Una crisis para ganar el PSOE
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Javier Caraballo

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Una crisis para ganar el PSOE

Si contemplamos la trayectoria de Pedro Sánchez en su ascenso a la secretaría general del PSOE, esta sería la tercera etapa en su consolidación como líder socialista

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El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. (EFE)

Como está escrito a principios de año, cuando ni siquiera asomaba la crisis, procede ahora repetir lo que entonces se adelantaba en el círculo de poder del Partido Socialista que acompaña al secretario general y presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, como objetivo político de este 2021. Decía así, como se publicó en El Confidencial: "Hacer visible el Gobierno en toda la estructura del Partido Socialista". Ese era el horizonte previsto con dos acontecimientos fundamentales para llevarlo a cabo, por un lado, el Congreso Federal del PSOE, que se celebrará en el último trimestre del año, y una remodelación profunda del Gobierno, que es la que acaba de suceder, varios meses antes de lo que se esperaba.

"Era fundamental -se apuntaba ayer en esos mismos círculos socialistas- que de cara a la opinión pública aparecieran separados lo institucional y lo orgánico del partido, que ya tenía una fecha cierta. Por eso se adelanta el cambio de Gobierno". Si contemplamos la trayectoria de Pedro Sánchez en su ascenso a la secretaría general del PSOE, esta sería la tercera etapa en su consolidación como líder socialista. La primera, la más tumultuosa, se cerró con las primarias en las que derrotó a todo el viejo aparato del PSOE, que había elegido a Susana Díaz como referente; la segunda etapa, la más inestable, cuando ganó la moción de censura contra Mariano Rajoy e inició un periodo de gobierno con un exiguo apoyo parlamentario; y esta tercera en la que, tras ganar dos veces las elecciones generales y formar un gobierno de coalición con Podemos, se dirige hacia el interior de la organización con la intención de "acompasar el partido y la imagen del Gobierno". En ese punto exacto es en el que nos encontramos, como desvelan los tres detalles fundamentales de la crisis de Gobierno.

El primero de ellos, quizá el más aplaudido íntimamente en el seno del PSOE, ha sido la salida de Iván Redondo y su sustitución por algunas caras reconocidas y reconocibles entre los socialistas, como Félix Bolaños y Óscar López. El mensaje reiterado hasta la saciedad de que el presidente del Gobierno era una marioneta cuyos hilos manejaba un mercenario de la política se transformaba en un agravio insoportable dentro de un partido como el PSOE, tan celoso de su historia y de su trayectoria.

Foto: El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante una sesión parlamentaria. (EFE)

Con independencia de que la crítica fuese cierta o no, la presencia de Iván Redondo en la Moncloa, el famoso 'laboratorio', siempre ha sido un elemento extraño que ofendía la idiosincrasia socialista. Con ese cambio, además, Pedro Sánchez envía otro mensaje importante al interior del PSOE: la pacificación. De aquella primera etapa, en la que Pedro Sánchez tuvo que recuperar la secretaría general del PSOE cuando lo botaron de la ejecutiva federal, quedaron descolgados algunos dirigentes como Óscar López. Las traiciones de aquella época, aunque el efecto fue el mismo, tenían una distinta graduación, por eso Óscar López recibió un retiro dorado en la dirección de Paradores. Su regreso ahora a la primera línea política debe entenderse como una prueba de integración.

De todas formas, hasta ahí llega la integración con aquellos que, en su día, traicionaron o se enfrentaron a Pedro Sánchez. El segundo detalle de esta remodelación ofrece el mensaje contrario. Se incorporan al Gobierno dos mujeres jóvenes, Isabel Rodríguez y Pilar Alegría, que, en adelante, pueden ser referentes de futuro del PSOE en dos de las regiones en las que Pedro Sánchez encuentra más críticos: Castilla-La Mancha y Aragón o, lo que es lo mismo, Emiliano García Page y Javier Lambán. Después de que se celebre el Congreso federal del que se hablaba antes, tendrán lugar los congresos de las distintas agrupaciones regionales del Partido Socialista en las que se impondrá ese objetivo de "acompasar la imagen del partido y del Gobierno". En una de las agrupaciones 'díscolas', la Andalucía de Susana Díaz, ese proceso ya se ha producido con resultado favorable para Pedro Sánchez, como es sabido.

El tercer detalle en el que se debe reparar de la crisis de Gobierno tiene que ver con dos mensajes bidireccionales, hacia el interior de la organización y hacia Podemos, socio de gobierno de los socialistas y rival en las elecciones ante el electorado de izquierdas. A pesar de que la remodelación del Gobierno ha afectado casi a la mitad de los ministros de la cuota socialista, el presidente no toca la columna vertebral, compuesta, por un lado, por los ministerios de Economía y Hacienda y, por otro lado, por los de Interior y Defensa.

Foto: El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante su comparecencia en la que dio a conocer la nueva composición del Gobierno, este sábado en el Palacio de la Moncloa. (EFE)

La estabilidad que le han proporcionado los titulares de esas carteras frente a los órdagos de ultraizquierda de Podemos, esencialmente en la etapa de Pablo Iglesias, se ven recompensados con la continuidad. Y en la Unión Europea, por su lado, pueden encontrar en el ascenso de Nadia Calviño un compromiso de continuidad, sin sorpresas, hasta el final de la legislatura, dentro de dos años. Un compromiso de continuidad y ausencia de problemas añadidos tan importante como el que puede deducirse de la caída de Fernández Laya, tras su pésima gestión en el Ministerio de Asuntos Exteriores. El último mensaje bidireccional podemos encontrarlo en Pilar Llop, para que coja en el Gobierno la bandera feminista por la que tanto lucha Irene Montero, la ministra podemita de Igualdad. En definitiva, que, uno a uno, y sumados todos ellos, Pedro Sánchez ha vuelto a sorprender a todos con una de las mayores crisis de Gobierno que se conocen en democracia, después de un primer semestre del año trepidante en la política española. Y esta vez, en el laboratorio no estaba Rasputín.

Pedro Sánchez Iván Redondo