La sigilosa batalla de otoño que ya libran Sánchez y Casado
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Ángel Alonso Giménez

Los tártaros

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La sigilosa batalla de otoño que ya libran Sánchez y Casado

El líder del PSOE prepara el congreso federal de octubre y el del PP, la convención de otoño. Conscientes de que está en juego el futuro ideológico, ambos llevan semanas dedicados a dos eventos clave para sus aspiraciones electorales

placeholder Foto: Reunión de Pedro Sánchez y Pablo Casado. (EFE)
Reunión de Pedro Sánchez y Pablo Casado. (EFE)

El próximo otoño acogerá el duelo no electoral más importante entre Pedro Sánchez y Pablo Casado. Ambos llevan semanas inmersos en la preparación de los actos con los que quieren relanzar sus proyectos. El líder socialista pretende con el congreso federal construir una nueva socialdemocracia española y europea. El líder popular aspira con la convención a levantar la plataforma ideológica que le sitúe en la Moncloa y le erija en referente internacional. La batalla ha comenzado ya. Silenciosa y discretamente, pero ha comenzado ya.

España era un país con legislaturas de cuatro años y hoy es un país sin certezas. La culpa la tiene la nueva política, que se cargó las mayorías absolutas y el bipartidismo. Produce melancolía recordar las negociaciones que hacían Alfredo Pérez Rubalcaba y Eduardo Zaplana, o Soraya Sáenz de Santamaría y José Antonio Alonso, cuando un acuerdo podía durar años, cuando en el Congreso hasta daba tiempo para hacer amigos. Ahora, España es un motor que carbura elecciones todo el rato, sin descanso. Pareció que 2021 sería un año con negociaciones parlamentarias de largo recorrido, pero los comicios catalanes, primero, y los madrileños, después, han transformado en espejismos aquellos deseos. En este ritmo tan tenso viven los dos principales políticos del momento.

Foto: La candidata a la reelección, Isabel Díaz Ayuso, junto a Pablo Casado. (EFE)

La legislatura en curso comenzó en diciembre de 2019 y debería acabar a finales de 2023. Antaño nadie lo dudaría, o muy pocos, que nunca se sabe lo que puede pasar. Pero actualmente dirige España un Gobierno de coalición apoyado en 155 escaños, a 21 de la mayoría absoluta. Los proyectos legislativos deben circular por laberintos de negociaciones y a veces el éxito depende de cómo caiga la moneda. Hace poco, en febrero de 2019, Sánchez convocó elecciones porque no le salieron los Presupuestos. ¿Puede pasar lo mismo? Puede.

Inercia ganadora-inercia perdedora

El 4-M marcará un antes y un después en la política nacional. Si Isabel Díaz Ayuso reedita su Gobierno, será porque ha conseguido un resultado espectacular: o amasa ella sola la mayoría absoluta o recibe la ayuda de Vox. El traspié del PSOE será entonces doloroso y los ciudadanos verán delante un escenario que Sánchez teme.

Para un dirigente astuto como él, las elecciones se ganan mucho antes de convocarlas. Si se lanzó en febrero del 19, fue porque los sondeos y las tendencias ratificaron la inercia ganadora que detectó tiempo atrás. Si se decantó por la repetición electoral de noviembre, fue porque esa misma inercia apenas titubeaba. Aunque logró un resultado algo peor, aplastó a Ciudadanos. La dinámica de victoria estaba totalmente garantizada.

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Sin embargo, la espiral correrá el riesgo de interrumpirse si Ayuso gana el 4-M y gobierna después en la Comunidad de Madrid. Que el paso del tiempo le dibuje como perdedor es algo que preocupa en exceso al presidente, pues ya lo vivió antes de la resurrección de las primarias, cuando le vapulearon y acabaron con él en el PSOE. El Sánchez de esta segunda era, ya asentado y acomodado en Moncloa, ya experto en cumbres europeas y en cónclaves mundiales, es metódico y osado. Sobre todo: es el jefe absoluto.

Pablo Casado aguarda su momento, que aún no ha llegado. Estuvo cerca durante la moción de censura de Vox contra el Gobierno, pues en el Congreso pronunció un discurso por el que asomó la cabeza el PP del futuro. Pronto escondió el cuerpo entero. Las elecciones de Cataluña dieron al líder un varapalo tremendo y se encontró otra vez en el vestuario del perdedor, a 1.000 kilómetros de distancia de un Sánchez que levitaba gracias al resultado de Salvador Illa. Sin embargo, si Ayuso arrasa el 4 de mayo en Madrid, cambiarán las tornas. Casado se despojará del traje de 'looser' y comenzará a ocupar un espacio de luz.

La ambición de Sánchez

Hace semanas, el presidente del Gobierno y secretario general del PSOE pidió a sus colaboradores más cercanos que empezaran a preparar el congreso federal de octubre, que tendrá lugar en Valencia. Exigió que de ese congreso saliera no solo un liderazgo reforzado y total, el suyo, sino además un cuerpo ideológico moderno, renovador y disruptivo; feminista, medioambiental y joven. "Un proyecto socialdemócrata no solo para España, sino para Europa", en palabras de uno de los dirigentes más próximos y de más confianza del secretario general.

Foto: El presidente del PP, Pablo Casado. (EFE) Opinión

Sánchez fue y es un líder muy exigente. Su vocación es tal que de los más allegados espera exactamente lo mismo. Aguantar el ritmo de trabajo de Sánchez es aguantar maratones diarias. Cuando pidió construir un congreso rompedor y ambicioso, pidió entrega casi a tiempo completo. Por ello, tanto en Moncloa como en Ferraz, una delegación de dirigentes encabezados por Adriana Lastra, Santos Cerdán, Félix Bolaños, Paco Salazar e Iván Redondo lleva tiempo acumulando documentación sobre cómo será el congreso y lo que significará para la historia. Periódicamente, el presidente es informado; ha tomado ya decisiones de calado.

Una de ellas, clave, es la identidad de los ponentes. Recuerden estos nombres: Hana Jalloul y Lina Gálvez. La primera es la número dos de la lista de Ángel Gabilondo, lo que da una idea de por dónde quiere Sánchez que vaya. La segunda, hace poco afiliada, informan fuentes socialistas, fue consejera con Susana Díaz en Andalucía, pero su fama de independiente y un currículo de alto nivel encajan en la lista de prioridades del presidente: cualificación y modernidad. Las dos coordinarán las ponencias ya constituidas, entre las que brillan otros dos nombres a tener muy en cuenta: Pilar Alegría, delegada del Gobierno en Aragón, y Félix Bolaños, secretario general de Presidencia.

placeholder El líder popular, Pablo Casado. (EFE)
El líder popular, Pablo Casado. (EFE)

En Valencia, en octubre, Sánchez será encumbrado. El partido que le despreció le venerará. La dirección que forme diseñará el PSOE del futuro sin vínculos con el pasado. El líder lleva tiempo cansado de las estructuras anquilosadas y añejas de su partido. Culminará la renovación y la sostendrá en un ideario diferente, sobre el que cabalgará hacia muchos gobiernos de muchos años (es su pretensión) y hacia la referencia europea.

La ambición de Casado

Distintas fuentes consultadas para este análisis destacan la fijación del líder del PP en la convención de septiembre-octubre, en una ciudad aún por determinar. También hace semanas pidió a un estrecho grupo de dirigentes, encabezados por el secretario general, Teodoro García Egea, que fueran dando forma al ideario del PP del futuro. El partido mudará la piel y es posible que muchas de sus ideas, sin renunciar a las fundacionales. La dupla Casado-Egea quiere una organización ensamblada, más joven, moderna y con más consistencia intelectual, para lo que recurrirá a figuras ajenas e independientes.

El trabajo de las ideas es esencial para el presidente del PP, y por ello, con frecuencia, organiza en la sede de Génova o fuera de ella encuentros y entrevistas con entidades y asociaciones del tejido civil. En su despacho, habla presencialmente y por teléfono con asesores de toda la vida, personas de su confianza y otras de llegada más reciente sobre cómo ha de ser la convención en el terreno ideológico. Las ponencias han comenzado a trabajar discretamente, pues el líder ha exigido prudencia y discreción. No quiere espectáculos ni luchas de poder internas, si bien en su partido es conocido que la preparación de la convención ha empezado y que de ella emanará el proyecto con el que desembarcar en Moncloa.

Al igual que el líder del PSOE, el del PP ha dado total prioridad a la esfera internacional

Al igual que el líder del PSOE, el del PP ha dado total prioridad a la esfera internacional, de manera que la convención habrá de trascender fronteras. Mientras Sánchez anhela liderar la socialdemocracia europea, Casado desea encabezar la democracia cristiana a escala continental, aprovechando el fin de la época Merkel.

Sánchez y Casado, por tanto, libran ya una batalla ideológica de primera magnitud. Luego llegará la crucial: la electoral. Y después, la historia.

Pero no serán los únicos. Unidas Podemos tiene pendiente otro cambio de ciclo, y no será menor, porque se tratará del primero de la era 'pos Iglesias'. Yolanda Díaz disputará aquí una partida fundamental. Asimismo, Más País, la formación de Íñigo Errejón, deberá proclamar en qué competición quiere jugar. Habida cuenta de cómo va la campaña del 4-M y del tirón en aumento de Mónica García, parece que hay una izquierda social y demoscópica que le está esperando.

El próximo otoño acogerá el duelo no electoral más importante entre Pedro Sánchez y Pablo Casado. Ambos llevan semanas inmersos en la preparación de los actos con los que quieren relanzar sus proyectos. El líder socialista pretende con el congreso federal construir una nueva socialdemocracia española y europea. El líder popular aspira con la convención a levantar la plataforma ideológica que le sitúe en la Moncloa y le erija en referente internacional. La batalla ha comenzado ya. Silenciosa y discretamente, pero ha comenzado ya.

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