Arrimadas-Rivera y otros malos rollos políticos que hereda 2021
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Ángel Alonso Giménez

Los tártaros

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Arrimadas-Rivera y otros malos rollos políticos que hereda 2021

2020 quedará como el año en que la crispación no dejó de crecer. Cuando parecía que el desprecio era insuperable, se estiraba más

Foto: La actual lideresa de Cs, Inés Arrimadas, junto al expresidente del partido, Albert Rivera. (Reuters)
La actual lideresa de Cs, Inés Arrimadas, junto al expresidente del partido, Albert Rivera. (Reuters)
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El buen rollo en esta política española actual parece una utopía, tal es la intensidad y la obsesión por la táctica. Las jugarretas de los Underwood en 'House of cards' y el cálculo elegante de Birgitte Nyborg en 'Borgen' parece que se han adueñado de la realidad. La 'seriofilia' puede jugar malas pasadas, una de ellas que se vea mal hacer amigos. Es una lástima porque a la política ayuda la amistad. Otro riesgo es concebir el ejercicio político como una competición en la que solo importa ganar, ganar y ganar. Afortunadamente, hay amistades irrompibles y empatías gratificantes como la que en el seno del Gobierno han alcanzado Yolanda Díaz y José Luis Ábalos, por ejemplo.

2020 quedará como el año en que la crispación no dejó de crecer. Cuando parecía que el desprecio era insuperable, se estiraba más. La sesión de la moción de censura presentada por Vox demostró que el combustible que usan los partidos hoy es la exageración y el contraste. El Congreso se convirtió ese día en una sala de espejos deformantes. La derecha puso en el suyo a Pedro Sánchez y a Pablo Iglesias; la izquierda, al líder del PP y al de Vox. Estas cuatro imágenes afeadas son las que reparten los cuatro partidos más importantes de España.

Foto: La presidenta de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, y el presidente Pedro Sánchez, en su comparecencia conjunta tras la reunión que mantuvieron en septiembre. (EFE)

Una de las constataciones más preocupantes que experimentó Meritxell Batet al frente del Congreso, antes de la pandemia, fue la ausencia total de respeto entre determinados diputados. Una falta de respeto que provenía, me explica una fuente del entorno de la presidenta, de no reconocer la legitimidad del otro. Un sector no asume que EH Bildu tiene cinco diputados. Otro sector no asimila que Vox suma 52. Batet intenta fomentar encuentros en los que los portavoces de los grupos encuentren a la persona antes que al político. A Ana Pastor la idea le fue muy bien y consiguió que una diputada de izquierdas como Gloria Elizo y ella misma sean buenas amigas. A la espera de que la iniciativa de Batet certifique que la XIV legislatura no será peor que el rodaje de 'Apocalypse Now', podemos recordar algunos malos rollos de 2020 que probablemente persistirán en 2021, aunque lo deseable sería que no.

Yolanda Díaz-Nadia Calviño

La ministra de Trabajo es una abogada laboralista que conoce al dedillo el mundo que ahora le absorbe todo el tiempo. Desde bien pronto, tras ingresar en el Gobierno, dio muestras de moverse con habilidad entre empresarios y sindicatos, sobre todo con los primeros a pesar de los prejuicios. Ser dirigente de Unidas Podemos es hoy un estigma en ciertas esferas Ibex y, aunque no ha conseguido soltarse esas cadenas, mantiene la interlocución. Pase lo que pase, cuenta en su haber con la medalla de los ERTE, el complejo vitamínico que aún salva a la economía de la anemia.

Ya la movilización de dichos expedientes de regulación le causó disputas con Calviño, educada en la ortodoxia financiera de la UE. Tanto la duración como el alcance provocaron fricciones. La reputación de la vicepresidenta económica procede de su profundo conocimiento de las tensiones que genera el euro. Las ideas que sorteen esa ortodoxia le provocan dudas. Ha pasado con el Ingreso Mínimo Vital y ha sucedido con el Salario Mínimo Interprofesional, que es la medida en la que Díaz ha depositado su energía actual. La prórroga para una posible subida no es más que un puente hacia nuevas tensiones entre la ministra cuya fama no para de aumentar y la vicepresidenta que pugna por no perder ni su prestigio europeo ni la cercanía con Pedro Sánchez.

Carmen Calvo-Irene Montero

El feminismo está dividido. El encaje legal de las reivindicaciones LGTBI, en especial las referidas a la transexualidad, han agrietado un suelo que antes del año de la pandemia se caracterizaba por cierta solidez. En el Gobierno de coalición la fractura se ha ensanchado aún más y ha destapado la disparidad de criterios que tienen la vicepresidenta primera, Carmen Calvo, y la ministra de Igualdad, Irene Montero. Calvo representa una visión más clásica del feminismo y Montero, otra más osada. El choque, que bulle en el seno del Ejecutivo y en las esferas del feminismo organizado, es más sigiloso en el plano mediático e incluso en las agendas oficiales. Pero empieza a ser frecuente ver a Calvo en actos de igualdad sin Montero y a Montero en actos de igualdad sin Calvo.

La futura ley 'trans', que se está fraguando en el ministerio de la dirigente 'morada', seguramente generará encono con la vicepresidenta primera, así como la incursión en una superficie social y política que PSOE y Unidas Podemos luchan por acaparar. Pandemia mediante, el 8 de marzo de 2021 amenaza con descubrir algunas de esas tensiones.

Inés Arrimadas-Albert Rivera

El exlíder vivía en el mutismo político hasta que comenzaron a negociarse los presupuestos generales del Estado en el Congreso. La apuesta de la líder por ser decisiva en la configuración de las cuentas, lo que necesariamente suponía negociar con Sánchez, revolvió al antecesor. En un acto en Zaragoza con motivo de la presentación de su libro, Rivera se reivindicó como si la catástrofe electoral del 10 de noviembre hubiera ocurrido en algún país del sudeste asiático. Sutilmente lanzó tres o cuatro dardos a la gestión de Arrimadas. La relación entre ambos se ha apagado.

Hace tres días, la marcha de Lorena Roldán a las listas electorales del PP aireó las dos almas que conviven más mal que bien en Ciudadanos. Una es la de Rivera. Otra es la de Arrimadas. Una se encarna en la animadversión a Sánchez. La otra, en el pragmatismo. ¿Cómo influir en la política actual con solo 10 diputados y que la gente además se entere? La presidenta de la formación se ha empeñado en vivir en el centro, aunque le cueste sorpresas como la de Roldán, baja que, por otra parte, no le ha inquietado en exceso porque en su partido estaba demostrado que no tenía tirón en Cataluña.

El Cs de Arrimadas afronta el salto a la madurez en 2021. Internamente tendrá problemas con el alma de Rivera, que se revuelve de vez en cuando y quién sabe a qué le conducirá.

Los barones del PP-Teodoro García Egea

Durante este año el Partido Popular acometerá la renovación de sus estructuras territoriales. Es una misión que ha asumido el secretario general, Teodoro García Egea, con la ayuda de la responsable de Organización, Ana Beltrán. Mucho tienen que cambiar las relaciones con algunas baronías para que el proceso sea pacífico. Los populares gallegos de Alberto Núñez Feijóo han transmitido a Génova que no hay prisa. La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, está meditando qué papel adoptar en la recomposición del partido en su territorio; y lo que haga no estará mediatizado por García Egea, con el que apenas tiene interlocución. Con quien habla a diario es con Casado.

El líder del partido se ha acercado a sus barones y a sus alcaldes porque sabe que de ellos depende que le vaya bien en el ciclo político que se avecina, sin elecciones más allá de las catalanas. Por debajo se libra una batalla aún sorda por la renovación orgánica, que García Egea considera que está oxidada después de los años de Mariano Rajoy en el Gobierno. El conflicto que se intuye se enmarcará en los plazos y en las personas. Al que más urgencia le puede correr es a Juanma Moreno, pues es el primero que tropezará con elecciones, en diciembre del 22 como muy tarde. El presidente andaluz ya ha dejado claro que el PP andaluz lo controla él y solo él.

Pedro Sánchez-Pablo Iglesias

Se note más, se note menos, la desconfianza es un ingrediente básico en la relación entre el presidente y el vicepresidente segundo. Como son astutos, saben perfectamente cuándo y cómo aparcarla. Y cuándo y cómo sacarla a relucir. Ambos acumulan ya, sin embargo, unas cuantas heridas como consecuencia de los roces habidos por el Ingreso Mínimo Vital, los aliados parlamentarios, la reforma laboral, el futuro de la Corona, los presupuestos, el SMI, las pensiones... Nada indica que la ruptura se produzca antes del final de la legislatura, pero la tensión no cesará.

Y esta es, de entre todas las citadas, la tensión política más importante, sencillamente porque afecta al presidente.

El buen rollo en esta política española actual parece una utopía, tal es la intensidad y la obsesión por la táctica. Las jugarretas de los Underwood en 'House of cards' y el cálculo elegante de Birgitte Nyborg en 'Borgen' parece que se han adueñado de la realidad. La 'seriofilia' puede jugar malas pasadas, una de ellas que se vea mal hacer amigos. Es una lástima porque a la política ayuda la amistad. Otro riesgo es concebir el ejercicio político como una competición en la que solo importa ganar, ganar y ganar. Afortunadamente, hay amistades irrompibles y empatías gratificantes como la que en el seno del Gobierno han alcanzado Yolanda Díaz y José Luis Ábalos, por ejemplo.

Pedro Sánchez Yolanda Díaz Teodoro García Egea Carmen Calvo