Lo que queda de Gabriel Rufián y el Rey
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Javier Caraballo

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Lo que queda de Gabriel Rufián y el Rey

El desgaste corrosivo de la figura política de los independentistas catalanes podemos verlo con mucha claridad en el portavoz de Esquerra Republicana en el Congreso de los Diputados, Gabriel Rufián

Foto: El portavoz parlamentario de ERC, Gabriel Rufián. (EFE/Emilio Naranjo)
El portavoz parlamentario de ERC, Gabriel Rufián. (EFE/Emilio Naranjo)

“Una parte de la base independentista ha desconectado”, ha dicho con pesadumbre Elisenda Paluzie, que es la presidenta de la Asamblea Nacional de Cataluña, en una entrevista de la RTVE en aquella comunidad. De esta señora dicen las crónicas que es de las últimas defensoras de la declaración unilateral de independencia, en cumplimiento de lo que le prometieron hace años a los catalanes, pero lo que, en realidad, se desprende de su conversación es que está muy preocupada por cómo se les ha caído el discurso. En otras palabras, echa de menos una nueva zanahoria para hilvanar un mensaje que motive a los desencantados, como sucedía antes.

Ese incentivo movilizador, según su análisis, lo desempeñó, primero, el referéndum de octubre de 2017 y, cuando todo aquel montaje se vino abajo, el ‘gancho’ lo proporcionaban los presos condenados por el Tribunal Supremo y la constante invocación de la supuesta ‘represión’ del Estado español, que fue como una versión más del España nos roba. Pero han salido los presos de la cárcel y, en vez de poner en marcha otra vez el proceso independentista, como prometieron, no solo no ha ocurrido nada que se sitúe fuera de la ley, sino que las diferencias entre ellos cada vez son mayores.

Foto: El presidente Sánchez estrecha la mano del portavoz de ERC, Gabriel Rufián. (EFE/Mariscal)

Ese es el punto exacto de la desconexión mental que subraya la mencionada Elisenda Paluzie con una metáfora inmejorable, el personal se ha cansado tanto que, sencillamente, ha dejado de escucharlos y de seguirlos: "ya me avisaréis", dice que piensan, como si se hubieran echado al lado del camino a tumbarse bajo un árbol. Pero van pasando las semanas y los meses y, muy pronto, se habrán cumplido diez años del inicio de la ‘hoja de ruta’ del proceso independentista. ¡Diez años!

Sucede, además, que, en todo este tiempo, lo que ha podido ver el personal es que los mismos que les prometieron declarar la independencia para mejorar la calidad de vida de todos los catalanes se han acomodado en sus despachos oficiales. Ha ocurrido así incluso después de dos elecciones consecutivas tras la revuelta de 2017 en las que el independentismo ha vuelto a formar Gobierno en Cataluña con el mismo discurso y el mismo efecto: nada. Por la actualidad, van entrando y saliendo personajes, uno tras otro, que dejan la estela de un ripio repetido, “qué fue de Torra/ qué hace Torrent/ dónde se mete Borrás/ dónde se ha ido Forcadell”, sin esperar nada más que, otra vez, aseguren en la tarima de un mitin o en el atril de una conferencia que “la independencia es irreversible, pero…”

Foto: El portavoz de ERC, Gabriel Rufián, conversa con la portavoz del PSOE, Adriana Lastra, en el pleno del Congreso de los Diputados. (EFE)

El desgaste corrosivo de la figura política de los independentistas catalanes podemos verlo con mucha claridad en el portavoz de Esquerra Republicana en el Congreso de los Diputados, Gabriel Rufián, el más perseverante de todos ellos en la búsqueda de una zanahoria que pueda superar el decaimiento progresivo. En su biografía paralela de independentista de salón, el combativo Rufián dejó escrito un compromiso personal que, como él no se cansa de soslayarlo, conviene siempre repetírselo. Desde diciembre de 2015, que se celebraron elecciones generales en España, y en los meses sucesivos, dijo en innumerables entrevistas: “En 18 meses dejaré mi escaño para regresar a la República Catalana. No hay plan B. Tenemos que hacer lo que siempre hemos hecho, respetar los acuerdos firmados, la hoja de ruta. No estaremos ni un día más de los 18 meses que marca la hoja de ruta y, cuando se proclame la independencia de Cataluña, marcharse porque ya habremos hecho nuestro trabajo. Esta imagen de los diputados independentistas marchándose del Congreso es muy potente”.

Seis años después, ahí sigue el hombre, con su chaqueta ajustada, la barba recortada y el discurso afilado de siempre, pero sin mencionar más la independencia de Cataluña como ultimátum. Ahora, el regreso a lo conocido se comprueba con el retorno a la misma estrategia de negociación que han desplegado siempre en las Cortes los nacionalistas vascos y catalanes cuando han hecho de bisagra de los gobiernos. Acaba de ocurrir con la negociación de los presupuestos generales del Estado. (Esa inercia, por cierto, es corrosiva para la democracia española, pero ni el PSOE ni el PP, como partidos mayoritarios, han querido cambiarla nunca).

Foto: 'Escamots' del Estat català. Opinión

La vuelta, de facto, a la normalidad institucional del Estado de las Autonomías, que es lo que atormenta a los dirigentes independentistas catalanes, lo intenta compensar el osado portavoz Rufián con el recurso, también recurrente, de otras zanahorias que puedan servirles para maquillar sus promesas independentistas. De todo el abanico, la zanahoria que más atrae a este personal es la de los ataques a la Monarquía y a la figura del Rey, Felipe VI, por ser símbolos de la unidad de España (“El Rey es el jefe del Estado, símbolo de su unidad y permanencia”, dice el artículo 56 de la Constitución). El compromiso aquel de abandonar el Congreso, lo ha sustituido Rufián por el gesto de dejar unos minutos el escaño para hacerse una foto en el pasillo, solo o con el elenco de diputados radicales de su mismo entorno, cuando deciden abandonar una votación o cuando presentan algunas enmiendas de carril, como las almejas, perfectamente previsibles e inviables.

Es lo que ocurre con la propuesta de quitarle al Jefe del Estado el título de Rey de España, no por su contenido en sí mismo, sino por la imposibilidad de llevarlo a cabo mediante una norma como la Ley de Memoria Histórica. Como bien saben todos ellos, todo cambio de esa naturaleza tendría que hacerse con una reforma de la Constitución, pero aun así presentan las enmiendas, lo cual es una forma de malversación política del escaño que ocupan. ¿Le puede servir de zanahoria? A la vista del desencanto admitido por los propios independentistas, ni siquiera consiguen remover el muermo. Pero hay que entenderlo, esto es lo que queda de Gabriel Rufián.

Gabriel Rufián Rey Felipe VI
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