Los partidarios de Susana Díaz quieren que su candidatura sea la única en el congreso

Alegan que las circunstancias internas del partido son excepcionales y sería lo mejor para recomponer la unidad interna

Foto: La presidenta de la Junta de Andalucía, Susana Díaz, en Londres el pasado 7 de noviembre. (EFE)
La presidenta de la Junta de Andalucía, Susana Díaz, en Londres el pasado 7 de noviembre. (EFE)

Todo apunta a que el PSOE no celebrará su congreso hasta junio del año próximo, pero la nueva mayoría que dirige el partido no solo llevará la batuta de la ‘refundación ideológica’, prevista para una conferencia política a celebrar en la primavera, sino que pretende controlar también el proceso de primarias para que Susana Díaz sea elegida secretaria general sin competencia.

Argumentan que las circunstancias del partido son excepcionales tras el fraccionamiento interno provocado por el choque de trenes entre los partidarios y los detractores de Pedro Sánchez, que inoculó en la militancia socialista el “no es no” –estrategia cuya autoría intelectual se atribuye a Óscar López, exsecretario de Organización y exportavoz en el Senado– como un chute de heroína en forma de populismo, con tanto éxito que ahora los afiliados tienen mono.

Todas las posibles alternativas que se pueden vislumbrar de momento son descalificadas por los partidarios de la presidenta de la Junta de Andalucía sin necesidad de que el periodista saque a colación nombres propios.

Sánchez, López, Borrell y Urquizu

El sanchismo, como ya se ha comentado en este diario, está en proceso de disgregación, con los irredentos por un lado, los pragmáticos por otro y Sánchez desaparecido tras su suicidio televisado en el programa de Jordi Évole: “Si intentara presentarse de nuevo, es más que probable que no pudiera reunir los avales necesarios. Unas pocas semanas más y ya nadie se acordará, ni se querrá acordar, de él”, sentencian.

La mayoría que ahora controla el PSOE desconfía de líderes emergentes sin contrastar tras el experimento de Sánchez y descalifica a Patxi López y Josep Borrell

De Patxi López, que asomó la cabeza con un artículo en ‘El País’, afirman que “solo busca, como siempre, ocupar un espacio para, cuando llegue el momento, negociar que seguirá teniendo un puesto de relieve”. El 'exlehendakari' negó que tras ese artículo se ocultara la pretensión de promocionar su figura como posible candidato y fuentes próximas aseguran que no está pensando en esa carrera “por ahora”. Pero otros interlocutores también cercanos a López opinan que su aspiración sería implantar el modelo del PNV, con él de secretario general y otro dirigente como candidato electoral, a partir de la premisa de que por su conocimiento de los intestinos del partido podría ser la persona idónea para pegar los pedazos rotos.

De Josep Borrell, que se lo está pensando, se limitan a apuntar que tiene “el armario lleno de cadáveres”. Si ya las profundas desavenencias entre el PSOE y el PSC eran para él una rémora, así como es un lastre su corto y fallido tiempo de candidato presidencial tras las primarias en las que derrotó a Joaquín Almunia, su inclusión como investigado (lo que antes se llamaba imputado) en la querella admitida a trámite por la Audiencia Nacional contra el consejo de Abengoa y Deloitte por “administración desleal y falseamiento de documentación” puede haber dado la puntilla a sus aspiraciones de tomarse la revancha contra quienes le forzaron a dimitir como candidato en 1999.

Los barones territoriales se ponen de perfil ante otras posibles opciones, con la expectativa de conservar sus cuotas de influencia en una nueva era susanista

Y de Ignacio Urquizu, el diputado por Teruel que constituye la única novedad descollante en el grupo parlamentario y entre los primeros elegidos para diseñar el proceso de ‘refundación ideológica’, se limitan a desdeñar sus opciones de encabezar una tercera vía entre el sanchismo y el susanismo como “una broma”, exactamente lo mismo que en su día se decía a propósito de José Luis Rodríguez Zapatero. Él asegura que, a día de hoy, no se plantea la posibilidad de postularse porque asumir el liderazgo del PSOE “es una tarea de una dimensión enorme”. “Lo único que hago es lo que me pide el partido. El partido me pidió colaboración y eso es lo que estoy haciendo, ayudando en lo que puedo con lealtad”, asegura.

De hecho, Urquizu ha sido de los pocos que han dado la cara para explicar de forma pedagógica la caída de Sánchez mientras que sus promotores y protagonistas se escondían tras la bambalinas o se refugiaban en sus territorios dejando al asturiano Javier Fernández la tarea de limpiar los cascotes del solar socialista y sentar las bases para la reconstrucción del edificio. A la nueva mayoría, que dista mucho de ser compacta, le aterran los líderes emergentes sin contrastar tras el experimento de Sánchez, y los barones prefieren invertir sus acciones en el susanismo con la expectativa de poder mantener sus respectivas cuotas de influencia.

Pedro Sánchez y Patxi López, durante el debate de investidura de Mariano Rajoy. (EFE)
Pedro Sánchez y Patxi López, durante el debate de investidura de Mariano Rajoy. (EFE)


El liderazgo orgánico y el parlamentario

Si Díaz es la elegida para sustituir a Sánchez en la secretaría general, no podrá realizar personalmente la oposición parlamentaria, salvo en las contadas ocasiones que tenga para ello en el Senado –aunque ahora no es senadora, puede obtener asiento en la Cámara Alta por designación del Parlamento andaluz dentro del cupo socialista– o en los debates sobre el estado de la nación, como hizo Antonio Hernández Mancha, que era senador, en su breve etapa como presidente de Alianza Popular (la marca anterior del PP).

Ante este escenario, algunos de los menos susanistas dentro de la nueva mayoría opinan que una buena fórmula sería desdoblar el liderazgo: que ella asumiera el orgánico y dejara el parlamentario en manos de otro dirigente que también pudiera competir por el liderazgo electoral, siendo el candidato presidencial aquel que de los dos hubiera acreditado mejor aceptación social antes de las próximas elecciones generales.

Pero, dado que nadie puede creer que si la presidenta andaluza asume la dirección del partido permitirá que la portavocía parlamentaria recaiga en alguien que no sea de su estricta confianza y lealtad –la mayoría piensa que el elegido podría ser Eduardo Madina, ahora aliado con ella y que ya ha descartado competir de nuevo en las próximas primarias–, lo único que revela este planteamiento es que si nadie entre la dirigencia se atreve a plantear abiertamente “ni Pedro Sánchez ni Susana Díaz” es por miedo. ¿De qué clase? De todos los colores.

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