Pescaderos contra taxistas: así se pierde una huelga

Que no conectes con el señor que lleva años quitándole las vísceras a los boquerones significa que quizá la guerra no la hayas perdido, pero sí una enorme batalla

Foto: Taxistas gallegos se suman a la concentración llevada a cabo por el colectivo en el madrileño barrio de Vallecas. (EFE)
Taxistas gallegos se suman a la concentración llevada a cabo por el colectivo en el madrileño barrio de Vallecas. (EFE)
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“No cojo más nunca un taxi” es el nuevo “No cojo más nunca el AVE” que dijo la Jurado al verse asediada por decenas de paparazis en la estación del tren.

  • “Se están pasando, ¿no? Porque es como si yo digo que solo puedo vender yo la fruta en este mercado”.

  • “Entonces voy a pedir que cierren los bares de alrededor para hacer negocio yo solo”.

  • “No suelo coger taxis, pero me he bajado la aplicación de Cabify solo por joder”.

Martín, mi querido frutero madridista; Javier, encargado del bar al que voy cada día, y una señora con la que he coincidido en la pescadería han hablado. Ya sé que no es una encuesta del CIS (afortunadamente), pero me sirve para pulsar lo contraproducente que está resultando la huelga de taxistas para los intereses de los que la han convocado.

Porque si el gremio de currantes en el que siempre han estado incluidos reniega de ellos, el tema se te ha ido de las manos. Que el treintañero que trabaja en una 'startup', vota a la derecha moderada y ya no se baja de un Uber desde que estuvo un trimestre en Nueva York no te entienda es comprensible. Pero que no conectes con el señor que lleva años quitándole las vísceras a los boquerones, con el que pregunta qué aperitivo quieres con la caña y con la que va con su carro buscando cuarto y mitad de gambas para una sopa, significa que quizá la guerra no la hayas perdido, pero sí una enorme batalla.

Actuar a las bravas quizá no haya sido una buena idea. Cómo olvidar cuando el portavoz de la Federación de los Profesionales del Taxi pronunció aquello de: “Vamos a petar Madrid”. Suena a que salían toda la noche con enormes expectativas. Ahora les toca volver a casa sin comerse un torrao.

Lo más triste es que ellos, los taxistas, partían de una situación de evidente desigualdad, amenazados por una irrupción de lo que Carlos Sánchez definió en este mismo periódico como “capitalismo sin capitalistas”. Con empresas en las que el empleado escasea de derechos sociales pero que son los que te preguntan si el volumen de la radio es el adecuado y si te apetece una botellita de agua. Mi madre aún se acuerda de eso, aunque ella, que no se caracteriza precisamente por su falta de carácter, me dijo: “Coña, a qué vienen tantas preguntas”.

Lamento que esto se esté convirtiendo en un “coger una VTC es de fachas y un taxi de podemitas”. Aunque sin necesidad de ser Tezanos, conviene recordar que el retrato robot del taxista es ese conductor que oscila entre la COPE y EsRadio y va a votar a Vox en las próximas europeas.

¿Recuerdan cuando Teresa Rodríguez hablaba en campaña electoral de lo malo que resultaría para Andalucía entera la llegada de las empresas de VTC? Los resultados ya saben cuáles fueron. Como también sabemos que los dueños de licencias VTC y de las empresas del sector son seres manejados como marionetas por George Soros y 'los mercados'. Y que tener mucho dinero, de todos es sabido, es una ordinariez.

¿El pan de los taxistas merece más respeto que el de los conductores de VTC? ¿Quieres que empatice cuando amenazas con bloquear una ciudad?

Y está el consabido “está en juego el pan de mis hijos”, que sirve de comodín para cualquier protesta y que yo misma he pronunciado cuando me he tirado a las calles. ¿El pan de los taxistas merece más respeto que el de los conductores de VTC? ¿Quieres que empatice cuando amenazas con bloquear una ciudad? ¿Te vas a la sede del PP pero no a Ferraz cuando fue el ministro Ábalos el que se lavó las manos en cuanto pudo con respecto a este asunto? ¿Por qué los VTC y no el 'carsharing', la EMT, el Metro y el bus que te llevan a Barajas, por ejemplo?

La política de comunicación de estos señoros del taxi está a la altura de quien convenció a Iglesias de que era buena idea cambiar un piso en Vallecas por un chalé en Galapagar, o el estratega que animó a Cristina Cifuentes a grabarse un vídeo diciendo: “No me voy, me quedo. Me voy a quedar”. Si querían evitar que los habitantes de Madrid, Barcelona y alrededores supieran de la existencia de las VTC, ahora todos lo saben. En Azca y en el puesto del mercado.

Ideas ligeras
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