El significado de las últimas palabras de Antonio Alcántara y el consenso español
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Héctor G. Barnés

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El significado de las últimas palabras de Antonio Alcántara y el consenso español

En su soliloquio final, el 'personaje-zeitgeist' por antonomasia realizó una vaga defensa de la solidaridad familiar en el año 2021. Si no sabes qué decir, habla de la familia

placeholder Foto: Antonio Alcántara, en 'Cuéntame'. (TVE)
Antonio Alcántara, en 'Cuéntame'. (TVE)

Como guionista frustrado, me intrigaba conocer cuáles iban a ser las últimas palabras de Antonio Alcántara, ‘pater familias’ de la familia de ‘Cuéntame’. Imagínate tener que escribir el discurso final del 'personaje-zeitgeist' por antonomasia, y que además ese discurso tenga lugar, por primera vez, en el presente. Antonio ha viajado a través de las décadas ofreciendo la encarnación física, narrativa y filosófica del consenso de la Transición democrática.

La gran pregunta era, por lo tanto, ¿cuál es el consenso en la España de 2021, si es que lo hay? Qué morbo, qué intriga, qué mina de oro sociológica. 'Play'. “¿Tú sabes por qué las uvas crecen en racimos? Porque son como una familia. Crecen juntas, se necesitan porque son como una familia. Y se ayudan a madurar. A veces una se pone pocha y no dejan que se caiga. ¿Sabes por qué? Porque son una familia. ¿A que eso no lo sabías tú? Pues recuérdalo, porque si no nunca vas a hacer buen vino”. El entorno, cómo no, el campo, el pueblo de la familia, aunque el grueso de la serie se haya ambientado en la gran ciudad.

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Es revelador que el discurso final de Alcántara vaya sobre la solidaridad familiar, uno de los mitos fundacionales de la democracia española con los que nadie puede estar en desacuerdo. A la gente le gusta la familia como le gustan los perros, el sol o respirar. Todo el mundo tiene un padre y si se lleva mal con su padre, el problema es del padre, no de la institución familiar. Pero hay algo de delirio alcoholizado de barra de bar en la última intervención de Antonio, esa tendencia a filosofar sobre obviedades que de repente parecen epifanías que al parecer unen a los muertos y los borrachos.

La familia nunca falla en España, es un valor refugio. Lo sabía bien Antonio Mercero y más tarde Daniel Écija: sus series iban sobre familias porque era la manera más fácil de convocar delante del televisor al abuelo, al padre y al nieto, que encontraban su correspondencia exacta en la pequeña pantalla. La familia ha sido el configurador esencial de la televisión de ‘prime time’, y con ella, de los hábitos y costumbres de los españoles, hasta que llegó Netflix y lo fragmentó todo. Lo cual provoca un peculiar sentimiento de nostalgia en el caso de ‘Cuéntame’: como ocurre con sus personajes, en la familia que empezó a ver junta la serie en el 2000, el hijo se habrá convertido en padre, el padre en abuelo y el abuelo posiblemente habrá fallecido y se le recordará con cariño cada vez que se emite un nuevo capítulo.

placeholder La familia nuclear global.
La familia nuclear global.

Cada vez que oigo la palabra 'familia' viene a mi mente un conjunto de tres generaciones (es importante que sean tres, no dos ni cuatro) sentadas en un sofá, delante del televisor, como en la cabecera de ‘Los Simpson’. Me pregunto si a los jóvenes les pasará lo mismo. Creo que no. Mientras le doy vueltas al tema, de repente me encuentro el tuit de la semana: “Las políticas de natalidad rollo dar dinero a las familias está bien, pero el problema de la natalidad no se va a resolver hasta que no se vuelva a dotar al tener hijos de valor social. Este problema no se resuelve con dinero, se resuelve con series de televisión”.

¿Qué diablos es una familia?

Siempre es oportuno preguntarse de qué hablamos cuando hablamos de familia. ¿Las personas a las que más querrás en tu vida o los que te dejarán una casa en herencia? Es muy interesante el trabajo ‘La familia española y la opinión pública en perspectiva internacional’ del sociólogo Luis Ayuso Sánchez, editado como parte de un trabajo para Funcas. El autor comienza recordando que España se considera un país familiarista “por la importante influencia de la cultura católica, un tardío y escaso desarrollo del Estado de bienestar, el tradicionalismo en muchos comportamientos y una sociabilidad mediterránea asentada sobre redes familiares”.

España ve de forma negativa la incorporación de la mujer al mercado laboral

Pero el trabajo arroja una interesante conclusión: la opinión pública española tiene una visión sobre la familia más moderna que países como Suecia y Alemania respecto a cuestiones como la cohabitación, el divorcio o los hijos fuera del matrimonio. Los hemos adelantado por la izquierda. “Todos los países analizados presentan una tendencia similar en la misma dirección, aunque con menos intensidad”, señala el autor. “Nuestro país se asemeja mucho más al caso nórdico, tanto en relación a tener hijos fuera del matrimonio (solo un 31% frente al 27% de Suecia se muestra en contra) como a favor de la cohabitación (86% en España y 84% en Suecia) que a países como EEUU o Polonia”. Es casi casi como trasladar la trama de 'Cuéntame' a una estadística internacional.

Lo interesante de este análisis son las “paradojas”, en términos del autor, que emplea como ejemplo la de los hijos, que los españoles consideramos uno de los placeres más importantes de la vida (96%) y una importante limitación en la libertad de los padres (53%). ¿Qué significa esta aparente paradoja? La convivencia de valores familiares más liberales con un Estado del bienestar menos desarrollado, señala Ayuso. También, una tensión entre el tradicionalismo familiar y un acelerado cambio de valores.

placeholder La familia Alcántara, en 'Cuéntame cómo pasó'. (RTVE)
La familia Alcántara, en 'Cuéntame cómo pasó'. (RTVE)

Uno de los aspectos donde se muestra de forma más evidente esa tendencia conservadora es en la relación entre mujer y mercado laboral. “A pesar de que el trabajo femenino se encuentra muy arraigado en el ideario social, la opinión pública española se caracteriza por percibir de forma más negativa que cualquier otro país las consecuencias del trabajo femenino para la vida familiar, así como por estar más a favor de ‘ser ama de casa es tan gratificante como trabajar por un salario’, con un porcentaje cercano al cincuenta por ciento que no ha variado en los últimos veinte años”. Los factores que lo explican son tanto estructurales, debido a una mayor precariedad y a “nuestra menor participación femenina en el mercado laboral”, pero también “por la forma en la que los españoles valoran, reconocen y protegen la vida familiar, y el importante papel que juega la mujer en ella”. 'Equilicuá'.

La segunda transición demográfica

Hace alrededor de un mes, realicé un pequeño viaje periodístico por todo el mundo (es decir, a base de teléfono y correo electrónico) para averiguar cómo solucionar los problemas de natalidad (y, ya de paso, preguntarme si de verdad son un problema). La respuesta estaba en la teoría de la segunda transición demográfica, que viene a decir que “los cambios en las opiniones y actitudes hacia la familia son el principal factor para explicar las transformaciones relacionadas con la baja fecundidad”. O, en otras palabras, que por mucho que en países como Corea del Sur, Noruega o Suecia pusieran en marcha políticas de fomento de la natalidad, esto no derivó en un aumento sustancial de nacimientos.

La división entre lo material y lo cultural es engañosa

En España nadie tiene hijos, pero todo el mundo quiere tenerlos como muestran los datos del INE que recoge César Rendueles en ‘Contra la igualdad de oportunidades’. “La encuesta de fecundidad que realizó el INE en 2018 mostró un resultado fascinante”, escribe el filósofo. “Tal vez vivamos en sociedades digitales, posmodernas, poliamorosas y del riesgo, pero nuestro deseo de tener hijos sigue incólume. Como siempre ha ocurrido, la inmensa mayoría de hombres y mujeres quieren ser padres y madres”. La gran pregunta es: ¿esa brecha es solo material? ¿O encubre la dificultad de aceptar que en realidad, bueno, no estaría mal tener hijos, pero tampoco hay tanta prisa ni tantas ganas?

Yo también era de los que decía que no tenían hijos porque no podían permitírselo y que, como tantos otros, cuando se lo pudo permitir tampoco tuvo hijos, lo que me llevó a preguntarme si en realidad lo material no es a menudo una simple excusa para maquillar nuestras motivaciones personales, más ligadas a lo cultural. Aún más, si esa división entre lo 'material' y lo 'cultural' no es falsa y equívoca, imposible de separar, un juego de espejos en el que unas causas se disfrazan de otras inconfesables, donde los discursos se sobreponen a otros discursos, donde uno nunca cuenta toda la verdad. Hace mucho que no veo a nadie reconocer que no tiene hijos porque no quiere, no porque sea precario o porque no sepa qué va a ser de su vida, y eso también es ‘zeitgeist’.

Foto: 'Bueno, ¿y vosotros para cuándo?'. (Reuters/Valentyn Ogirenko) Opinión

De lo contrario, nos podemos llevar muchas desilusiones cuando los cambios en lo material no produzcan un repentino retorno a niveles de natalidad semejantes a los de los años setenta o la gente no migre en masa al campo. Es un peligro adicional porque al final 'campo', 'España vaciada' o 'familia' son conceptos que generan un gran consenso y con los que todo el mundo simpatiza, por lo que es fácil que se conviertan en comodines en campaña electoral. Como me contaba recientemente un amigo que ha estado en primera fila en el tema rural, es muy fácil prometer mucho en cuestión de repoblación y políticas familiares, que luego no pase nada, encogerse de hombros y decir 'lo hemos intentado'.

Esto lo sabía muy bien Antonio Alcántara cuando le tuvo que dedicar las últimas palabras a su heredero familiar. Nosequé de familia, algo de un ramo de uvas, otra cosa de algo tan español como el vino, para en realidad morirse como Michael Corleone al final de ‘El padrino III’, pero acompañado, que para eso ‘Cuéntame’ es una serie familiar. Antonio Alcántara lo sabe muy bien: si no sabes qué decir, habla de la familia. Eso siempre funciona.

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