Crimen de Almonte: el cronograma imposible de una masacre

El jefe del equipo de inspección ocular de la Guardia Civil aseguró que, pese a su larga experiencia, era “uno de los escenarios de un crimen con mayor agresividad” que había visto en su vida

Foto: Portal donde se ubica la vivienda del doble crimen de Almonte. (Javier Caraballo)
Portal donde se ubica la vivienda del doble crimen de Almonte. (Javier Caraballo)

Solo hay un detalle del doble crimen de Almonte, acaso el detalle más cruel, más doloroso, más violento, sobre el que nadie ofrece dudas entre todas la partes personadas en el juicio que se celebra en la Audiencia de Huelva. Son los 10 minutos en que se produjo el asesinato de un padre y de su hija, de ocho años, en su domicilio de Almonte, el 27 de abril de 2013. Tras encontrarse los cadáveres de ambos, dos días más tarde, los agentes de la unidad especializada de la Guardia Civil que acudió allí para realizar la inspección ocular encontraron un escenario dantesco, sobrecogedor.

Escalera de acceso a la vivienda. (J. C.)
Escalera de acceso a la vivienda. (J. C.)

En el piso, una vivienda unifamiliar a la que se accede por una escalera de 21 escalones, todo el pasillo estaba regado de sangre. En un extremo del pasillo, el cadáver del padre, completamente desnudo, en una de las habitaciones, y más adelante el cadáver de la niña, cubierto con una mantita. El jefe del equipo de inspección ocular de la Guardia Civil, que compareció como testigo, aseguró que, pese a su larga experiencia, era “uno de los escenarios de un crimen con mayor agresividad” que había visto en su vida.

Era sábado. El asesino llegó a la vivienda cuando el padre, después de ver un partido de fútbol con un amigo, se había metido en la ducha. Su hija lo aguardaba, con un vestido preparado sobre la cama, para vestirse y salir juntos a cenar a una pizzería. El asesino llega hasta el cuarto de baño en el que se ducha el padre, según la reconstrucción realizada tras la inspección ocular, y ahí se produce la primera agresión, al salir de la ducha. Luego llega “una batalla campal”, una “lucha muy fuerte” entre la víctima y su asesino en la que también, según la Guardia Civil, intervino la pequeña: acaso al ver a su padre en peligro, la niña de ocho años se fue a la cocina, cogió un cuchillo, e intentó defenderlo.

Luego llega “una batalla campal”, una “lucha muy fuerte” entre la víctima y su asesino en la que también intervino la pequeña

El asesino intentaba separarla propinándole continuos pinchazos con el cuchillo, al mismo tiempo que luchaba con el padre, hasta que ambos cayeron muertos. Los forenses certificarían luego que los cadáveres presentaban hasta 151 heridas de cuchillo. Muchos apelativos se han empleado en el juicio para describir lo ocurrido, pero quizá ninguna mente pueda imaginar ni describir una escena de terror así.

A partir de ese relato, del que nadie difiere, comienzan a desplegarse las grandes incógnitas sobre la autoría del doble asesinato, los ‘agujeros negros’ de la investigación que hacen dudar de la implicación real del único acusado, Francisco Javier Medina, pareja sentimental en aquel momento de la mujer del hombre fallecido, con el que se encontraba en proceso de separación, y de su hija.

Por lo aportado por el capitán jefe del equipo de homicidios de la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil, todo se desarrolló en 10 minutos, desde las 21:52 hasta las 22:02; es decir, la hora de llegada del asesino, tras el partido de fútbol, y la hora en la que los vecinos dejaron de oír ruidos. La defensa difiere de esta contabilización temporal de la masacre porque sostiene que los vecinos dejaron de oír ruidos varios minutos más tarde, pero para establecer un cronograma podemos acogernos a la versión oficial de este capitán jefe de la UCO, entre otras cosas porque también en las acusaciones, y entre los propios investigadores, se ofrecen horarios distintos y previos, con minutos arriba o abajo. Por tanto, podría establecerse que el doble asesinato de Almonte se produjo en esos 10 minutos siguiendo la versión oficial del capitán que dirigió las investigaciones.

A partir de ahí, lo complicado es ‘encajar’ en ese horario al presunto asesino. Según la investigación de la UCO, está acreditado, por dos testigos que lo vieron, que el sospechoso Francisco Javier Medina abandonó sobre las 21:00 el supermercado Mercadona en el que trabajaba, es decir, una hora antes de la salida oficial de los trabajadores. Entre esa hora, las 21:00, y la hora de inicio de la agresión, 21:52, la investigación no acierta a situarlo en ningún otro punto de la localidad, a pesar de que ese sábado, conocido como ’sabatina’, era una jornada de fiesta en Almonte, que cada siete años recibe a la Virgen del Rocío y la despide luego, cuando llega la celebración de la romería en la aldea.

Por tanto, la hipótesis oficial es que Francisco Javier Medina aprovechó ese tiempo para preparar minuciosamente el asesinato; esperó a que en la vivienda solo permanecieran el padre y la hija para, aprovechando su conocimiento de ambos, entrar en el piso sin tener que forzar la cerradura y agredir brutalmente a sus víctimas. Al no existir ni huellas digitales, ni restos de sangre ni ningún otro rastro biológico, como pelos o piel, la investigación concluye que el asesino iba perfectamente pertrechado para la agresión: capucha y guantes, además del resto del cuerpo cubierto.

¿Cómo es posible que se lavara, se deshiciera de las prendas, cogiera su vehículo y se marchara al súper, a un kilómetro de distancia, en 4 minutos?

Tras la “batalla campal”, que acaba a las 22:02, el asesino limpia el cuchillo en una de las toallas y, según la UCO, se lava las manos en el cuarto de baño y deja sus restos de ADN en las toallas de dos cuartos de baño distintos. No se explica por qué se lava las manos si llevaba guantes. A continuación, se deshace, u oculta, la ropa, que supuestamente debía estar ensangrentada por la intensidad de la agresión, y se marcha de nuevo al Mercadona. La propia Marianela, que trabajaba con él aquel día en el supermercado, lo sitúa en la puerta del Mercadona a las 22:06 minutos. Ambos caminan hacia sus respectivos coches y, una vez dentro, está acreditada una llamada de teléfono del acusado a Marianela, a las 22:09, en la que planifican con toda normalidad lo que van a hacer esa noche: cada uno se irá a su casa a ducharse, el acusado se llegaría a por comida a un bar de Almonte, caracoles y hallullas, y alquilaría una película para verla juntos, ‘El príncipe de Persia’, en un videoclub del centro.

¿Puede sostenerse ese cronograma? Según dijo ayer en el juicio el teniente del grupo de homicidios de la UCO, el horario “es perfectamente compatible”, pero los minutos no encajan. Por una mera deducción lógica: ¿cómo es posible que el asesino, como sostiene la UCO, acabara de acribillar a sus dos víctimas a las 22:02, que se lavara, se deshiciera de las prendas manchadas de sangre, cogiera de nuevo su vehículo, se marchara otra vez al supermercado, a un kilómetro de distancia, y estuviera en la acera, junto a su coche, a las 22:06? ¿Todo eso en cuatro minutos? Pero si solo en el trayecto, prescindiendo del aparcamiento y con semáforos en verde, se emplea de 3:20 a cuatro minutos, según el propio peritaje de la Guardia Civil.

El teniente de homicidios de la UCO lo tiene claro, dice que es “perfectamente compatible”, pero es posible que, con la versión oficial, se hayan agrandado los ‘agujeros negros’ en estas jornadas de vista oral en que los investigadores han expuesto las razones por las que detuvieron, 14 meses después del doble asesinato, a Francisco Javier Medina como único autor de aquel espanto.

Matacán

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