexual y, más que probable, ateo". Me pregunta si he leído una biografía monumental sobre él que escribió Walter Isaacson y me dice que al final va a ser que me he vuelto más tolerante con la edad...

Honradamente, tengo que confesar que nunca había oído hablar de Isaacson y, por tanto, no he leído nada de este señor.

Siguiendo con las confesiones, no sabía que Leonardo era homosexual ni 'más que probable, ateo'.

Tengo algún amigo homosexual. Tengo muchos amigos que no son 'de Iglesia'.

A Leonardo le puse de ejemplo de exigencia y lo mantengo, sobre todo en una época en la que la exigencia en hacer las cosas bien no se lleva

Pero a Leonardo le puse de ejemplo de exigencia y lo mantengo, sobre todo en una época como la actual en la que la exigencia en hacer las cosas bien, con frecuencia no se lleva. En esta última temporada, parece que la chapuza se ha puesto de moda. Llamas a alguien para que arregle algo que tú no puedes arreglar, viene al cabo de unos días, diagnostica que necesita una pieza —cara, por supuesto— que hay que pedir, la pide (o no la pide) y desaparece. Dos o tres meses más tarde, la pieza llega... o no llega. El chapucero, que cobró por el diagnóstico, a cuenta de la reparación final, había olvidado totalmente la pieza. Y vuelta a empezar.

Por cierto, no sé si el chapucero va a misa o si es gay. La realidad es que es un desastre y, cuando me quejo, no me estoy metiendo con el colectivo LGB etc. ni con los que no van a misa nunca. Me meto con el de la pieza. (En una reparación reciente en mi casa, una firma española importante tardó tres meses en cambiar el aparato, porque nadie sabía de qué pieza estábamos hablando y, por supuesto, nadie la había pedido. Ahora, en casa de un amigo de San Quirico hay que arreglar una cosa y ya sabéis, por intuición, lo que pasa: que hace falta una pieza. En tres meses os daré noticias).

Lo de la pieza me ha ayudado a ver clara la diferencia que hay, por un lado, entre la homosexualidad y mi amigo el homosexual, y por otro, entre mi amigo ateo y el ateísmo.

No me gusta la homosexualidad como bandera. Me cae bien mi amigo homosexual, porque es majo, divertido, noble... un amigo del que me puedo fiar. Como no se me insinúa —tampoco se me insinúan mis amigas— hablamos normalmente de todo y si un día él quiere hablar de sus tendencias sexuales, hablaremos.

El ateísmo no es una tendencia. Conozco pocos ateos. Muchos se autocalifican de 'agnósticos'. Como siempre, acabo en el DRAE, y allí encuentro dos definiciones:

Ateo. Que niega la existencia de cualquier dios.

Ateísmo. Convicción de la persona atea.

Agnosticismo. Actitud filosófica que declara inaccesible al conocimiento humano todo conocimiento de lo divino y de lo que trasciende la experiencia.

Agnóstico. Que profesa el agnosticismo.

Soy creyente. Si no lo fuera, preferiría ser ateo que agnóstico; el agnóstico se siente incapaz de lo del más allá. El ateo se considera capaz y lo niega

Yo soy creyente, pero si no lo fuera, preferiría ser ateo que agnóstico, porque, por lo que dice el DRAE, el agnóstico se siente incapaz de lo del más allá. El ateo se considera capaz y lo niega. Me parece una postura más fuerte, más recia. El ateo: "Soy capaz y lo niego". El agnóstico: "No soy capaz y ni lo afirmo ni lo niego".

Pues nada, esto es lo que se me ha ocurrido por ir a una exposición.

Realmente, todo lo anterior es una excusa para facilitarme la vida, porque si cada vez que conozco a alguien tengo que enterarme de cómo es su vida, si es homo o hetero, si es agnóstico o qué es, le iré cogiendo gusto a investigar vidas ajenas y quizá se me ocurra contratar al comisario Villarejo, que de esto sabe un montón.

Pero supongo que cada gestión del comisario cuesta un pastón.

Y uno no está para gastar el dinero en cotilleos.

Desde San Quirico
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