Díaz Ayuso: Isabel Primera de Madrid y Quinta de Venezuela

A la candidata le pasó lo mismo que a Pedro Sánchez en su discurso de investidura: tras el sopor, vino la bravura. Salió con todo a la plaza, toreó e incluso puso banderillas a los toros

Foto: Isabel Díaz Ayuso, en la sesión de investidura. (EFE)
Isabel Díaz Ayuso, en la sesión de investidura. (EFE)

A la candidata a presidenta por sorpresa de la Comunidad de Madrid la cafeína del desayuno le hizo bien. Le pasó lo mismo que a Pedro Sánchez en su discurso de investidura, que tras el sopor vino la bravura. Y salió con todo a la plaza. Puso banderillas, toreó y picó a los morlacos. Hay machismo en la izquierda y afición por “la ETA”, Venezuela y esa “suerte de personas” llamada Infancia Libre.

Más. En la izquierda se cotiza poco, pero bien que les gusta comprarse “un casoplón en Galapagar” y “la paguita”. Y las mujeres de izquierdas, siempre “victimizadas, colectivizadas y empobrecidas” frente a las mujeres empresarias y emprendedoras. “Me van a dar lecciones de qué”, dijo. Isabel, vámonos juntas esta noche a Kapital, quememos Madrid, formemos un dúo como Sonia y Selena. Hazme feliz.

Se encontró Isabel Natividad Díaz Ayuso con una izquierda profundamente desigual. Con un Íñigo Errejón, líder absoluto de la oposición, que no necesita leer papeles porque lo tiene todo en su cabeza. Que se ha puesto este miércoles la chaqueta de uniforme de escolapio y también ha desayunado un expreso doble. Rotundo, listo, mezclando datos y referencias eruditas con ese 'ejque' periférico con el que acaba muchas de sus frases, aun procediendo de Aravaca.

Se sabe Madrid, más la ciudad que la región, otra cosa es cómo quiere gestionarla. Porque su programa tiene un poco de demagogia y otro poco de utopía. Porque pecó en su intervención de condescendencia al dirigirse a la candidata. Porque las tres comidas diarias de Venezuela pesan.

Íñigo Errejón y Tania Sánchez, en la Asamblea de Madrid. (EFE)
Íñigo Errejón y Tania Sánchez, en la Asamblea de Madrid. (EFE)

Aun así, que el mejor discurso ha sido el de Errejón lo demuestra que para la respuesta Díaz Ayuso se ha impreso el CV y la vida laboral del líder de Más Madrid y lo ha salpicado de lugares comunes. “Tiene las manos manchadas de dictadura”, le dijo. Qué fantasía. Repitió tantas veces dictadura y el país que vio nacer a Carlos Baute que ya no supe qué lugar quiere gobernar. Es Isabel Primera de Madrid y Quinta de Venezuela.

El resto de teloneros de la mañana fueron, cuanto menos, flojos. Ignacio Aguado empezó su turno contando que ha estudiado en un colegio concertado, en una universidad privada y también en la pública. Felicidades. Luego le cogió el relato al partido y empezó a atizar a Sánchez y a recordarnos la investidura fallida. También copió a su nueva jefa y ese dale con la mula al trigo de los coqueteos de Errejón con las dictaduras. Se nota, se siente, se tiene en alta estima. Tiene más ganas de ser vicepresidente que yo de vacaciones.

Una buena noticia: Isabel Serra no ha desdoblado el lenguaje en su discurso. Una no noticia: su voz destilaba nervios e inseguridad. Y un poco lo de siempre: la CEOE, los millonarios frente a los pobres, el Ibex 35 frente a todos. Y lo de repetir insistentemente lo de “señoraIsabelDíazAyuso”. Por qué. O señora Díaz Ayuso o doña Isabel. A Rolex o a setas. Lo más interesante lo dejó para el final, cuando le formuló preguntas acerca de las sombras de corrupción.

Su compañera de confluencia, Sol Sánchez, de Izquierda Unida, tiene la sangre en las venas que le falta a la mitad de la Asamblea. Se remangó la chaqueta, mantuvo los brazos apoyados en el atril por no ponérselos en jarras. Las gafas bien sujetas en el tabique nasal. Un discurso parecido al de Serra, con su punto de demagogia, su pizca de populismo.

Rocío Monasterio, de Vox, en su intervención en el debate de investidura. (EFE)
Rocío Monasterio, de Vox, en su intervención en el debate de investidura. (EFE)

¿Y Vox? Rocío Monasterio estuvo como siempre, alternando enfado con su sonrisa de posado consentido. Recurrió más al látigo que a la caricia. Pero lo del “consenso progre” y los chiringuitos ya está muy visto. Su discurso envejece peor que el landismo en tiempos del #MeToo. Díaz Ayuso se hizo miel al responder. Sobre hojuelas y sin ellas. Qué dulzura, señor cura. A ver si les dura hasta 2023. Todo sea por la libertad.

Ideas ligeras
Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
21 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios