‘Operación X’, Casado contra Juanma Moreno
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Javier Caraballo

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‘Operación X’, Casado contra Juanma Moreno

En política, las cuentas pendientes son heridas que difícilmente cicatrizan y es posible que, desde entonces, Pablo Casado tuviera pendiente la culminación de aquella jugada de asalto al PP andaluz

placeholder Foto: El presidente de Andalucía, Juanma Moreno (d), y el líder del PP, Pablo Casado. (EFE)
El presidente de Andalucía, Juanma Moreno (d), y el líder del PP, Pablo Casado. (EFE)

Podrían llamarlo X porque nadie en el PP andaluz duda de que la operación existe, que lleva meses en marcha, pero tampoco se acierta a señalar un objetivo concreto, un motivo determinado, por el que Pablo Casado, el presidente nacional de los populares, está desplegando toda su influencia orgánica en Andalucía para hurtarle el control del partido a su compañero Juanma Moreno, que es el presidente regional y, sobre todo, el presidente de la Junta de Andalucía. La indefinición de esta jugada, el porqué de estos enfrentamientos internos, que han llegado hasta el despropósito, es todavía más incierta o desconcertante si se mira hacia atrás y se piensa en los casi 40 años que ha durado la travesía del desierto del PP andaluz; las cuatro décadas de hegemonía socialista en las que la derecha andaluza, primero, y el centro derecha, después, no ganaban ni en las encuestas electorales. De ahí, esa extrañeza: ¿y cómo es posible que ahora que el Partido Popular ha alcanzado la presidencia de la Junta de Andalucía, ahora que los vientos electorales le son favorables, según los sondeos, se desata una operación de enfrentamiento y división en el seno del partido? ¿Qué interés tiene Pablo Casado en arrebatar a Juanma Moreno el control de las ejecutivas provinciales y desestabilizarlo internamente?

Foto:  Opinión

Quizá la historia comience, o haya que comenzar a contarla, a partir de la noche electoral de las elecciones andaluzas —noviembre de 2018—, en las que, para sorpresa de todos, el candidato del PP, Juanma Moreno, consiguió la suma que lo convertía en presidente de la Junta de Andalucía. Lo que todo el mundo esperaba era que el PSOE ganase de nuevo las elecciones, como ocurrió, pero nadie calculó que esta vez la suma de las derechas, aun con el peor resultado del PP en las urnas andaluzas, alcanzaría la mayoría absoluta. Tan grande fue la sorpresa que a un dirigente del PP, el exministro Juan Ignacio Zoido, le llevó a protagonizar uno de los mayores ridículos políticos que se recuerdan: era cabeza de lista por Sevilla, pero la noche electoral se marchó junto a Pablo Casado a la sede de la calle Génova en Madrid para anunciar desde allí la destitución de Moreno Bonilla y la creación de una gestora del partido en Andalucía.

En política, las cuentas pendientes son heridas que difícilmente cicatrizan y es posible que, desde entonces, Pablo Casado tuviera pendiente la culminación de aquella jugada de asalto al PP andaluz, interrumpida por la inesperada conquista de la Junta de Andalucía. La cuestión, de todos modos, es que en los congresos provinciales que se han celebrado, Juanma Moreno solo puede decir que ha ganado en una provincia, en la suya, en Málaga, mientras que en el resto ha tenido que ceder el poder a supuestas ‘listas de integración’ en las que la mano de la dirección nacional es muy visible.

Foto: Ilustración: El Confidencial Diseño

El peor de todos los resultados para Moreno ha sido el congreso de Sevilla, en el que sus partidarios han sufrido, no solo una derrota, sino una clamorosa humillación pública; por eso se avino a ceder en todos los demás, menos Málaga. Le ganaron el congreso por goleada, luego le quitaron el portavoz municipal de la capital y, para rematarlo, le han nombrado un candidato, a pesar de que faltan dos años para las elecciones municipales. El personaje central de esa ‘batalla’ es una mujer, la presidenta provincial, llamada Virginia Pérez, desconocida como política pero eficaz como fontanera e imbatible como superviviente. Para situarnos, su perfil podría ser equiparable al de su homóloga del PSOE en Sevilla, también Pérez de apellido, Verónica, a la que todo el mundo recordará por su frase antológica en el comité federal del PSOE: “La autoridad soy yo”. Es evidente que, si todo eso ha sucedido, si Moreno, que tiene el inmenso poder de la Junta de Andalucía, no ha sido capaz de ganar los congresos provinciales frente a Pablo Casado, que solo es líder de una oposición precaria en el Congreso de los Diputados, es solo por el desastre de ejecutiva regional del PP andaluz para controlar el partido. Dicho de otra forma, la eficacia de Teodoro García Egea como secretario general del PP es directamente proporcional a la inoperancia de la secretaria general del PP andaluz, Loles López.

En todo caso, no son estas las únicas razones para que Casado quiera amarrarse el control del partido en Andalucía. Incluso aunque no se pretendiera, en la actualidad existe un contraste muy negativo para el presidente nacional del PP cuando se le compara con algunos de sus principales barones, fundamentalmente el presidente gallego, Alberto Núñez Feijóo, la presidenta de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, y el mencionado Juanma Moreno. Los tres, al contrario de lo que sucede con Casado, están en este momento muy por encima de las siglas del partido; son ellos los que suman votos, no las siglas y la gaviota. Ahí está para muestra el último congreso del PP de Galicia, en el que las siglas del PP eran una especie de asterisco al final de la palabra central, ‘Galicia’, invisibles desde muchos tiros de cámara. Lo mismo que sucedió antes en las elecciones gallegas o en las de Madrid, con Isabel Díaz Ayuso, que la palabra central era ‘Libertad’. ¿Quiere ello decir que Feijóo y Díaz Ayuso reniegan o traicionan al PP? En absoluto, lo único que significa es que saben que de esa forma suman más votos, que no son las siglas las que pueden contribuir a un buen resultado.

Foto: El presidente andaluz, Juanma Moreno, y el vicepresidente, Juan Marín. (EFE)

En el caso de Pablo Casado, las siglas del partido suman más que él, lo cual es muy llamativo, sobre todo en este buen momento de expectativas electorales, porque no consigue aumentar el aprecio de los votantes. No solo está peor valorado que el propio Pedro Sánchez en los últimos sondeos, en que el PP aumenta la distancia sobre el PSOE, sino que es muy probable que, si los votantes del centro derecha tuvieran que elegir el candidato a las elecciones generales, se inclinarían antes por alguno de esos presidentes autonómicos. Se quiera o no, eso genera una inseguridad interna que Casado puede intentar compensar con un mayor control de la organización. Núñez Feijóo, aunque parezca ‘autodescartado’ como líder nacional, siempre es una opción en la recámara, igual que sucederá con Isabel Díaz Ayuso, si revalida su mayoría en la Asamblea de Madrid en las elecciones de 2023, y Juanma Moreno, si aciertan las encuestas que le vaticinan una holgada victoria en la Junta de Andalucía, probablemente en la primavera de 2022. Pero todo futurible en política puede deshacerse por un puñado de papeletas, como bien sabe el presidente andaluz. Y para que eso suceda, nada mejor que la paradoja de que el mismo líder que se consolida en la sociedad salga maltrecho de las batallas en su propio partido.

Podrían llamarlo X porque nadie en el PP andaluz duda de que la operación existe, que lleva meses en marcha, pero tampoco se acierta a señalar un objetivo concreto, un motivo determinado, por el que Pablo Casado, el presidente nacional de los populares, está desplegando toda su influencia orgánica en Andalucía para hurtarle el control del partido a su compañero Juanma Moreno, que es el presidente regional y, sobre todo, el presidente de la Junta de Andalucía. La indefinición de esta jugada, el porqué de estos enfrentamientos internos, que han llegado hasta el despropósito, es todavía más incierta o desconcertante si se mira hacia atrás y se piensa en los casi 40 años que ha durado la travesía del desierto del PP andaluz; las cuatro décadas de hegemonía socialista en las que la derecha andaluza, primero, y el centro derecha, después, no ganaban ni en las encuestas electorales. De ahí, esa extrañeza: ¿y cómo es posible que ahora que el Partido Popular ha alcanzado la presidencia de la Junta de Andalucía, ahora que los vientos electorales le son favorables, según los sondeos, se desata una operación de enfrentamiento y división en el seno del partido? ¿Qué interés tiene Pablo Casado en arrebatar a Juanma Moreno el control de las ejecutivas provinciales y desestabilizarlo internamente?

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